V. I. LENINQUIENES SON LOS
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Preparado © por la Internet a David J. Romagnolo, djr@marx2mao.org (Juno de 1999) | |
NOTA DEL EDITOR
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(RESPUESTA A LOS ARTICULOS DE RUSSKOIE BOGATSTVO
CONTRA LOS MARXISTAS)
[ parte III ]
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    Para concluir trabemos conocimiento con otro "amigo del pueblo", el señor Krivenko, quien también interviene en la guerra abierta contra los socialdemócratas.
    Sin embargo, no analizaremos sus artículos (Los francotiradores de la cultura, en el núm. 12 de 1893, y Cartas desde el camino, en el núm. 1 de 1894) como lo hicimos con los de los señores Mijailovski y Iuzhakov. El examen íntegro de los artículos de estos últimos era completamente necesario para tener una idea clara, en el primer caso, del contenido de sus objeciones contra el materialismo y el marxismo en general, y en el segundo, de sus teorías político-económicas. Ahora, para formarse una idea cabal de los "amigos del pueblo", tenemos que conocer su táctica, sus proposiciones prácticas, su programa político. Este programa no ha sido expuesto por ellos en ninguna parte, de manera directa, con la misma coherencia y plenitud que sus concepciones teóricas. Por eso me veo obligado a extraerlo de diferentes artículos de una revista, cuyos colaboradores son lo bastante solidarios como para no contradecirse entre sí. Me atendré a los artículos del señor Krivenko arriba citados con preferencia a otros, porque facilitan una mayor cantidad de material, y porque su autor es tan típicamente el hombre práctico y político de la revista como el señor Mijailovski el sociólogo y el señor Iuzhakov el economista.
    Sin embargo, antes de pasar al examen de su programa, es absolutamente necesario detenerse todavía en un punto teórico. Antes vimos cómo el señor Iuzhakov sale del paso con frases hueras acerca del arriendo de tierras por el pueblo,
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que sirve de apoyo a la economía popular, etc., cubriendo con ellas su incomprensión de la economía de nuestros campesinos. No se ocupa de las industrias artesanales, y se limita a datos sobre el crecimiento de la gran industria fabril. Ahora el señor Krivenko repite frases muy similares sobre la artesanía de los kustares. 0pone de manera directa "nuestra industria popular", es decir, la industria de los kustares, a la industria capitalista (núm. 12, págs. 180-181). "La producción popular [sic!] -- dice -- surge en la mayoría de los casos de un modo natural", y la industria capitalista "se crea generalmente de un modo artificial". En otro lugar opone la "pequeña industria popular" a la "gran industria, a la industria capitalista". Si alguien se pregunta en qué consiste la particularidad de la primera, sólo se enterará de que es "pequeña"* y que los instrumentos de trabajo van unidos al productor (tomo esta última definición del antes citado artículo del señor Mijailovski). Pero esto no determina aún, ni mucho menos, su organización económica, y además es completamente falso. El señor Krivenko dice, por ejemplo, que "la pequeña industria popular da todavía hoy una suma mucho mayor de producción global y ocupa mayor número de brazos que la gran industria capitalista" El autor tiene en cuenta, evidentemente, los datos sobre el número de kustares, que llega a 4 millones, y según otro cálculo a 7 millones. ¿Pero quién no sabe que la forma predominante de la economía de nuestras industrias de kustares es el sistema de gran producción basado en el trabajo a domicilio, que la masa de kustares ocupa en la producción una situación en manera alguna inde-
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pendiente, sino completamente dependiente, subordinada; que trabaja, no con su propio material, sino con el del mercader, quien sólo paga al kustar un salario? Los datos sobre el predominio de esta forma han aparecido hasta en las publicaciones legales. Me refiero, por ejemplo, al excelente trabajo del conocido estadístico S. Jarizoménov en el Iuridíscheski Viéstnik [32] (año 1883, núms. 11 y 12). Resumiendo los datos publicados acerca de nuestras industrias de kustares radicadas en las provincias centrales, en las que están más desarrolladas, Jarizoménov llega a la conclusión del indiscutible predominio del sistema de gran producción basado en el trabajo a domicilio, es decir, de la forma indudablemente capitalista de industria. "Al determinar el papel económico de la pequeña industria independiente -- dice --, llegamos a estas conclusiones: en la provincia de Moscú, el 86,5 por ciento del giro anual de las industrias de los kustares lo da el sistema de gran producción basado en el trabajo a domicilio, y sólo el 13,5 por ciento pertenece a la pequeña industria independiente. En los distritos de Alexándrov y Pokrov, de la provincia de Vladímir, el 96 por ciento de la actividad anual de las industrias de kustares recae sobre el sistema de gran producción de manufactura basado en el trabajo a domicilio y sólo el 4 por ciento lo da la pequeña industria independiente."
   
Por cuanto se sabe, nadie ha intentado refutar estos datos, y no es posible refutarlos. ¿Pues cómo se puede pasar por alto y silenciar estos hechos, llamar "popular" a esta industria en oposición a la industria capitalista, y hablar de la posibilidad de que llegue a convertirse en una verdadera industria?
   
Sólo puede haber una explicación para este manifiesto desconocimiento de los hechos: la tendencia general de los "amigos del pueblo", como de todos los liberales de Rusia, a diluir el antagonismo de clases, y la explotación del trabajador en
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Rusia, y a presentar todo esto sólo en forma de simples "defectos". Y puede ser, también, que la causa resida por añadidura en un conocimiento tan profundo de la materia como el que manifiesta, por ejemplo, el señor Krivenko al llamar a la "producción cuchillera de Pavlovsk" "producción de carácter semiartesanal". ¡Es asombroso el grado de tergiversación a que llegan los "amigos del pueblo"! ¿Cómo se puede aqui hablar de carácter artesanal, cuando los cuchilleros de Pavlovsk trabajan para el mercado y no por encargo? ¿Acaso considera el señor Krivenko como artesanía un sistema según el cual un comerciante encarga artículos al kustar para enviarlos a la feria de Nizhni-Nóvgorod? Esto es demasiado ridículo, pero por lo visto así es. En realidad, la producción de cuchillos es (en comparación con las otras producciones de Pavlovsk) la que menos ha conservado la forma de pequeña industria de los kustares con la (aparente) independencia de los productores: "La producción de cuchillos de mesa y de trabajo* -- dice N. Annenski -- se acerca ya en grado considerable a la fabril, o mejor dicho a la manufactura."[33] De los 396 kustares ocupados en la producción de cuchillos de mesa en la provincia de Nizhni-Nóvgorod, sólo 62 (el 16 por ciento) trabajan para el mercado, 273 (el 69 por ciento) para un patrono** y 61 (el 15 por ciento) como obreros asalariados. Por consiguiente, sólo 1/6 de los kustares no está sometido directamente a un empresario. Por lo que se refiere a otra rama de la producción de cuchillos, la de navajas (cortaplumas), según palabras del mismo autor, "ocupa un lugar intermedio entre
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Ios cuchillos de mesa y la cerrajeria: la mayor parte de los kustares en esta rama trabajan para un patrono, pero al lado de ellos hay todavía bastantes kustares independientes que trabajan para el mercado".
   
En total, en la provincia de Nizhni-Nóvgorod, hay 2.552 kustares que producen este tipo de cuchillos, de los cuales el 48 por ciento (1.236) trabajan para el mercado, el 42 por ciento (1.058) para un patrono, y como obreros asalariados el lo por ciento (258). Por consiguiente, también aquí los kustares independientes (?) constituyen una minoría. Y sólo en apariencia son independientes, naturalmente, los que trabajan para el mercado, pues en realidad no están menos sometidos por el capital de los mayoristas. Si tomamos los datos acerca de las industrias artesanales de todo el distrito de Gorbátov, provincia de Nizhni-Nóvgorod, donde están ocupados en dichas industrias 21.983 trabajadores, es decir, el 84,5 por ciento de todos los trabajadores existentes *, tendremos lo siguiente (en cuanto a la organización económica de las industrias artesanales, sólo poseemos datos exactos referentes a 0.808 trabajadores ocupados en las siguientes industrias: de metales, del cuero, talabartería, fieltro y tejidos de cáñamo): el 35,6 por ciento de los kustares trabajan para el mercado, el 46,7 para un patrono y el 17,7 por ciento son asalariados. Así, pues, también aquí vemos el predominio del sistema de gran producción basado en el trabajo a domicilio, el predominio de relaciones en las cuales el trabajo está esclavizado por el capital.
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Si los "amigos del pueblo" eluden con tanta libertad semejantes hechos, ello ocurre, además, porque su comprensión del capitalismo no ha pasado de las ideas corrientes y vulgares -- capitalista = empresario rico e instruido, que explota un gran establecimiento mecanizado -- y no quieren conocer el contenido científico de este concepto. En el capítulo anterior vimos cómo el señor Iuzhakov hace partir directamente el capitalismo de la industria mecanizada, pasando por alto la cooperación simple y la manufactura. Este es un error muy difundido, que conduce entre otras cosas a desconocer la organización capitalista de nuestras industrias de kustares.
   
Por supuesto, el sistema de gran producción basado en el trabajo a domicilio es una forma capitalista de industria; tenemos aquí todos sus rasgos: economía mercantil en un alto grado de desarrollo, concentración de los medios de producción en manos de determinados individuos, expropiación de la masa de obreros, que no poseen sus propios medios de producción y, por lo mismo, trabajan con los medios de producción de otros, y no para sí, sino para el capitalista. Evidentemente, por su organización, la industria artesanal es capitalismo puro; se diferencia de la gran industria mecanizada en que técnicamente está atrasada (lo que se explica ante todo por el nivel escandalosamente bajo de los salarios) y en que los trabajadores conservan minúsculas haciendas. Esta última circunstancia confunde particularmente a los "amigos del pueblo", acostumbrados a pensar, como corresponde a verdaderos metafísicos, con contradicciones directas y desnudas: "sí, es sí; no, es no y lo demás, es cosa del diablo".
   
Si los obreros no poseen tierra, eso es capitalismo; sí la poseen no es capitalismo; y ellos se limitan a esta filosofía tranquilizadora, perdiendo de vista toda la organización social de la economía, olvidando el hecho tan conocido de que la
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posesión de tierra no elimina ni un ápice la miseria espantosa de estos propietarios de tierra, sometidos a la más desvergonzada rapiña por parte de otros propietarios de tierras, "campesinos" como ellos.
   
Por lo visto, tampoco saben que el capitalismo no estaba en condiciones en parte alguna -- ya que se hallaba comparativamente en un bajo nivel de desarrollo -- de separar por completo al obrero de la tierra. En relación con Europa occidental, Marx estableció la ley de que sólo la gran industria mecanizada expropia definitivamente al obrero. Se comprende, por eso, que el argumento corriente de que no existe capitalismo en nuestro país, puesto que "el pueblo posee tierra", carece de todo sentido, porque el capitalismo de la cooperación simple y de la manufactura nunca y en parte alguna estuvo vinculado al completo desarraigo del trabajador respecto de la tierra, sin dejar por eso, naturalmente, de ser capitalismo.
   
