Del
Obras Escogidas de Mao Tse-tung
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
Primera edición 1968
PEKIN 1976
(3a impresión 1976)
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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA (Mayo de 1938 ) |
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Planteamiento del problema |
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Mayo de 1938
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
   
1. Se acerca el 7 de julio, primer aniversario del estallido de la gran Guerra de Resistencia contra el Japón. Hace ya casi un año que toda la nación, uniendo sus fuerzas y perseverando en la Guerra de Resistencia y en el frente único, lucha heroicamente contra el enemigo. Esta guerra no tiene precedentes en la historia de Oriente y ocupará un lugar destacado también en la historia universal; los pueblos del mundo entero siguen con atención su desarrollo. Todos los chinos que sufren los desastres de la guerra y luchan por la existencia de la nación, anhelan diariamente la victoria. Pero ¿cuál será en realidad el curso de la guerra? ¿Podremos vencer? ¿Podremos vencer rápidamente? Muchos hablan de una guerra prolongada, pero ¿por qué una guerra prolongada? y ¿cómo hacerla? Muchos hablan de la victoria final, pero ¿por qué será nuestra la victoria final? y ¿cómo lograrla? No todos han encontrado respuesta a estas preguntas; más aún, la mayoría no la ha encontrado hasta ahora. Y así, los derrotistas partidarios de la teoría de la subyugación nacional se han presentado a decirle a la gente que China será subyugada y que la victoria final no le pertenecerá. Ciertos amigos impetuosos también han salido a decir que China puede triunfar muy pronto, sin necesidad de grandes esfuerzos. Pero ¿son correctas estas opiniones? Siempre hemos dicho que no. Sin embargo, la mayoría no ha comprendido aún lo que hemos venido diciendo. Esto se debe, en parte, a que nuestro trabajo de propaganda y explicación ha sido insuficiente, y en parte, a que
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los acontecimientos objetivos, en su desarrollo, aún no han revelado por completo su naturaleza inherente ni manifestado claramente sus rasgos, de modo que la gente no puede discernir las tendencias y perspectivas del desarrollo de los acontecimientos en su conjunto ni, por lo tanto, determinar enteramente las orientaciones y los métodos de acción. Ahora las cosas van mejor; la experiencia de diez meses de Guerra de Resistencia ha sido más que suficiente para desbaratar la teoría absolutamente infundada de la subyugación nacional y, al mismo tiempo, para disuadir a nuestros amigos impetuosos de su teoría de la victoria rápida. En estas circunstancias, mucha gente pide una explicación a modo de balance. Y con mayor razón en lo referente a la guerra prolongada, ya que no sólo existen contra ella las teorías de la subyugación nacional y de la victoria rápida, sino que existe también una comprensión huera de la misma. "Desde el Incidente de Lukouchiao, los cuatrocientos millones de chinos vienen realizando esfuerzos mancomunados, y la victoria final será de China." Esta fórmula está muy en boga. Es correcta, pero es necesario darle un contenido. Si hemos podido perseverar en la Guerra de Resistencia contra el Japón y mantener el frente único, ello se ha debido a la concurrencia de numerosos factores: en el plano interior, todos los partidos y grupos políticos, desde el Partido Comunista hasta el Kuomintang; todo el pueblo, desde los obreros y los campesinos hasta la burguesía, y todas las fuerzas armadas, desde las tropas regulares hasta las unidades guerrilleras; en el plano internacional, el país socialista y todos los pueblos amantes de la justicia, y en el campo enemigo, aquellos que entre la población civil y entre los soldados del frente se oponen a la guerra. En una palabra, todos ellos han contribuido en distintos grados a nuestra Guerra de Resistencia. Todo persona de buena fe debe rendirles homenaje. Junto con los demás partidos que están por la resistencia y el pueblo entero, los comunistas tenemos como único objetivo luchar por unir todas las fuerzas para vencer a los abominables invasores japoneses. El 1. de julio de este año se cumplirá el XVII aniversario de la fundación del Partido Comunista de China. A fin de que cada comunista aporte mejores y más grandes esfuerzos a la Guerra de Resistencia contra el Japón, es también preciso conceder una importancia particular al estudio de la guerra prolongada. Por esto, mis conferencias estarán dedicadas a ese estudio. Trataré de hablar sobre todos los problemas vinculados con la guerra prolongada, pero no me será posible entrar en todos los detalles en un solo ciclo de conferencias.
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2. Toda la experiencia de los diez meses de Guerra de Resistencia demuestra que son erróneas tanto la teoría de la inevitable subyugación de China como la de su victoria rápida. La primera engendra la tendencia al compromiso, y la segunda, la tendencia a la subestimación del enemigo. Los partidarios de estas teorías abordan el problema de una manera subjetiva y unilateral, es decir, no científica.
   
3. Antes de que se iniciara la Guerra de Resistencia, existían muchas opiniones inspiradas en la teoría de la subyugación nacional. Se decía, por ejemplo: "China está peor armada que el enemigo, y condenada a la derrota en una guerra." "Si China resiste, se convertirá inevitablemente en otra Abisinia." Desde que empezó la guerra, ya no se expresan abiertamente opiniones de este orden; pero siguen manifestándose solapadamente, y en abundancia. Por ejemplo, de tiempo en tiempo surge una atmósfera de compromiso, y sus partidarios argumentan: "La continuación de la guerra significa la subyugación inevitable."[1] Desde la provincia de Junán, un estudiante nos escribe:
   
"En el campo tropiezo a cada paso con dificultades. Al hacer propaganda sin ayuda de nadie, tengo que hablar con la gente donde y cuando la encuentro. Mis interlocutores no son en modo alguno ignorantes; todos tienen cierta comprensión de lo que está ocurriendo y se muestran muy interesados en lo que les digo. Pero cuando tropiezo con mis propios parientes, siempre me dicen: China no puede vencer; está condenada' ¡Qué asco! Y menos mal que no andan por ahí divulgando sus opiniones, pues eso sería desastroso. ¡Los campesinos, como es natural, les darían más crédito a ellos que a mí!"
Estos partidarios de la teoría de la inevitable subyugación de China forman la base social de la tendencia al compromiso. A elementos de esta especie se les encuentra en todos los rincones de China; por eso, el problema del compromiso puede aflorar en el seno del frente antijaponés en cualquier momento y quizá subsistirá hasta el final mismo de la guerra. Ahora que ha caído S¸chou y que Wuján está en peligro, creo que no será inútil dar un mentís a la teoría de la subyugación nacional.
   
4. Durante estos diez meses de Guerra de Resistencia, han aparecido también toda clase de opiniones caracterizadas por la precipitación. Por ejemplo, al comienzo de la guerra, mucha gente mostraba un optimismo sin fundamento; subestimaba al Japón e incluso creía que los japoneses no podrían llegar hasta la provincia
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de Shansí. Algunos menospreciaban el papel estratégico de la guerra de guerrillas en la Guerra de Resistencia contra el Japón y ponían en duda el siguiente planteamiento: "En el plano de conjunto, la guerra de movimientos es lo principal, y la de guerrillas, lo auxiliar; en el plano particular, la guerra de guerrillas es lo principal, y la de movimientos, lo auxiliar." Desaprobaban la línea estratégica del VIII Ejército, que es: "Tomar la guerra de guerrillas como lo fundamental, pero no perder oportunidad alguna para realizar la guerra de movimientos cuando las condiciones sean favorables", y consideraban que éste era un punto de vista "mecanicista"[2]. Durante la campaña de Shanghai, algunos decían: "Basta resistir tres meses; la situación internacional tendrá que cambiar, la Unión Soviética habrá de enviar tropas y la guerra terminará." Depositaban sus esperanzas para el futuro de la Guerra de Resistencia principalmente en la ayuda extranjera[3]. A raíz de la victoria de Taierchuang[4], algunos sostenían que la campaña de S¸chou debía ser una "batalla casi decisiva" y que había que cambiar la política establecida de guerra prolongada: Decían cosas tales como: "Esta campaña representa el último y desesperado Forcejeo del enemigo"; "Si ganamos, los militaristas japoneses quedarán desmoralizados y sólo podrán esperar su juicio final"[5]. La victoria de Pingsingkuan se les había subido a la cabeza a algunos, y la de Taierchuang hizo perder el juicio a un número aún mayor de personas. Y así se han suscitado dudas acerca de si el enemigo atacará Wuján. Muchos piensan que "probablemente no", y muchos otros, que "de ninguna manera". Tales dudas pueden afectar a todos los problemas importantes. Por ejemplo: ¿son ya suficientes nuestras fuerzas para resistir al Japón? La respuesta podría ser afirmativa; pues si se piensa que nuestras actuales fuerzas son ya suficientes para detener la ofensiva del enemigo, ¿para qué aumentarlas? O por ejemplo: ¿sigue siendo correcta la consigna de consolidar y ampliar el frente único nacional antijaponés? La respuesta podría ser negativa; pues si se cree que el frente único en su estado actual es lo bastante fuerte para rechazar al enemigo, ¿para qué consolidarlo y ampliarlo aún más? O bien: ¿deben intensificarse nuestras actividades diplomáticas y la propaganda para el extranjero? Aquí, de nuevo, la respuesta podría ser negativa O también: ¿es necesario proceder concienzudamente a reformar el sistema que rige en el ejército y el sistema político, desarrollar el movimiento de masas, poner en vigor la educación para la defensa nacional, reprimir a los colaboracionistas
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y a los trotskistas, desarrollar la industria de guerra y mejorar las condiciones de vida del pueblo? O igualmente: ¿siguen siendo correctas las consignas que llaman a la defensa de Wuján, Cantón y el Noroeste, y al desarrollo vigoroso de la guerra de guerrillas en la retaguardia enemiga? Las respuestas podrían ser todas negativas. Existen incluso personas que, apenas se produce un cambio ligeramente favorable en la situación de la guerra, se preparan para intensificar los "roces" entre el Kuomintang y el Partido Comunista, desviando la atención de los asuntos exteriores a los interiores. Esto ocurre casi invariablemente cada vez que se gana una batalla relativamente grande, o cuando el enemigo detiene en forma temporal su ofensiva. Todo esto puede llamarse miopía política y militar. Tales argumentos, aunque parecen razonables, son en realidad palabrería absolutamente infundada y engañosa. Poner fin a tal verborrea ayudará a la prosecución victoriosa de la Guerra de Resistencia contra el Japón.
   