Por lo que se refiere a la gran industria mecanizada en Rusia -- y esta forma es adquirida con rapidez por las ramas más grandes e importantes de nuestra industria --, pese a todos los rasgos específicos de nuestro país, tiene la misma propiedad que en el resto del Occidente capitalista, es decir, no tolera ya en absoluto que el obrero conserve ligazón con la tierra. Este hecho lo demostró, por lo demás, Deméntiev[34] con datos estadísticos precisos, de los cuales (independientemente por completo de Marx) extrajo la conclusión de que la producción mecanizada va ligada indisolublemente al completo desarraigo del trabajador de la tierra. Esta investigación demostró una vez más que Rusia es un país capitalista, que en él los lazos del trabajador con la tierra son tan débiles e ilusorios, y el poderío del propietario (dueño del dinero, mayorista, campesino rico, manufacturero, etc.) tan firme ya,
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que basta con que la técnica dé un paso más para que el; "campesino" (??que vive desde hace mucho tiempo de la venta de su fuerza de trabajo) se convierta en obrero puro[*]. La incomprensión de los "amigos del pueblo" en lo referente a la organización económica de las industrias de los kustares no se limita, ni mucho menos, sin embargo, a esto. El concepto que tienen inclusive de industrias en las que no se trabaja "para un patrono", es tan superficiaI como su concepto del agricultor (cosa que ya vimos más arriba). Esto, por lo demás, es completamente natural cuando se ponen a juzgar y sentenciar acerca de cuestiones político-económicas señores que, por lo visto, sólo saben que existe en el mundo algo llamado medios de producción que "pueden" ir unidos al trabajador, y eso está muy bien, pero que también "pueden" estar separados de él, y eso está muy mal. Así no se llega muy lejos.
   
Hablando de las industrias artesanales que se convierten en capitalistas y de las que no sufren ese proceso (en las que "puede existir libremente la producción en pequeña escala"), el señor Krivenko señala, entre otras cosas, que en algunas ramas "los gastos fundamentales de producción" son muy insignificantes, por lo que es posible en ellas la pequeña producción. Como ejemplo presenta la industria ladrillera, en la que el costo de producción puede ser, según él, 15 veces menor que el giro anual de las fábricas.
   
Como ésta es, puede decirse, la única indicación documentada del autor (éste es, lo repito, el rasgo más característico de la sociología subjetiva: el temor a caracterizar y analizar directa y exactamente la realidad, y remontarse con preferen-
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cia a la región de los "ideales" . . . de la pequeña burguesía), la tomaremos para demostrar hasta qué punto son falsas las ideas de los "amigos del pueblo" sobre la realidad.
   
Tenemos una descripción de la industria ladrillera (fabricación de ladrillos de arcilla blanca) en la estadistica económica del zemstvo de Moscú (Recopilación, t. VII, fasc. I, parte 2, etc.). Dicha industria está concentrada principalmente en tres subdistritos del distrito de Bogorodsk, donde hay 233 establecimientos con 1.402 obreros (567 obreros familiares[*] = 41 por ciento; 835 contratados = 59 por ciento), y con una producción anual de 357.000 rublos. La industria surgió hace mucho tiempo, pero se desarrolló en especial en los últimos 15 años, gracias a la construcción de un ferrocarril, que facilitó considerablemente la venta en el mercado. Antes de existir el ferrocarril, predominaba la forma de producción familiar, que ahora cede el puesto a la explotación del trabajo asalariado. Esta industria tampoco se halla libre de la dependencia de los pequeños industriales con respecto a los grandes en cuanto a la venta en el mercado: como consecuencia de la "escasez de medios pecuniarios", los primeros venden a los últimos el ladrillo en la localidad (a veces en "bruto", no cocido) a precios terriblemente reducidos.
   
Sin embargo, tenemos la posibilidad de conocer también la organización de la industria, no sólo por esta dependencia, sino además por el censo de kustares adjunto al estudio, donde aparecen indicados el número de obreros y la suma de la producción anual de cada establecimiento.
   
Para averiguar si es aplicable a esta pequeña industria la ley según la cual la economía mercantil es una economía ca-
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pitalista, es decir, se trasforma inevitablemente en tal al llegar a determinado grado de desarrollo, debemos comparar el tamaño de los establecimientos: la cuestión consiste precisamente en la relación entre los pequeños y grandes establecimientos según su papel en la producción y según la explotación del trabajo asalariado. Tomando como base el número de obreros, dividiremos los establecimientos de los kustares en tres grupos: I) los establecimientos que tienen de 1 a 5 obreros (se incluyen los familiares y los contratados); II) establecimientos que emplean de 6 a 10 obreros y III) establecimientos con más de 10 obreros.
   
Examinadas las proporciones de los establecimientos, el personal obrero y la suma de producción en cada grupo, obtenemos los siguientes datos: [Véase el cuadro en la pág. 111 (N. de la Red.)]
   
Obsérvese este cuadro y se advertirá la organización burguesa o, lo que es lo mismo, la organización capitalista de la industria: a medida que los establecimientos se hacen mayores se eleva la productividad del trabajo* (el grupo medio representa una excepción), al intensificarse la explotación del trabajo asalariado**, aumenta la concentración de la producción***.
   
El tercer grupo, que basa casi por entero su economía en el trabajo asalariado, tiene en sus manos -- con un 10 por ciento.
   
* La más importante de todas produce por valor de 900.000 rublos, mientras la suma total de artículos de Pavlovsk es de 2.750.000 rublos.
   
** Es decir, para el comerciante que proporciona material al kustar le abona por el trabajo un salario corriente.
   
* Los economistas excepcionalistas rusos, que miden el capitalismo ruso por el número de obreros fabriles [sic!], incluyen sin reparo a estos trabajadores y a infinidad de otros semejantes, en la población ocupada en la agricultura y que sufre, no del yugo del capital sino de presiones artificiales ejercidas sobre el "régimen popular" (??!!).
   
* El sistems de gran producción basado en el trabajo a domicilio no sólo es un sistema capitalista, sino, además, el peor, ya que en él la explotación más intensa del trabajador se combina con la menor posibilidad, para los obreros, de librar la lucha por su emancipación.
   
* Por obreros "familiares". en oposición a los contratados, se entiende los trabajadores miembros de la familia de los patronos.
   
* Un obrero produce al año, en el grupo I, 251 rublos; en el II, 249; en el III, 260.
   
** La proporcion de establecimientos que emplean trabajo asalariado en el grupo I es del 25 por ciento, en el II del 90 y en el III del 100 por ciento; la proporción de obreros asalariados es del 19 por ciento, del 58 y del 91 por ciento respectivamente.
   
*** En el grupo I al 72 por ciento de establecimientos corresponde el 34 por ciento de la producción; en el II, al 18, el 22, y en el III, al 10, por ciento, el 44.
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Grupos de
Prom- en %
Pro- Distribución Cifras absolutas
Esta-
Obre-
Esta- Obre-
Pro- Número de Número de Produc- I.
Que tienen II.
Que tienen III.
Que tienen Total . . . .
6 45 59 254 100 100 100 233/105 1.402/835 357.000 pág. 112
del número total de establecimientos -- el 44 por ciento de la suma global de producción.
   
Esta concentración de los medios de producción en manos de la minoría, concentración ligada a la expropiación de la mayoría (los obreros asalariados), explica precisamente tanto la dependencia de los pequeños productores respecto de los mayoristas (los grandes industriales son en realidad mayoristas), como la opresión del trabajo en esta industria. Vemos, por consiguiente, que la causa de la expropiación del trabajador y de su explotación reside en las propias relaciones de producción.
   
Los socialistas populistas rusos, como es sabido, se atenían a la opinión contraria, y veían la causa de la opresión del trabajo en las industrias de los kustares, no en las relaciones de producción (a las que se consideraba edificadas sobre un principio tal que excluye la explotación), sino fuera de ellas, en la política, precisamente en la política agraria, tributaria, etc. Cabe preguntar: ¿en qué se basaba y se basa la persistencia de esta opinión, que ahora casi ha adquirido ya la solidez de un prejuicio? ¿No será en el hecho de que predominaba otra idea acerca de las relaciones de producción en las industrias de los kustares? Nada de eso. Esa opinion persiste sólo gracias a la ausencia de todo intento de caracterizar exacta y definidamente los datos, las formas verdaderas de la organización económica ; persiste sólo gracias a que no se especifican las relaciones de producción y no se las somete a un análisis particular. En una palabra, persiste sólo porque no se comprende el único método científico de las ciencias sociales, a saber, el método materialista. Ahora se comprenderá, también, el giro de los razonamientos de nuestros viejos socialistas. En cuanto a las industrias de los kustares, atribuyen la causa de la explotación a fenómenos que se encuentran
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fuera de las relaciones de producción; en cuanto al gran capitalismo, al capitalismo fabril, no podían dejar de ver que allí la causa de la explotación reside precisamente en las relaciones de producción. El resultado era una contradicción inconciliable, una incongruencia, resultaba incomprensible de dónde había podido brotar este gran capitalismo, cuando en las relaciones de producción (¡que además no eran analiza das!) de las industrias de kustares no había nada que fuera de naturaleza capitalista. La conclusión surge naturalmente: como no entienden los vínculos que unen la industria de los kustares y la industria capitalista, oponen la primera a la última como la "popular" a la "artificial". Aparece la idea de la contradicción entre el capitalismo y nuestro "régimen popular", idea que ha adquirido una difusión muy amplia y que hace poco todavía le era brindada al público ruso por el señor Nik.-on en una edición corregida y aumentada. Esta idea persiste sólo por inercia, a pesar de toda su monumental falta de lógica: se juzga el capitalismo fabril por lo que éste es en realidad, y la industria de los kustares por lo que ésta "puede ser"; se juzga al primero, por el análisis de las relaciones de producción, y a la segunda, sin intentar examinar por separado las relaciones de producción y llevando directamente el asunto a la esfera de la política. Bastará hacer el análisis de estas relaciones de producción y veremos que el "régimen popular" representa esas mismas relaciones de producción capitalistas, aunque en estado no desarrollado, embrionario; veremos que si se renuncia al ingenuo prejuicio de considerar a todos los kustares iguales entre sí y se expresa con exactitud las diferencias que hay en su seno, resultará que la diferencia entre el "capitalista" de la fábrica y el "kustar" es a veces menor que la que existe entre un "kustar" y otro; veremos que el capitalismo representa, no la antítesis del
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"régimen popular ", sino su continuación directa, más próxima e inmediata, y su desarrollo.
   
Puede ser, por lo demás, que no se encuentre apropiado este ejemplo. Se dirá que en el caso dado es demasiado grande[*] el porcentaje de obreros asalariados. Pero el caso es que aquí son importantes, no las cifras absolutas, ni mucho menos, sino las relaciones que se manifiestan en ellas, relaciones que por su esencia son burguesas y que no dejan de ser tales, ya sea que su carácter burgués se exprese con fuerza o con debilidad.
   