5. La cuestión es entonces: ¿Será China subyugada? Respondemos: No, no será subyugada; por el contrario, obtendrá la victoria final. ¿Puede China vencer rápidamente? Respondemos: No, no puede vencer rápidamente; la Guerra de Resistencia contra el Japón será una guerra prolongada.
   
6. Hace ya dos años señalamos; en líneas generales, los principales argumentos relativos a estos problemas. EL 16 de julio de 1936, cinco meses antes del Incidente de Sían y doce antes del Incidente de Lukouchiao, en una entrevista con el Sr. Edgar Snow, periodista norteamericano, hice una apreciación general de la situación de la guerra entre China y el Japón y formulé una serie de orientaciones para conseguir la victoria. No está de más traer acá algunos apartes:
   
Snow : ¿En qué condiciones puede China vencer y destruir las fuerzas del imperialismo japonés?
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luchar contra el Japón, mientras éste tendría que sostener, durante toda la guerra, incesantes combates defensivos en su retaguardia. La falta de unidad en la economía china y su desarrollo desigual presentan más bien ventajas para la Guerra de Resistencia contra el Japón. Por ejemplo, aislar a Shanghai del resto de China no es en absoluto tan desastroso para nosotros como lo sería para los EE.UU. separar a Nueva York del resto del país. Aunque el Japón bloquee el litoral de China, le será imposible bloquear el Noroeste, el Sudoeste y el Oeste de China. Por eso, una vez más, el punto central del problema es la unidad de todo el pueblo chino y la Formación de un frente antijaponés en que se una toda la nación. Esto es lo que venimos proponiendo desde hace tiempo.
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combatir por la libertad. Todos estos factores, coordinados con otros, nos permitirá lanzar los ataques finales y decisivos contra las fortificaciones y bases del Japón en el territorio por él ocupado, y arrojar de China a sus tropas invasoras.
   
La experiencia de los diez meses de Guerra de Resistencia ha confirmado la justeza de las consideraciones anteriores, y el futuro seguirá confirmándola.
   
7. Ya el 25 de agosto de 1937, a poco más de un mes del Incidente de Lukouchiao, el Comité Central del Partido Comunista de China señaló con claridad en su "Resolución sobre la situación actual y las tareas del Partido":
   
La provocación de los invasores japoneses en Lukouchiao y su ocupación de Peiping y Tientsín no son más que el comienzo de su ofensiva en gran escala contra el territorio chino al Sur de la Gran Muralla. Los invasores japoneses han iniciado en su país la movilización general para la guerra. Su propaganda en el sentido de que no tienen "ningún deseo de agravar la situación" es sólo una cortina de humo para encubrir su ofensiva.
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La experiencia de estos diez meses de Guerra de Resistencia ha confirmado igualmente la justeza de estas consideraciones, y el futuro seguirá confirmándola.
   
8. Las raíces gnoseológicas de todos los conceptos erróneos sobre la guerra son las tendencias idealista y mecanicista. Quienes tienen estas tendencias enfocan el problema de manera subjetiva y unilateral. Se entregan a una charla carente de todo fundamento y puramente subjetiva, o bien, basándose en un solo aspecto o en una manifestación temporal del problema, los exageran también subjetivamente, tomándolos por el todo. Ahora bien, hay dos categorías de conceptos erróneos: una comprende los errores fundamentales y de carácter permanente, que son difíciles de rectificar; la otra, los errores accidentales y de carácter temporal, que son fáciles de rectificar. Sin embargo, como unos y otros son errores, todos tienen que ser rectificados. Por lo tanto, sólo oponiéndonos a las tendencias idealista y mecanicista en el problema de la guerra y examinándolo objetivamente y en todos sus aspectos, podemos llegar a conclusiones correctas.
   
9. ¿Por qué la Guerra de Resistencia contra el Japón será una guerra prolongada? ¿Por qué pertenecerá a China la victoria final? ¿Cuál es la base en que se apoyan estas afirmaciones?
   
La guerra chino-japonesa no es una guerra cualquiera, sino una guerra a muerte que se lleva a cabo en los años 30 del siglo XX, entre la China semicolonial y semifeudal y el Japón imperialista. Esta es la base de todo el problema. Ambos contendientes, que consideraremos por separado, presentan numerosas características opuestas entre sí.
   