Si se quiere, tomaré otro ejemplo -- intencionadamente, con un débil carácter burgués -- ; tomaré (del libro del señor Isáiev sobre las industrias artesanales de la provincia de Moscú) la alfarería, "una industria puramente doméstica", según las palabras del señor profesor. Esta industria, por supuesto, puede servir de prototipo de las pequeñas industrias campesinas: su técnica es la más simple, sus instrumentos los más insignificantes, y produce utensilios de uso universal y necesario. Pues bien, gracias al censo de alfareros que muestra las mismas peculiaridades que el ejemplo precedente, tenemos la posibilidad de estudiar también la organización económica de esta industria artesanal, sin duda completamente típica para la enorme cantidad de pequeñas industrias "populares" rusas. Dividimos a los kustares en grupos: I) los que tienen de 1 a 3 obreros (se incluyen los familiares y los contratados); II) los que tienen de 4 a 5 obreros; III) los que tienen más de 5 obreros, y hacemos el mismo cálculo:
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Grupos de
Prom- porcentaje
Pro-
Distribución Cifras absolutas
Esta-
Obre-
Esta- Obre-
Total Número de Número de
Total I.
Que tienen II.
Que tienen III.
Que tienen Total . . . .
3,7 49 33 497 100 100 100 121/60 452/149 224.800 pág. 116
   
Es evidente que también en esta pequeña industria -- y ejemplos tales podríamos aducir cuantos se quisieran -- las relaciones son burguesas: vemos la misma diferenciación que surge de la economía mercantil, y además es una diferenciación específicamente capitalista, que lleva a la explotación del trabajo asalariado, explotación que desempeña ya el papel principal en el grupo superior, el cual ha concentrado, con 1/8 de todos los establecimientos y con un 30 por ciento de los obreros, casi 1/3 de toda la producción, con una productividad del trabajo considerablemente superior en comparación con la productividad media. Estas relaciones de producción, ya por sí solas, explican la aparición y el poder de los mayaristas. Vemos cómo en manos de una minoría que posee los establecimientos más importantes y más rentables, y que recibe del trabajo ajeno un ingreso "neto" (en el grupo superior de alfareros, a un establecimiento corresponden 5,5 obreros asalariados) se acumulan "ahorros", mientras que la mayoría se arruina, e inclusive los pequeños patronos (sin hablar ya de los obreros asalariados) no tienen lo indispensable para vivir. Lógica e inevitablemente, los últimos serán avasallados por los primeros, y lo serán de un modo inevitable, como consecuencia precisamente del carácter capitalista de las relaciones de producción existentes. Estas relaciones consisten en que el producto del trabajo social, organizado por la economia mercantil, pasa a manos de particulares y en ellas sirve de instrumento de opresión y esclavización del trabajador, sirve de medio de enriquecimiento personal a expensas de la explotación de la masa. Y no se piense que esta explotación, esta opresión, se expresan más débilmente porque el carácter capitalista de las relaciones está todavía débilmente desarrollado y porque es insignificante la acumulación de capital que acompaña a la ruina de los productores. Todo lo contrario.
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Esto conduce únicamente a formas de explotación más brutales, propias del régimen de servidumbre; conduce a que el capital, como no está todavía en condiciones de subordinar directamente al obrero con la simple compra de su fuerza de trabajo por el valor de ésta, enreda al trabajador en toda una red de exacciones usurarias, lo sujeta a su dominio con procedimientos de kulak, y como resultado lo despoja, no sólo de la plusvalía, sino también de una enorme parte del salario, y además lo desmoraliza privándolo de la posibilidad de cambiar de "patrono", lo ultraja obligándolo a considerar como un favor el hecho de que le "da" (sic!) trabajo. Se comprende que ni un solo obrero consentiría jamás en cambiar su situación por la del kustar "independiente" ruso en la industria "auténtica", "popular". Se comprende también que todas las medidas preferidas por los radicales rusos, o no tocan en absoluto la explotación del trabajador y su esclavización por el capital, resultando ser experimentos aislados (arteles), o empeoran la situación de los trabajadores (inalienabilidad del nadiel*) o, finalmente, depuran, desarrollan y consolidan dichas relaciones capitalistas (mejoramiento de la técnica, el crédito, etc.).
   
Por lo demás, los "amigos del pueblo" nunca podrán concebir que en la pequeña industria campesina, con toda su miseria, con las proporciones relativamente insignificantes de los establecimientos y con la bajísima productividad del trabajo, con la técnica primitiva v el pequeño número de obreros asalariados, haya capitalismo. Ellos no están en modo alguno en condiciones de concebir que el capital es una relación determinada entre los hombres, que sigue siendo tal con un grado mayor o menor de desarrollo de las categorías
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comparadas. Los economistas burgueses nunca han podido comprender esto: siempre impugnaron esta definición del capital. Recuerdo que en Rússkaia Misl uno de ellos, hablando del libro de Zíber (sobre la teoría de Marx), reprodujo esta definición (del capital como relación), puso signos de exclamación y se indignó profundamente.
   
Este es el rasgo más característico de los filósofos burgueses: tomar las categorías del régimen burgués como eternas y naturales. Por eso, también para el capital emplean tales definiciones, por ejemplo, la de que es trabajo acumulado, que sirve para la producción posterior. Es decir, lo definen como una categoría eterna para la sociedad y escamotean de este modo la formación económica especial, históricamente determinada, en la que este "trabajo acumulado", organiza do por la economía mercantil, cae en manos de quien no ha trabajado y sirve para la explotación del trabajo ajeno. Por eso vemos en ellos, en lugar de un análisis y estudio de determinado sistema de relaciones de producción, una serie de trivialidades aplicables a todos los regímenes, mezcladas con dulzonerías sentimentales de moral pequeñoburguesa.
   
Ahora veamos por qué los "amigos del pueblo" llaman "popular" a esta industria, por qué la oponen a la industria capitalista. Sólo porque estos señores son ideólogos de la pequeña burguesía y no están en condiciones de hacerse siquiera a la idea de que estos pequeños productores viven y actúan bajo el sistema de la economía mercantil (razón por la cual yo los llamo pequeños burgueses), y que sus relaciones para con el mercado los escinden necesaria e inevitablemente en burguesía y proletariado. Si intentaran estudiar la organización real de nuestras pequeñas industrias "populares", en lugar de hacer frases sobre lo que "puede" salir de ellas, entonces veríamos si lograrían encontrar en Rusia una rama, por
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poco desarrollada que fuese, de la industria de kustares que no estuviese organizada de una manera capitalista.
   
Y si no éstán de acuerdo en que los caracteres necesarios y adecuados para este concepto son que una minoría monopoliza los medios de producción, despoja de ellos a la mayoría y explota el trabajo asalariado (hablando en términos generales, la apropiación por individuos particulares del producto del trabajo social organizado por la economía mercantil: he aquí en qué consiste la esencia del capitalismo), entonces tómense la molestia de dar "su" definición del capitalismo y "su" historia.
   
En rigor, la organización de nuestras industrias "populares" de los kustares ofrece una magnífica ilustración para la historia general del desarrollo del capitalismo. Esta organización nos demuestra con claridad su aparición, sus embriones, por ejemplo en forma de cooperación simple (grupo superior en la alfarería); nos demuestra además cómo los "ahorros" acumulados en manos de particulares -- merced a la economía mercantil -- se convierten en capital, monopolizando al principio la venta ("mayoristas" y comerciantes) como consecuencia de que sólo los dueños de estos "ahorros" tienen los fondos necesarios para la venta al por mayor, que les permiten esperar hasta que las mercancías son vendidas en los mercados distantes; cómo luego este capital comercial somete a su dominio a la masa de productores y organiza la manufactura capitalista, el sistema capitalista de gran producción basado en el trabajo a domicilio; cómo, por fin, la ampliación del mercado y el aumento de la competencia conducen a la elevación de la técnica, cómo este capital comercial se convierte en industrial y organiza la gran producción maquinizada. Y cuando este capital, después de fortalecerse y de avasallar a millones de trabajadores y a regiones enteras,
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comienza directamente y con toda desenvoltura a presionar sobre el gobierno, convirtiéndolo en lacayo suyo, ¡entonces nuestros ingeniosos "amigos del pueblo" alzan sus clamores hablando de "implantación del capitalismo", de su "creación artificial"!
   
¡Por cierto que se han dado cuenta un poco tarde!
   
Así, pues, el señor Krivenko, con sus frases sobre la industria popular, auténtica, justa, etc., ha intentado lisa y llanamente ocultar el hecho de que nuestras industrias de kustares no son más que capitalismo en diferentes grados de su desarrollo. Con estos procedimientos nos hemos familiarizado ya bastante al leer al señor Iuzhakov, quien en vez de estudiar la reforma campesina empleó frases vacías sobre la finalidad fundamental del famoso manifiesto, etc., en vez de estudiar el sistema de arrendamiento lo llamó popular, en vez de analizar cómo se forma el mercado interior del capitalismo se dedicó a filosofar sobre su ruina indefectible por falta de mercados, y así por el estilo.
   
Para demostrar hasta qué grado deforman los hechos los señores "amigos del pueblo", me detendré aún en otro ejemplo*. Nuestros filósofos subjetivistas nos obsequian tan raramente con referencias exactas de hechos, que sería injusto pasar por alto una de ellas, una de las más exactas que encontramos en ellos, precisamente la referencia que el señor Krivenko (núm. I de 1894) hace de los presupuestos campesinos de la provincia de Vorónezh. Aquí podemos convencer
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nos con claridad con el ejemplo de los datos por ellos elegidos, quiénes tienen una visión más correcta de la realidad, los radicales y "amigos del pueblo" rusos o los socialdemócratas rusos.
   
El estadístico del zemstvo de Vorónezh, señor Scherbina, da como apéndice de su descripción de la explotación agrícola del distrito de Ostrogozhsk 24 presupuestos de familias campesinas típicas, y los analiza en el texto[*].
   
El señor Krivenko reproduce este análisis, sin ver, o mejor dicho, sin querer ver que los métodos seguidos en él son completamente inadecuados para formarse una idea acerca de la economía de nuestros agricultores. El hecho es que estos 24 presupuestos describen familias completamente diferentes -- prósperas, medias y pobres --, cosa que también señala el propio señor Krivenko (pág. 159), pero éste, como el señor Scherbina, opera simplemente con cifras promedio, que agrupan en un mismo montón muy diferentes tipos de familias y de este modo encubre por completo su diferenciación. Y la diferenciación de nuestro pequeño productor es un hecho general y tan importante (hacia el cual desde hace ya mucho tiempo los socialdemócratas llaman la atención de los socialistas rusos. Ver las obras de Plejánov), que aparece con absoluta clariclad inclusive en un número tan reducido de datos como el que ha elegido el señor Krivenko. Al hablar de la actividad agrícola de los campesinos, en lugar de dividir a éstos en categorías según las dimensiones de sus haciendas y
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el tipo de explotación, los divide, como lo hace el señor Scherbina, en categorías jurídicas de campesinos ex siervos de la gleba en tierras del Estado y de los señores feudales, y dirige toda su atención a la mayor prosperidad de los primeros en comparación con los últimos, y pasa por alto que las diferencias que existen entre los campesinos dentro de una misma categoría son mucho mayores que las diferencias entre las categorías[*]. Para demostrar esto divido los 24 presupuestos en 3 grupos: a) coloco aparte a 6 campesinos acomodados; después b) 11 campesinos medios (números 7-10, 16-22 de Scherbina) y c) 7 pobres (números 11-15, 23-24 de los presupuestos en el cuadro de Scherbina). El señor Krivenko dice por ejemplo, que los gastos en una hacienda de campesinos que fueron siervos en tierras del Estado suman 541,3 rublos, y en una de campesinos que fueron siervos de terratenientes suman 417,7 rublos. Pierde aquí de vista que estos gastos no son ni remotamente iguales para los distintos campesinos de una y la misma categoría: entre los antiguos siervos en tierras del Estado hay por ejemplo, campesinos que gastan 84,7 rublos y otros que gastan diez veces más : 887,4 rublos (aun si dejamos a un lado al colono alemán que gasta 1.456,2 rublos). ¿Qué sentido puede tener un promedio obtenido de la suma de tales magnitudes? Si tomamos la división por categorías hecha por mí, tenemos que entre los campesinos acomodados los gastos por cada hacienda equivalen, tér-
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mino medio, a 855,86 rublos, entre los campesinos medios a 471,61 y entre los campesinos pobres a 223,78 rublos[*].
   
La proporción es, aproximadamente: 4:2:1.
   
Prosigamos. El señor Krivenko, siguiendo a Scherbina, da el monto de los gastos para las necesidades personales en las diferentes categorías jurídicas de campesinos: entre los antiguos siervos en tierras del Estado, por ejemplo, los gastos en alimentación vegetal suman al año 13,4 rublos por persona, y entre los antiguos siervos de terratenientes, 12,2. En tanto que según las categorías económicas las cifras dan: a) 17,7; b) 14,5 y c) 13,1. Los gastos por consumo de carne y leche suman -- entre los antiguos siervos de terratenientes -- 5,2 rublos per capita, y entre los antiguos siervos en tierras del Estado, 7,7 rublos. Según las categorías: 11,7; 5,8; 3,6. Es evidente que el cálculo por categorías jurídicas sólo encubre las enormes diferencias existentes, y nada más. Es evidente, por eso mismo, que no sirve para nada. Los ingresos de los campesinos antiguos siervos en tierras del Estado son superiores a los de los antiguos siervos de terratenientes en un 53,7 por ciento -- dice el señor Krivenko --: promedio general, 539 rublos (de 24 presupuestos), y para las dos categorías más de 600 rublos y cerca de 400 rublos respectivamente. Pero si se los clasifica según su situación económica los ingresos son: a) 1.053,2 rublos; b) 473,8 rublos; c) 202,4 rublos; es decir, las oscilaciones son, no de 3:2, sino de 10:2.
   
"El valor de los bienes de las haciendas de los campesinos antiguos siervos en tierras del Estado es de 1.060 rublos, y el de las haciendas de los antiguos siervos de terratenientes es
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de 635 rublos", dice el señor Krivenko. Y por categorías[*]: a) 1.737,91 rublos; b) 786,42 y c) 363,38 rublos; de nuevo las oscilaciones son, no de 3:2, sino de 10:2. Con su división de los "campesinos" en categorías jurídicas, al autor le resultó imposible formarse una idea acertada en cuanto a la economía de estos "campesinos".
   
Si consideramos las haciendas de los diferentes tipos de campesinos por su grado de prosperidad, veremos que las familias acomodadas tienen, término medio, 1.053,2 rublos de ingresos y 855,86 de gastos, es decir, un ingreso neto de 197,34 rublos. Una familia media tiene 473,8 rublos de ingresos y 471,61 de gastos, es decir, un ingreso neto de 2,19 rublos por hacienda (esto sin considerar aún el crédito y los atrasos en el pago de impuestos); evidentemente, apenas si posee lo justo para vivir: de 11 haciendas 5 tienen déficit. El grupo inferior, de campesinos pobres, administra su hacienda sencillamente con pérdidas: con ingresos de 202,4 rublos, los gastos son de 223,78, es decir, un déficit de 21,38 rublos**. Es evidente que si agrupamos estas haciendas y tomamos el promedio general (ingreso neto de 44,11), desfiguramos por completo la realidad. Dejaremos a un lado en ese caso (como lo hizo el señor Krivenko) el hecho de que los 6 campesinos prósperos que obtienen un ingreso neto emplean peones (8 personas), hecho que revela el tipo de su actividad agrícola
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(están en vías de convertirse en agricultores capitalistas), que les produce un ingreso neto y los libra casi por completo de la necesidad de recurrir a "industrias artesanales". Estos propietarios (todos en conjunto) cubren con ayuda,de esas industrias tan sólo el 6,5 por ciento de su presupuesto (412 rublos de 6.319,5); además, esas industrias son -- según una indicación del señor Scherbina -- tales como el "acarreo" o aun el "comercio de ovejas", es decir, que no sólo no atestiguan dependencia, sino que, por el contrario, presuponen la explotación de otros (precisamente en el último de los casos citados, la acumulación de "ahorros" se convierte en capital comercial). Estos campesinos poseen 4 establecimientos industriales, que les producen 320 rublos (5 por ciento) de ingreso*.
   
Otro es el tipo de economía de los campesinos medios: éstos, como hemos visto, apenas si tienen lo justo para vivir. La agricultura no cubre sus necesidades, y el 19 por ciento de sus ingresos los obtienen de las llamadas industrias artesanales. Por el artículo del señor Scherbina sabemos qué clase de industrias son éstas. Se señalan las de 7 campesinos: sólo 2 de ellos ejercen oficios independientes (sastre, y carbonero), los 5 restantes venden su fuerza de trabajo ("se fue de segador", "trabaja en una destilería", "trabaja como jornalero durante la cosecha", "es pastor", "trabajó en la finca local"). Estos ya son mitad campesinos, mitad obreros. Los empleos auxiliares los hacen descuidar su trabajo agrícola, con lo que arrastran su hacienda definitivamente a la ruina.
   
Por lo que se refiere a los campesinos pobres, realizan la agricultura sencillamente con pérdidas; aumenta todavía más la importancia de las "industrias artesanales" en su presupues-
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to (producen el 24 por ciento de los ingresos), y estas industrias (excepto en el caso de un campesino) se reducen casi por completo a la venta de la fuerza de trabajo. En el caso de dos de ellos predominan esas "industrias" (trabajo de peones, que les proporciona los 2/3 de sus ingresos).
   
De aquí resulta claro que estamos en presencia de pequeños productores en proceso de completa diferenciación, cuyos grupos superiores pasan a la burguesía y los inferiores, al proletariado. Se comprende que si tomamos los promedios generales, no veremos nada de esto y no tendremos idea alguna de la economía del campo.
   
Sólo el hecho de operar con estos promedios ficticios ha permitido al autor semejante procedimiento. Para determinar la ubicación de estas haciendas típicas dentro del tipo general de la explotación agrícola de dicho distrito, el señor Scherbina agrupa a los campesinos según el tamaño de sus nadiel, y resulta que el grado de prosperidad (término medio) de las 24 haciendas escogidas, es superior aproximadamente en 1/3 a la hacienda tipo del distrito. Este cálculo no puede ser aceptado como satisfactorio, tanto porque entre las 24 haciendas se observan enormes diferencias, como porque el agrupamiento según la superficie de sus tierras de nadiel encubre la diferenciación de los campesinos: la tesis del autor, de que "las tierras de nadiel constituyen la causa fundamental de la prosperidad" del campesino, es completamer¡te errónea. Todos saben que la distribución "igualitaria" de la tierra dentro de la comunidad no impide en absoluto a los miembros de ella que carecen de caballos abandc nar la tierra, entregarla en arriendo, irse a otros lugares en busca de trabajo y convertirse en proletarios, y a otros que tienen muchos caballos obtener en arriendo grandes cantidades de tierra y hacerse de una gran hacienda, una hacienda rentable. Si
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tomamos, por ejemplo, nuestros 24 presupuestos, veremos que un campesino rico, que posee 6 desiatinas de tierra de nadiel obtiene ingresos por un total de 758,5 rublos; un campesino medio, con 7,1 desiatinas, 391,5 rublos, y uno pobre, con 6,9 desiatinas, 109,5 rublos. En general, hemos visto que la proporción de los ingresos en los diferentes grupos equivale a 4:2:1, mientras que la proporción de tierra de nadiel es: 22,1:9,2:8,5 = 2,6:1,08:1. Esto es perfectamente comprensible, porque vemos, por ejemplo, que los campesinos acomodados, que poseen término medio 22,I desiatinas de tierra de nadiel por familia, toman aun en arriendo 8,8 desiatinas cada uno, mientras que los campesinos medios, que tienen menos tierra de nadiel (9,2 desiatinas), toman en arriendo menos tierra -- 7,7 desiatinas -- y los campesinos pobres, con menos tierra de nadiel (8,5 desiatinas), toman en arriendo no más de 2,8 desiatinas*. Por eso cuando el señor Krivenko afirma: "Desgraciadamente, los datos aportados por el señor Scherbina no pueden servir de medida exacta del estado general de cosas, no sólo en la provincia, sino inclusive en el distrito", lo único que cabe replicar es que no pueden servir de medida sólo cuando se recurre al falso método de calcular con promedios generales (método al que no debió recurrir el señor Krivenko), pero hablando en general, los datos del señor Scherbina son tan amplios y valiosos, que dan la posibilidad de extraer conclusiones justas, y si el señor Krivenko no ha procedido así, de nada hay que culpar al señor Scherbina.
   
Este último, por ejemplo, en la pág. 197, agrupa a los campesinos, no según la tierra de nadiel, sino según los animales
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de labor, es decir, un agrupamiento de acuerdo con el índice económico y no con el índice jurídico, y esto nos permite afir mar que las relaciones entre las diferentes categorías de las 24 haciendas típicas son completamente idénticas a las rela ciones de los diferentes grupos económicos para todo el distrito.
   
Este agrupamiento es el siguiente[*]: [Véase el cuadro en la pág. 129. (N. de la Red.)]
   
No cabe duda alguna de que los promedios generales de las 24 haciendas típicas están por encima del tipo de economía campesina común al distrito. Pero si en lugar de estos promedios ficticios tomamos las categorías económicas, tendremos posibilidad de establecer una comparación.
   
Vemos que los peones de las haciendas típicas están en condiciones un tanto inferiores a las de los campesinos sin animales de labor, pero se asemejan mucho a ellos. Los campesinos pobres se asemejan mucho a los que tienen un animal de laboreo (si tienen 0,2 menos de ganado: los campesinos pobres tienen 2,8 y los campesinos con un solo caballo 3; en cambio, tienen algo más de tierra, contando toda, la de nadiel y la arrendada: 12,6 desiatinas contra 10,7). Los campesinos medios se encuentran en condiciones apenas superiores a los campesinos con 2 ó 3 animales de laboreo (tienen algo más de ganado y algo menos de tierra), y los campesinos acomodados se asemejan a los que tienen 4 y más bestias de laboreo siendo sus condiciones algo inferiores a las de ellos. Tenemos por lo tanto derecho a extraer la conclusión de que en total en el distrito no menos de 0,1 de los campesinos realizan
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Grupos de Numero Por familia
Fami- Porcentaje de familias Campesi- Por- Cabe- Tierra Con Con Sin
Sin
Que no Sin De Arren- I. Sin animales II. Con 1 animal III. Con 2 ó 3 IV. Con 4 ó más Total . . . . . . .
33.581 100,0 4,4 11,2 2,5 6,7 5,7 10,0 3,0 6,3 11,9 23,4 | campesinos 2,8 8,7 3,9 5,6 < campesinos 8,1 9,2 7,7 8,3 | campesinos 13,5 22,1 8,8 7,8 Total . . . . . . 7,2 12,2 6,6 7,3**
* Se ha excluido del groupo de los campesinos pobres dos peones rural números 14 y 15 de los presu- pág. 130
una explotación agrícola regular y rentable, y no necesitan buscar trabajos auxiliares. (Es importante señalar que estos ingresos se traducen en dinero y, por consiguiente, presuponen una agricultura de carácter mercantil.) La explolación agrícola la realizan, en grado considerable, con la ayuda de trabajadores asalariados: no menos de 1/4 de estas familias tienen peones permanentes, y se desconoce el número de las que además emplean trabajadores temporarios Además, en el distrito más de la mitad de los campesinos son pobres
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(hasta 0,6 no tienen caballo o tienen uno solo, 26% + 31,3% = 57,3%), que trabajan la tierra con pérdidas y, por consiguiente, se arruinan, viéndose sometidos a una expropiación constante e inexorable. Se ven precisados a vender su fuerza de trabajo, y cerca de 1/4 de los campesinos vive ya en mucho mayor proporción del trabajo asalariado que de la agricultura. El resto son campesinos medios, que de una u otra forma trabajan la tierra con déficit constante, tienen que buscar ingresos complementarios y por consiguiente no tienen ningún tipo de estabilidad económica.
pág. 132
   
Me he detenido deliberadamente, con tanto detalle, en estos datos para demostrar hasta qué punto tergiversa la realidad el señor Krivenko. Sin pensarlo mucho, toma promedios generales y opera con ellos: lógicamente, el resultado no es siquiera una ficción, sino una falsedad incuestionable. Hemos visto, por ejemplo, que los ingresos netos (+197,34) de un campesino acomodado (de los presupuestos típicos) cubren los déficit de nueve familias de campesinos pobres (-21,38 x 9 = -192,42), de modo que el 10 por ciento de los campesinos ricos en el distrito no sólo cubrirían los déficits del 57 por ciento de los campesinos pobres, sino que da-
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rían cierto excedente. Y el señor Krivenko, que obtiene del presupuesto promedio de 24 haciendas un excedente de 44,14 rublos (y sin crédito y atrasos, 15,97 rublos), habla sólo por eso de la "declinación" de los campesinos medios y de los que viven en peores condiciones que éstos. Pero en realidad tal vez se pueda hablar de declinación, sólo en relación con el campesino medio[*], pues en lo que se refiere a la masa de campesinos pobres observamos ya una expropiación directa, acompañada además por la concentración de los medios de producción en manos de una minoría que posee haciendas relativamente grandes y sólidas.
   
El desconocimiento de esta última circunstancia ha impedido al autor advertir otro rasgo, muy interesante, de los citados presupuestos: éstos demuestran igualmente que la diferenciación de los campesinos crea el mercado interior. Por una parte, al pasar del grupo superior al inferior aumenta la importancia de los ingresos provenientes de las industrias artesanales (6,5, 18,8, 23,6 por ciento del total del presupuesto entre los campesinos acomodados, medios y pobres respectivamente), es decir, principalmente de la venta de fuerza de trabajo. Por otra parte, al pasar de los grupos inferiores a los superiores aumenta el carácter mercantil (más aún: burgués, como hemos visto) de la agricultura, aumenta la proporción de cereal que va al mercado: ingresos de la agricultura por categorías de todos los campesinos:
a)
3.861,7 ; b)
3.163,8 ; c)
689,9 . El denominador indica 1.774,4 899,9 175,25 pág. 134
la parte monetaria de los ingresos*, que constituye el 45,9, el 28,3, el 25,4 por ciento de la categoría superior a la inferior.
   
Una vez más vemos aquí con toda evidencia cómo los medios de producción, de los cuales son privados los campesinos expropiados, se convierten en capital.
   
Se comprende que el señor Krivenko no podía extraer conclusiones acertadas del material así utilizado, o, por mejor decir, mutilado. Después de describir, de acuerdo con lo que informó un campesino de Nizhni-Nóvgorod, compañero suyo de viaje en el vagón del ferrocarril, el carácter monetario de la economía campesina de aquellos lugares, se ve obligado a llegar a la justa conclusión de que precisamente esa circunstancia, la de la economía mercantil, "prepara" "aptitudes especiales", engendra una preocupación: "segarlo (al heno) lo más barato posible", "venderlo lo más caro posible" (pág. 156)**. Esto sirve de "escuela" "que despierta
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[¡es cierto!] y perfecciona la capacidad comercial". "Se descubren talentos de los que salen los Kolupáiev, Derúnov y otras sanguijuelas[*], y los tontos e ingenuos quedan atrás, se empobrecen, se arruinan y se convierten en peones rurales" (pág. 156).
   
Los datos referentes a una provincia agrícola (la de Vorónezh), que se encuentra en condiciones completamente distintas, conducen a las mismas conclusiones. Se diría que la cosa es bastante clara: aparece ante nosotros con nitidez el sistema de la economía mercantil, como fondo principal de la del país en general y de los "campesinos" "de las comunidades" en particular; aparece también el hecho de que la economía mercantil, y precisamente ella, divide al "pueblo" y a los "campesinos" en proletariado (se arruinan, se convierten en peones rurales) y burguesía (sanguijuelas), es decir, se con vierte en economía capitalista. ¡Pero los "amigos del pueblo" nunca se deciden a mirar la realidad cara a cara y llamar a las cosas por su nómbre (seria demasiado "cruel")! El señor Krivenko razona:
   
"Algunos encuentran este orden de cosas muy natural [habria que añadir: consecuencia muy natural del carácter capitalista de las relaciones de producción. Esa sería entonces una descripción exacta de las opiniones de "algunas personas", y no habría sido posible para él deshacerse de esas opiniones con frases vacías y se habría obligado a tratar el asunto a fondo. Cuando el autor no se planteó como objetivo
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especial la lucha contra esas "algunas personas", él mismo debió reconocer que la economía monetaria es precisamente la "escuela" de la que salen sanguijuelas "de talento" y peones "simplotes"] y ven en él la misión ineludible del capitalismo. [¡Es claro! Considerar que es preciso sostener la lucha precisamente contra esa "escuela" y contra las "sanguijuelas" que mandan en ella junto con sus lacayos administrativos e intelectuales, significa considerar al capitalismo como ineludible. En cambio, dejar intacta la "escuela" capitalista con las sanguijuelas y querer eliminar sus efectos capitalistas con medidas liberales que se quedan a mitad de camino, ¡significa ser un verdadero "amigo del pueblo"!] Nosotros estimamos esto en forma un tanto distinta. Es indudable que el capitalismo desempeña aquí un papel importante, cosa que señalamos más arriba [se trata precisamente de la alusión a la escuela de sanguijuelas y peones]; pero no se puede decir que su papel sea tan universal y decisivo, que en los cambios que se operan en la economía nacional no haya otros factores y que en el futuro no exista otra salida" (pág. 160).
   
¡Obsérvese! En lugar de una caracterización exacta y directa del régimen actual, en lugar de una respuesta precisa a la pregunta de por qué los campesinos se dividen en sanguijuelas y peones, el señor Krivenko sale del paso con frases que nada dicen. "No se puede decir que el papel del capitalismo sea decisivo". Ese es precisamente el problema: el de si se puede decir o no tal cosa.
   
Para defender su opinión, habría debido señalar qué otras causas "deciden" el asunto, qué otra "salida" puede haber además de la que indican los socialdemócratas: la lucha de
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clases del proletariado contra las sanguijuelas[*]. Sin embargo, no se hace indicación alguna. Por lo demás, ¿tal vez el autor toma como una indicación lo que va a renglón seguido? Por divertido que sea, de los "amigos del pueblo" se puede esperar cualquier cosa.
   
"Decaen, como hemos visto, ante todo las haciendas débiles con poca tierra": por ejemplo, con menos de 5 desiatinas de tierra de nadiel. "Pero las haciendas típicas de campesinos que fueron siervos en dominios del Estado, con 15,7 desiatinas de tierra de nadiel, se distinguen por su estabilidad [. . .] Por cierto que para obtener semejante ingreso (en limpio, 80 rublos), toman todavía en arriendo hasta 5 desiatinas, pero esto sólo demuestra cuánto necesitan."
   
¿A qué se reduce, pues, esta "enmienda", que vincula al capitalismo con la famosa "escasez de tierras"? Se reduce a que al que Liene poco se lo priva de ese poco, y los que tienen mucho (15,7 desiatinas cada uno) adquieren todavía más**. ¡¡Esto es una simple paráfrasis de la tesis según la cual unos se arruinan y otros se enriquecen!! Hora es de abandonar esas frases vacias sobre la escasez de tierras, que nada explican (ya que a los campesinos no se les da gratis las tierras de nadiel, sino que se les vende), y sólo describen el proceso, y además con inexactitud, puesto que hay que hablar, no sólo
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de la tierra sino de los medios de producción en general, y no de que los campesinos tienen "pocos" medios de producción, sino de que son despojados de ellos, son expropiados por el capitalismo en ascenso. "No queremos decir de ninguna manera -- afirma como conclusión de su filosófica exposición el señor Krivenko -- que la agricultura debe y puede, en todas las condiciones, seguir siendo 'natural' y estar aislada de la industria de trasformación [¡Otra vez frases! ¿Pero no se ha visto obligado hace un momento a reconocer la existencia actual de la escuela de la economía monetaria, que presupone el intercambio, y, por consiguiente, la separación de la agricultura de la industria de trasformación? ¿Para qué venir de nuevo con ese galimatías de lo posible y lo debido?], sino que sólo decimos que crear una industria artificialmente aislada es algo irracional [es interesante saber si están "aisladas" las industrias de Kimri y Pávlovo y quién, cómo y cuándo las ha "creado artificialmente"] y que el hecho de que el trabajador se vea privado de la tierra y de los instrumentos de producción sucede bajo la influencia, no sólo del capitalismo, sino también de otros factores, que lo han precedido y que contribuyeron a su acción."
   
Aquí, por lo visto, estamos de nuevo ante el profundo pensamiento de que si el trabajador es privado de la tierra, que pasa a manos de las sanguijuelas, ello ocurre porque el primero tiene "poca" tierra y el segundo "mucha".
   
¡Y semejante filosofía acusa a los socialdemócratas de "estrechez" porque ven la causa decisiva en el capitalismo! . . . Me he detenido una vez más con tanto detalle en la diferenciación de los campesinos y los kustares, precisamente porque era necesario aclarar de manera diáfana cómo ven la cuestión los socialdemócratas y cómo la explican. Era necesario demostrar que los mismos hechos que para el sociólogo sub-
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jetivista significan que los campesinos "se han empobrecido" y los "cazadores" y "sanguijuelas" "se han apropiado las ganancias en su beneficio", desde el punto de vista del materialista significan la diferenciación burguesa de los productores de mercancías, que surge inevitablemente de la propia economía mercantil. Era necesario demostrar en qué hechos se basa la tesis (que aparece más arriba, en la primera parte[*]) según la cual la lucha entre los poseedores y los desposeídos se desarrolla en Rusia en todas partes, no sólo en fábricas y talleres, sino también en la aldehuela más recóndita y en to das partes es la lucha de la burguesía y el proletariado, burguesía y proletariado que se forman sobre la base de la economía mercantil. La diferenciación, el proceso por el cual nuestros campesinos y kustares dejan de ser tales, que se puede describir con exactitud gracias a un material tan excelente como la estadística de los zemstvos, aporta la prueba efectiva de la exactitud de la interpretación socialdemócrata de la realidad rusa, según la cual el campesino y el kustar son pequeños productores en el sentido "categórico" de esta palabra, es decir, pequeños burgueses. Esta tesis puede ser considerada el punto central de la teoría del SOCIALISMO OBRERO con relación al viejo socialismo campesino, que no comprendía ni el estado de economía mercantil en que vive este pequeño productor, ni su diferenciación capitalista debida a dicho estado. Por eso, el que quiera criticar con seriedad el socialdemocratismo deberá concentrar su argumentación precisamente en esto, demostrar que Rusia, desde el punto de vista de la economía política, no representa un sistema de economía mercantil, que la diferenciación de los campesinos no se produce sobre esta base, que la expropiación de la masa
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de la población y la explotación del trabajador puede ser explicada por otra razón cualquiera y no por la organización burguesa, capitalista de nuestra economía social (incluida la economía campesina).
   
¡Inténtenlo, señores!
   
Hay, además, otra razón por la cual para ilustrar la teoría socialdemócrata, preferí precisamente los datos de la economía campesina y de los kustares. Me apartaría del método materialista si al criticar los puntos de vista de los "amigos del pueblo", me limitase a comparar sus ideas con las marxistas. Es necesario explicar además las ideas "populistas", demostrar su base MATERIAL en nuestras actuales relaciones económicosociales. Los cuadros estadísticos y los ejemplos de la economía de nuestros campesinos y kustares demuestran qué es este "campesino", del cual los "amigos del pueblo" quieren ser los ideólogos. Esos datos y ejemplos demuestran el carácter burgués de nuestra economía rural y confirman así hasta qué punto es justo clasificar a los "amigos del pueblo" entre los ideólogos de la pequeña burguesía. Más aún: demuestran que entre las ideas y los programas de nuestros radicales y los intereses de la pequeña burguesía existe la ligazón más estrecha. Esta ligazón, que se hará aún más clara después de examinar sus programas en detalle, es la que nos explica la difusión tan amplia que han logrado en nuestra "sociedad" esas ideas radicales; explica también, perfectamente, el servilismo político de los "amigos del pueblo" y su predisposición a la conciliación.
   
Existía, por último, otra razón para que nos detuviéramos con tanto detalle precisamente en aquellos aspectos de la economía de nuestra vida social en los cuales el capitalismo está menos desarrollado y de donde por lo común extraen los populistas el material para sus teorías. Con el estudio y
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la descripción de esos aspectos económicos era más fácil contestar a fondo a una de las objeciones más difundidas contra la socialdemocracia, que circu!an entre nuestro público. A partir de la idea corriente sobre la contradicción entre el capitalismo y el "régimen popular", y viendo que los socialdemócratas consideran el gran capitalismo como un fenómeno progresista, y que quieren precisamente apoyarse en él para la lucha contra el rapaz régimen moderno, nuestros radicales, sin más reflexiones, acusan a los socialdemócratas de desconocer los intereses de las masas de la población campesina, de querer "cocinar a todos los mujiks en la olla de la fábrica", etc.
   
Todos estos razonamientos se basan en el método, tremendamente ilógico y extraño, de juzgar al capitalismo por lo que es en realidad, pero al campo por lo que "podría ser". Se comprende que la mejor respuesta es mostrarles el campo real, su economía real.
   
Todo el que examine imparcial, científicamente esta economía, deberá reconocer que la Rusia rural es un sistema de mercados pequeños y dispersos (o de pequeñas secciones de un mercado central), que rige la vida económicosocial de diferentes y pequeñas zonas. Y en cada una de estas zonas vemos todos los fenómenos que, en general, son propios de la organización económicosocial cuyo regulador es el mercado: la diferenciación de los, productores directos -- otrora iguales, patriarcales -- en ricos y pobres; el surgimiento del capital, especialmente del capital comercial, que envuelve en sus redes al trabajador, chupándole la sangre. Cuando se compara la descripción que nuestros radicales hacen de la economía de los campesinos con datos exactos, de primera fuente, acerca de la vida económica del campo, asombra que el sistema de concepciones que criticamos no mencione la masa de peque-
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ños mercaderes que pululan en cada uno de estos mercados, la masa de todos esos mercachifles y buhoneros, o como los llamen los campesinos en las diferentes localidades, toda esa masa de pequeños explotadores que dominan los mercados y oprimen sin piedad al trabajador. De ordinario se los deja sencillamente a un lado: "éstos -- se dice -- no son ya campesinos, sino mercaderes". Sí, tienen ustedes completa razón: éstos "no son ya campesinos". Pero intenten separar en un grupo especial a todos estos "mercaderes", es decir, hablando con el lenguaje preciso de la economía política, a todos los que explotan una empresa comercial y que, aunque sólo sea en parte, se apropian de trabajo ajeno; traten de expresar con cifras exactas la fuerza económica de este grupo y su papel en toda la economía de la zona; traten después de considerar como un grupo opuesto a todos aquellos que "tampoco son ya campesinos" porque llevan al mercado su fuerza de trabajo, porque trabajan, no para sí, sino para otro, procuren llenar todas estas exigencias elementales de un estudio imparcial y serio, y obtendrán un cuadro tan claro de La diferenciación burguesa, que sólo quedará el recuerdo del mito sobre el "régimen popular". Esta masa de pequeños explotadores rurales es una fuerza temible, en especial porque oprime al trabajador que se encuentra solo y aislado, porque lo amarra a su yugo y lo priva de toda esperanza de liberación; temible porque esta explotación, dada la barbarie de la vida rural, debida a la baja productividad del trabajo, característica del régimen descrito, y a la falta de comunicaciones, representa no sólo robo de trabajo sino además el ultraje asiático de la dignidad humana, que constantemente observamos en el campo. Si se compara esta aldea real con nuestro capitalismo, se comprenderá por qué los socialdemócratas consideran progresista el papel de nuestro capitalismo, cuando éste concentra esos
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pequeños mercados dispersos en un mercado que abarca a toda Rusia, cuando crea en lugar de la infinidad de pequeñas sanguijuelas bien intencionadas, un puñado de grandes "pilares de la patria"; cuando socializa el trabajo y eleva su productividad, cuando rompe esta subordinación del trabajador a los chupasangres locales y lo subordina al gran capital. Esta subordinación es progresista en comparación con aquélla -- a pesar de todos los horrores de la opresión del trabajo, de la agonía lenta, del embrutecimiento, de la mutilación de las mujeres y los niños, etc. -- porque DESPIERTA EL PENSAMIENTO DEL OBRERO, convierte el descontento sordo y vago en protesta conciente, convierte el motín aislado, pequeño, ciego, en una lucha organizada de clases por la liberación de todo el pueblo trabajador, lucha que extrae su fuerza de las propias condiciones de existencia de este gran capitalismo y por ello puede contar indudablemente con un EXITO SEGURO.
   
En respuesta a la acusación de ignorar a las masas campesinas, los socialdemócratas pueden con pleno derecho trascribir las palabras de Carlos Marx:
   
"La crítica ha arrancado de las cadenas las flores imaginarias que las adornaban, no para que la humanidad siga llevando esas cadenas despojadas de toda ilusión y alegría, sino para que arroje las cadenas y se apodere de la flor viva."[38]
   
Los socialdemócratas rusos arrancan de nuestro campo las flores imaginarias que lo adornan, luchan contra las idealizaciones y las fantasías, realizan la labor destructiva por la cual tanto los odian los "amigos del pueblo", y hacen esto, no para que la masa de los campesinos permanezca en el estado de opresión actual, de agonía lenta y esclavización, sino para que el proletariado comprenda cuáles son las cadenas
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que aherrojan por todas partes al trabajador, para que comprenda cómo se forjan estas cadenas y sepa alzarse contra ellas, a fin de arrojarlas y poder alcanzar la verdadera flor.
   
Cuando llevan esta idea a aquellos representantes de la clase trabajadora que por su situacion son los únicos capaces de adquirir conciencia de clase e iniciar la lucha de clases, los acusan del deseo de cocinar al mujik en la olla de la fábrica.
   
¿Y quién acusa?
   
¡Gente que cifra sus esperanzas respecto de la ]iberación del trabajador en el "gobierno" y en la "sociedad", es decir, en los órganos de esa misma burguesía que ha aherrojado por todas partes a los trabajadores!
   
¡Y semejantes gusanos se atreven a habtar de la falta de ideales de los socialdemócratas!
   
Pasemos al programa político de los "amigos del pueblo", de cuyas concepciones teóricas nos parece que ya nos hemos ocupado demasiado. ¿Con qué medidas quieren "apagar el incendio"? ¿Dónde ven ellos la salida, qae, a su decir, ha sido indicada erróneamente por los socialdemócratas?
   
"Reorganización del Banco campesino -- dice el señor Iuzhakov en el artículo El ministerio de Agricultura (núm. 10 de Rússkoie Bogatstvo ) --, fundación de un departamento de colonización, reglamentación del régimen de arrendamiento de las tierras del Estado en interés de la economía del pueblo [. . .] estudio y regularización del problema de los arrendamientos: tal es el programa de restauración de la economía del pueblo y de su preservación contra la violencia [sic!] económica por parte de la naciente plutocracia." Y en el artículo Problemas del desarrollo económico este programa
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de "restauración de la economía del pueblo" se completa con los siguientes "pasos primeros, pero necesarios": "eliminación de los obstáculos de toda clase que actualmente traban la comunidad rural; liberación de ésta del régimen de tutela, paso al laboreo en común de la tierra (socialización de la agricultura) y desarrollo de la elaboración por la comunidad de la materia prima obtenida de la tierra". Y los señores Krivenko y Kárischev añaden: "crédito barato, forma de artel de la explotación agrícola, mercado seguro, posibilidad de prescindir del beneficio de empresario [sobre esto se habla de manera especial más adelante], invención de motores más baratos y de otras mejoras técnicas"; finalmente, "museos, almacenes, agencias de comisionistas".
   
Examínese este programa y se verá que estos señores se ubican plena y enteramente en el terreno de la sociedad moderna (es decir, en el sistema capitalista, sin darse cuenta) y quieren salir del paso con remiendos y zurcidos, sin comprender que todos sus progresos -- crédito barato, mejoras de la técnica, bancos, etc. -- sólo servirán para fortalecer y desarrollar la burguesía.
   
Nik.-on tiene completa razón, por supuesto -- y ésta es una de sus tesis más valiosas, contra la cual no podían dejar de protestar los "amigos del pueblo" --, al decir que de nada sirve ninguna reforma hecha sobre la base del régimen actual, que el crédito y la colonización y las reformas tributarias y el páso de toda la tierra a manos de los campesinos no modificarán nada de modo esencial, sino que, por el contrario, fortalecerán y desarrollarán la economía capitalista, que en la actualidad está constreñida por una "tutela" excesiva, por la supervivencia del régimen de servidumbre, por la sujeción de los campesinos a la tierra, etc. Los economistas que desean
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un extensivo desarrollo del crédito -- dice --, como el príncipe Vasílchikov (por sus ideas un indudable "amigo del pueblo"), quieren lo mismo que los economistas "liberales", es decir, burgueses, "tienden al desarrollo y afianzamiento de las relaciones capitalistas". No comprenden el carácter antagónico de nuestras relaciones de producción (en el "campesinado" lo mismo que en los otros estamentos), y en lugar de procurar que este antagonismo salga a la luz, en lugar de adherir francamente a los que son esclavizados en virtud de este antagonismo y tratar de ayudarlos a alzarse a la lucha, sueñan con frenar la lucha a través de medidas satisfactorias para todos, medidas que se proponen la conciliación y la unificación. Se comprende cuál puede ser el resultado de todas estas medidas: basta recordar los ejemplos de diferenciación arriba citados, para persuadirse de que todos estos créditos*, mejoras, bancos y demás "progresos" sólo podrán ser aprovechados por quien tiene determinados "ahorros" porque tienen una hacienda bien organizada y sólida, es decir, el representante de una insignificante minoría, de la pequeña burguesía. Y por mucho que se reorganice el Banco campesino y otras instituciones semejantes, no se modificará en nada el hecho básico y fundamental de que la masa de la población ha sido y continúa siendo expropiada, sin tener medios ni siquiera para alimentarse, y mucho menos para llevar una hacienda bien organizada.
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Lo mismo hay que decir del "artel", del "laboreo en común de la tierra". El señor Iuzhakov llama a este último "socialización de la agricultura". Por cierto que no deja de ser curioso, porque la socialización requiere la organización de la producción en una escala más amplia que la de una aldehuela cualquiera, y porque para ello es necesario expropiar a las "sanguijuelas" que han monopolizado los medios de producción y dirigen la actual economía social rusa. Y esto requiere lucha, lucha y lucha, y no una mezquina moral filistea.
   
Y por eso semejantes medidas se convierten en sus manos en timoratas semimedidas, de tipo liberal, que sólo subsisten gracias a la generosidad de los burgueses filantrópicos y que, por apartar a los explotados de la lucha, traen mucho más daño que ventaja de ese posible mejoramiento de la situación de unos pocos, mejoramiento que sólo puede ser insignificante e inestable sobre la base general de las relaciones capitalistas. La siguiente afirmación del señor Krivenko muestra hasta qué grado monstruoso llega en estos señores el escamoteo del antagonismo existente en la vida rusa, escamoteo hecho, es claro, con las mejores intenciones para hacer cesar la lucha actual, es decir, con el tipo de intenciones con que está empedrado el camino del infierno:
   
"La intelectualidad dirige las empresas de los fabricantes y puede dirigir la industria popular."
   
Toda su filosofía se reduce a una quejosa cantinela en torno del tema de que hay lucha y explotación, pero "podría" también no haberla, si . . . , si no hubiese explotadores. En efecto, ¿qué ha querido decir el autor con su absurda frase? ¿Se puede acaso negar que las universidades rusas y otros centros de enseñanza dan cada año una "intelectualidad"(??) que busca únicamente quien le dé el pan de cada día? ¿Se puede acaso negar que sólo la minoría burguesa posee en la actua-
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lidad, en Rusia, los medios necesarios para el mantenimiento de esta "intelectualidad"? ¿Puede acaso desaparecer la intelectualidad burguesa en Rusia porque los "amigos del pueblo" digan que "podría" servir a otro dueño que no fuese la burguesía? Sí, "podría", si no fuese una intelectualidad burguesa. ¡"Podría" no ser burguesa "si" no hubiese en Rusia burguesía y capitalismo! ¡Y hay gente que se pasa la vida repitiendo nada más que estos "si"! Por lo demás, estos señores no sólo se niegan a dar una importancia decisiva al capitalismo sino que en general no quieren ver nada malo en él. Si se eliminaran ciertos "defectos", entonces tal vez se acomodarían no tan mal dentro del capitalismo. Véase si no esta declaración del señor Krivenko:
   
"La producción capitalista y la capitalización de las pequeñas industrias artesanales no son en modo alguno puertas a través de las cuales la industria manufacturera puede tan sólo alejarse del pueblo. Naturalmente, puede alejarse de él, pero también puede entrar en la vida popular y acercarse a la agricultura y a la industria extractiva. Para ello son posibles unas cuantas combinaciones, y pueden servir a este fin tanto otras como estas mismas puertas" (161). El señor Krivenko reúne ciertas cualidades muy buenas, en comparación con el señor Mijailovski. Por ejemplo, franqueza y rectitud. Donde el señor Mijailovski habría escrito páginas enteras de frases pulidas y vivaces, dando vueltas alrededor del tema, sin tocarloj el positivo y práctico señor Krivenko no se anda con rodeos, y sin escrúpulos de conciencia vuelca ante el lector todos los absurdos de sus puntos de vista, sin dejar uno. Resulta pues, que "el capitalismo puede entrar en la vida popular". ¡Es decir, el capitalismo es posible sin separar al trabajador de los medios de producción! Ciertamente, esto
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es admirable; ahora, por lo menos, tenemos una idea clarísima de lo que quieren los "amigos del pueblo". Quieren economía mercantil sin capitalismo, capitalismo sin expropiación y sin explotación, con sólo pequeña burguesía que vegete pacíficamente bajo la protección de terratenientes humanitarios y administradores liberales. Y con aire serio de funcionarios de departamento que tienen la intención de colmar de beneficios a Rusia, se ponen a inventar sistemas bajo los cuales los lobos se hartarán y las ovejas permanecerán incólumes. Para hacernos una idea del carácter de estos sistemas debemos remitirnos al artículo de este mismo autor publicado en el núm. 12 (Los francotiradores de la cultura ): "La forma de artel y estatal de industria -- razona el señor Krivenko, imaginándose por lo visto que ya lo "han llamado" "a resolver los problemas económicos prácticos" -- no representa en modo alguno todas las posibilidades que caben en este caso. Es posible, por ejemplo, el siguiente sistema." Y refiere a renglón seguido cómo llegó a la Redacción de Rússkoie Bogatstvo un perito con un proyecto para la explotación técnica de la región del Don por una sociedad anónima de pequeñas acciones (no mayores de 100 rublos). Al autor del proyecto se le propuso modificarlo, más o menos así: "las acciones debían pertenecer, no a particulares, sino a las comunidades rurales; además, la parte de la población que entrase a trabajar en las empresas recibiría el salario corriente y las comunidades rurales le asegurarían la ligazón con la tierra".
   
¡Qué genio administrativo! ¿No es cierto? ¡Con qué conmovedora sencillez y facilidad se introduce el capitalismo en la vida popular y se eliminan todos sus perniciosos atributos! Lo único que hace falta es ordenar las cosas de manera que por intermedio de la comunidad los ricachos rurales
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compren acciones* y obtengan dividendos de la empresa en la que trabajaría "parte de la población" a la cual se le asegura la ligazón con la tierra, una "ligazón" tal, que no ofrece la posibilidad de vivir de esta tierra (si no, ¿quién iría a trabajar por "el salario corriente"?) pero que es suficiente para sujetar al hombre a su localidad, esclavizarlo precisamente en la empresa capitalista local y privarlo de la posibilidad de cambiar de patrono. Hablo de patrono, de capitalista, con pleno derecho, porque quien paga al trabajador el salario no puede ser llamado de otro modo.
   
Es posible que el lector se queje ya de m&iacut
kustares
según el
número de
de obreros
edio de
obre-
ros por
esta-
bleci-
mientos
duc-
ción
anual
por
obrero
en %
bleci-
mien-
tos con
obreros
asala-
riados
ros
asala-
riados
bleci-
mien-
tos
ros
duc-
ción
total
estable-
cimientos
obreros
ción total
(en rublos)
de 1 a 5
obreros . .
de 6 a 10
obreros . .
más de 10
obreros . .
2,8
25
19
251
72
34
34
167/43
476/92
119.500
7,3
90
58
249
18
23
22
43/39
317/186
79.000
26,4
100
91
260
10
43
44
23/23
609/577
158.500
   
* Esto difícilmente será cierto en relación con las industrias artesanales de la provincia de Moscú, pero tal vez es justo por lo que se refiere a las industrias artesanales menos desarrolladas del resto de Rusia.
kustares
según el
número de
de obreros
edio de
obre-
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ros
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pro-
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ción
estable-
cimientos
obreros
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produc-
ción
(en rublos)
de 1 a 3
obreros . .
de 4 a 5
obreros . .
más de 5
obreros . .
2,4
39
19
468
60
38
36
72/28
174/33
81.500
4,3
48
20
498
27
32
32
33/16
144/29
71.800
8,4
100
651
533
13
30
32
16/16
134/87
71.500
   
* Nadiel: parcela en idioma ruso. (N. del T.)
   
* Aunque este ejemplo se refiere a la diferenclación de los campesinos, sobre la que ya se ha hablado mucho, considero necesario analizar sus propios datos, para demostrar patentemente qué vil falsedad es afirmar que los socialdemocratas se interesan, no por la realidad, sino por los "pronósticos del futuro", y qué métodos de charlatanes emplean los "amigos del pueblo" al pasar por alto, en la polémica con nosotros, la esencia de nuestras concepciones y salir del paso con frases absurdas.
   
* Recopilación de datos estadísticos de la provincia de Vorónezh, t. II, parte II. La agricultura en el distrito de Ostrogozshk. Vorónezh. 1857. Los presupuesros van en los apéndices, págs. 42-49. El análisis se hace en el capítulo XVIII: Composición y presupuestos de familias campesinas.
   
* Es indudable que la hacienda de un campesino que vive exclusivamente de la agricultura y emplea a un trabajador, difiere por su tipo de la hacienda de un campesino que se ha contratado de peón y que obtiene los 3/5 de sus ingresos trabajando como peón. Y entre estos 24 campesinos hay de los dos tipos. ¡Juzgue el lector qué clase de "ciencia" resultará si se agrupa a peones y a campesinos que emplean peones y se opera con un promedio general!
   
* Las oscilaciones en la magnitud de una familia media son mucho menores: a) 7,83, b) 8,36, c) 5,28 personas por familia.
   
* Son particuíarmente grandes las diferencias en cuanto a la posesión de aperos; término medio, el valor de los aperos por cada hacienda es de 54,83 rublos. Pero entre los campesinos acomodados es dos veces mayor: 111,80 rublos, y entre los campesinos pobres tres veces menor: 16,04 rublos. Entre los campesinos medios, 48,44 rublos.
   
** Es ínteresante señalar que el presupuesto de los peones rurales -- 2 de los 7 campesinos pobres -- resulta sin déficit: 99 rublos de ingresos y 93,45 de gastos por familia. Uno de los peones recibe del dueño la comida, la ropa y el calzado.
   
* Véase el Apéndice I.
   
* No quiero decir, por supuesto, que los datos de las 24 haciendas basten p o r s í s o l o s para refutar la tesis sobre la importancia cardinal de la tierra de nadiel. Pero más arriba hemos ofrecido datos de varios distritos, que refutan por completo dicha tesis[35].
   
* La comparación de las 24 haciendas típicas con las categorías económicas en todo el distrito fue hecha con los mismos métodos empleados por el señor Scherbina para comparar el promedio de aquéllas con los grupos basados en la superficie de sus tierras de nadiel.
campesinos
según la
cantidad de
animales de
labor
lia
pro-
medio
(per-
sonas)
nos
cen-
taje
zas de
ganado
mayor
(desiatinas)
peo-
nes
estab.
com.
ó
indus.
casa
tra-
baja-
dores
de la
fami-
lia
culti-
van la
tierra
aperos
de lab-
ranza
nadiel
dada
de labor
de labor
animales de
labor
animales de
labor
De las 24
hacaiendas
típicas*
8.728
26,0
0,7
6,2
0,2
4,6
0,6
4,0
9,5
16,6
41,6
98,5
10.510
31,3
3,0
9,4
1,3
5,7
1,4
5,4
1,4
4,9
2,9
2,5
11.191
33,3
6,8
13,8
3,6
7,7
8,3
12,3
0,4
1,3
0,4
--
3.152
9,4
14,3
21,3
12,3
11,2
25,3
34,2
0,1
0,4
0,3
--
/peones
0,5
7,2
0
4,5
| pobres
| medios
\acomodados
puestos de Scherbina), así que sólo quedan 5 campesinos pobres.
** Véanse las págs. 130-132. (n. de la Red.)
   
** A propósito de este cuadro no se puede tampoco dejar de señalar que vemos aquí exactamente lo mismo: un aumento de la cantidad de tierra tomada en arriendo a medida que crece el grado de prosperidad a pesar del aumento de la cantidad de tierra de nadiel. Así, pues, con los datos de otro distrito se confirma la falsedad de la idea acerca de la importancia cardinal de la tierra de nadiel. Por el contrario, vemos que la proporción de tierra de nadiel en el total de tierras en poder de dicho grupo disminuye a medida que aumenta su grado de prosperidad. Si sumamos la tierra de nadiel y la tomada en arriendo, y calculamos el porcentaje que en esta suma corresponde a la tierra de nadiel, obtenemos los siguientes datos por grupos: I) 96,8%; II) 85%; III) 79,3%; IV) 63,3%. Y este fenómeno es completamente comprensible. Sabemos que con la Reforma liberadora la tierra se convirtió en Rusia en una mercancía. Quien tiene dinero, siempre puede comprar tierra: también la tierra de nadiel hay que comprarla. Se comprende que los campesinos acomodados concentren en sus manos la tierra y que esta concentración se exprese con mayor fuerza en las tierras tomadas en arriendo, como consecuencia de las restricciones medievales puestas a la trasferencia de la tierra de nadiel. Los "amigos del púeblo", que estan a favor de estas restricciones, no comprenden que lo único que iace esta absurda medida reaccionaria es empeorar la situación de los campesinos pobres: arruinados, desprovistos de aperos de labranza, los campesinos en todo caso deben entregar en arriendo la tierra, y la prohibición de este arriendo (o venta) llevará, bien a que la entreguen subrepticiamente y, por consiguiente, en peores condiciones para el arrendatario, bien a que devuelvan gratuitamente la tierra a "la comunidad", es decir, a ese mismo kulak. [cont. en pág. 131. -- DJR]
No puedo menos que trascribir aqui el comentario tan profundamente exacto de Gúrvich acerca de esta famosa "inalienabilidad":
"Para orientarnos en este asunto, debemos examinar quién es el com prador de la tierra del campesino. Hemos visto que sólo una infima parte de los lotes de tierra 'chetvertnáia' fue comprada por los comer ciantes. Hablando en general, los pequeños lotes vendidos por los nobles son comprados sólo por los campesinos. Por consiguiente, esto afecta unicamente las relaciones entre los campesinos y no los intereses de la nobleza ni los de la clase capitalista. Es muy posible que en semejantes casos el gobierno ruso tenga a bien arrojar una limosna a los populistas. Esta extraña unión [mésalliance ] de tutela patriarcal oriental [oriental paternalism ] con un monstruoso prohibicionismo socialista de Estado difícilmente dejara de provocar la oposición de aquellos a quienes se quiere favorecer. Como el proceso de diferenciación del campo se opera, evidentemente, en el interior de éste y no fuera de el, !a inalienabilidad de la tierra del campesino será apcnas un sinónimo de la expropiación sin indemnización de los campesinos pobres en beneficio de los miembros ricos de la comunidad.
"Vemos que el porcentaje de emigrantes entre los campesinos chetvertnie [36], que tenían derecho a enajenar su tierra, era mucho más alto que entre los campesinos ex siervos del Estado que practicaban una agricultura comunal: precisamente en el distrito de Ranenburg (provincia de Riazán) la proporción de emigrantes entre los primeros es del 17 por ciento y entre los segundos, del 9 por ciento. En el distrito de Dankov, entre los primeros es del 12 y entre los segundos, del 5 por ciento. ¿A qué se debe esta diferencia? Un ejemplo concreto aclarará esto: [cont. en pág. 132. -- DJR]
'En 1881 una pequeña comunidad de 5 hogares, antiguamente siervos de Grigórov, emigraron de la aldea Biguildino, distrito de Dankov. Vendieron su tierra, 30 desiatinas, a un campesino rico por 1.500 rublos. En su anterior lugar de residencia estos campesinos carecían de medios de subsistencia y la mayoría de ellos trabajaba todo el año como peones' (Recopilación de datos estadísticos, parte II, págs. 115, 247). Según datos del señor Grigóriev (La migraaón campesina de la peovincia de Riazán ), 300 rublos, precio del lote promedio de tierra de un campesino, que medía 6 desiatinas, era lo suficiente para que una familia campesina pudiera empezar a dedicarse a la agricultura en el sur de Siberia. De este modo, un campesino completamente arruinado tendría la posibilidad, vendiendo su lote de tierra comunal, de llegar a ser un agricultor en el nuevo territorio. La veneración de las sagradas costumbres de los antepasados difícilmente podría resistir tal tentación, a no ser por la intervención contraria de la generosísima burocracia.
"Me acusarán, naturalmente, de pesimismo, como me acusaron hace poco por mis puntos de vista sobre la migración de los campesinos (Siéverni Viéstnik, 1892, núm. 5, artículo de Bogdanovski). Por lo común se razona más o menos así: admitamos que la descripción corresponde exactamente a la realidad tal cual es, pero las consecuencias dañinas de las migraciones se deben no obstante a la situación anormal en que viven los campesinos, y en condiciones normales las objeciones (contra las migraciones) 'no tendrían fuerza'. Por desgracia, sin embargo, estas condiciones realmente 'anormales' se desarrollan de modo espontáneo, y la creación de condiciones 'normales' no está al alcance de quienes simpatizan con los campesinos" (ob. cit., pág. 137)[37].
   
* Y esto difícilmente será así, porque la declinacion supone una pérdida temporal y fortuita de estabilidad, mientras que el campesino medio, como vimos, siempre se encuentra en una situación inestable, al borde de la ruina.
   
* Para deducir los ingresos pecuniarios de la agricultura (Scherbina no los da) hubo que recurrir a cálculos bastante complicados. Del ingreso total proveniente de los cereales fue necesario excluir los ingresos por paja y cascarilta, destinadas, según palabras del autor, a forraje. El propio autor los excluye en el capítulo XVIII, pero sólo para las cifras totales del distrito y no para las de las 24 haciendas mencionadas. Con sus cifras totales determiné la proporción de los ingresos provenientes del grano (con relación a todos los ingresos obtenidos de cereales, es decir, del grano y de la paja con la cascarilla) y de este porcentaje excluí en el caso presente la paja y la cascarilla. Esa proporción es de 78,98 por ciento para el centeno, 72,67 para el trigo, 73,32 para la avena y la cebada, y 77,78 por ciento para el mijo y el trigo sarraceno. Luego la cantidad de grano vendido se determinó descontando la cantidad que se consume en la propia hacienda.
   
** "Hay que contratar al trabajador lo más barato posible y sacar provecho de él", dice muy justamente en el mismo pasaje el señor Krivenko.
   
* ¡Señor Iuzhakov! ¿Cómo puede ser esto? Su camarada dice que las "sanguijuelas" salen de los "talentos", y usted aseguraba que los hombres se hacen "sanguijuelas" sólo porque poseen "espíritu no crítico". ¡Esto, señores, ya no está bien: en una misma revista contradecirse el uno al otro!
   
* Si hasta ahora sólo se muestran capaces de hacer suya la idea de la lucha de clases del proletariado contra la burguesía los obreros fabriles urbanos y no los peones rurales "tontos e ingenuos", es decir, los hombres que han perdido esas preciadas cualidades, tan estrechamente ligadas a las "bases seculares" y al "espíritu de la comunidad", lo único que ello demuestra es la exactitud de la teoría de los socialdemócratas sobre el papel progresista y revolucionario del capitallsmo ruso.
   
** No hablo ya del absurdo de la idea según la cual los campesinos que poseen igual cantidad de tierra de nadiel son iguales entre sí y no se dividen también en "sanguijuelas" y "peones".
   
* Véanse las págs. 82-83. (N. de la Red.) [en Parte I --DJR]
   
* Esta idea -- sobre el apoyo, con ayuda del crédito, a la "economía del pueblo", es decir, a la agricultura de los pequeños productores, donde existen relaciones capitalistas (y la existencia de éstas ya no la pueden negar, como hemos visto, los "amigos del pueblo") --, esta absurda idea que demuestra la incomprensión de las verdades elementales de la economía política teórica, muestra con plena evidencia la vulgaridad de la teoría de estos señores, que pretenden nadar entre dos aguas.