10. El Japón. En primer lugar, el Japón es un poderoso país imperialista, que ocupa el primer puesto en Oriente en cuanto a poderío militar y económico y a capacidad político-organizativa, y es también una de las cinco o seis potencias imperialistas más importantes del mundo. Estas son las condiciones fundamentales para su guerra de agresión. La inevitabilidad de esta guerra y la imposibilidad de una victoria rápida de China se deben precisamente al sistema imperialista del Japón; a su gran poderío militar y económico y a su gran capacidad político-organizativa. Pero, en segundo lugar, el carácter imperialista del régimen socio-económico del Japón determina el
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carácter imperialista -- retrógrado y bárbaro -- de su guerra. En los años 30 del siglo XX, las contradicciones internas y externas del imperialismo japonés no sólo lo han obligado a emprender una guerra aventurera de amplitud sin precedentes, sino que lo han llevado al borde del derrumbamiento final. Desde el punto de vista del desarrollo social, el Japón no es ya un país en ascenso; la guerra no conducirá a la prosperidad a que aspiran sus clases dominantes, sino a lo contrario: la ruina del imperialismo japonés. Esto es lo que entendemos por naturaleza retrógrada de la guerra que hace el Japón. Dicha naturaleza, unida al carácter militar-feudal del imperialismo japonés, da origen a la particular barbarie con que realiza esta guerra. Todo esto agudizará al máximo el antagonismo entre las clases del propio Japón, el antagonismo entre la nación japonesa y la china y el antagonismo entre el Japón y la mayoría de los países del mundo. La naturaleza retrógrada y bárbara de la guerra del Japón constituye la razón principal de su inevitable derrota. Pero esto no es todo. En tercer lugar, aunque el Japón conduce la guerra sobre la base de su gran poderío militar y económico y su gran capacidad político-organizativa, esta base adolece, a su vez, de una deficiencia que le es inherente. El poderío militar y económico y la capacidad político-organizativa del Japón son grandes, pero cuantitativamente insuficientes. Por ser un país relativamente pequeño, el Japón tiene limitados recursos humanos, militares, financieros y materiales, y no puede soportar una guerra prolongada. Los gobernantes japoneses tratan de resolver estas dificultades por medio de la guerra; pero aquí también obtendrán lo contrario de lo que desean; es decir, la guerra que han desencadenado para solucionar estas dificultades terminará por agravarlas e incluso por agotar sus reservas iniciales. Finalmente y en cuarto lugar, si bien el Japón puede obtener ayuda exterior de los países fascistas, ha de encontrar al mismo tiempo fuerzas de oposición internacionales que sobrepasarán a las fuerzas que le prestan ayuda desde el exterior. Las primeras crecerán en forma gradual y, a la postre, no sólo llegarán a anular a las segundas, sino que también presionarán sobre el propio Japón. Aquí rige una ley que emana de la naturaleza misma de la guerra que hace el Japón: una causa injusta encuentra escaso apoyo. En resumen, la ventaja del Japón reside en su gran capacidad bélica, y sus desventajas, en la naturaleza retrógrada y bárbara de su guerra, en la insuficiencia de sus recursos humanos y materiales y en el escaso apoyo internacional con que cuenta. Estas son las características del Japón.
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11. China. En primer lugar, el nuestro es un país semicolonial y semifeudal. Desde la Guerra del Opio, pasando por la Guerra del Reino Celestial Taiping, el Movimiento Reformista de 1898[6] y la Revolución de 1911, hasta la Expedición al Norte, todos los movimientos revolucionarios o reformistas que se proponían liberar a China de su estado semicolonial y semifeudal sufrieron serios reveses, y por eso China sigue siendo un país semicolonial y semifeudal. Somos todavía un país débil y manifiestamente inferior al enemigo en poderío militar y económico y en capacidad político-organizativa. También en este punto encuentran su base la inevitabilidad de la guerra y la imposibilidad de la victoria rápida de China. Pero, en segundo lugar, el movimiento de liberación de China, que se ha desarrollado incesantemente durante los últimos cien años, es ahora distinto de lo que fue en cualquier otro período histórico. Si bien las diversas fuerzas internas y externas que se oponen a ese movimiento le han causado serios reveses, éstos, a su vez, han templado al pueblo chino. Aunque en el terreno militar, económico, político y cultural, la China de hoy no es tan fuerte como el Japón, existen ya en el país factores más progresistas que en cualquier otro período de su historia. El Partido Comunista de China y el ejército por él dirigido representan esos factores. Y precisamente sobre la base de estos factores progresistas, la actual guerra liberadora de China podrá ser prolongada y alcanzar la victoria final. En contraste con el decadente imperialismo japonés, China es como el sol al nacer. La guerra de China es progresista, y de ahí su carácter justo. Por ser una guerra justa, puede unir a toda la nación, despertar la simpatía del pueblo del país enemigo y ganar el apoyo de la mayoría de los países del mundo. En tercer lugar, China es un país muy grande: vasto territorio, abundantes recursos, inmensa población y gran número de soldados; por consiguiente, es capaz de sostener una guerra prolongada. Esto ofrece otro contraste con el Japón. Finalmente y en cuarto lugar, el amplio apoyo internacional a China, producto del carácter progresista y justo de su guerra, es, asimismo, exactamente lo contrario. del escaso apoyo a la injusta causa del Japón. Para resumir, la desventaja de China reside en su debilidad militar, y sus ventajas, en el carácter progresista y justo de su guerra, en el hecho de que es un país grande y en el amplio apoyo internacional con que cuenta. Estas son las características de China.
   
12. Así, puede verse que el Japón posee un gran poderío militar y económico y una gran capacidad político-organizativa, pero que su
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guerra es retrógrada y bárbara, sus recursos humanos y materiales, insuficientes, y su posición internacional, desventajosa. China, por el contrario dispone de un menor poderío militar y económico y de una capacidad político-organizativa inferior, pero se encuentra en una época de progreso y sostiene una guerra progresista y justa; además, es un país grande lo cual le permite mantener una guerra prolongada, y la mayoría de los países del mundo le brindarán su apoyo. Tales son las características básicas, contradictorias entre sí, de la guerra chino-japonesa. Estas características han determinado y determinan todas las medidas políticas la estrategia y táctica militares de ambos bandos: han determinado y determinan el carácter prolongado de la guerra y el que la victoria final pertenezca a China y no al Japón. La guerra es una pugna entre esas características, que irán cambiando en el curso de la guerra, cada una de acuerdo con su propia naturaleza, y todo lo que suceda será consecuencia de estos cambios. Estas características existen en la realidad y no son una invención para engañar a la gente. Comprenden la totalidad de los elementos básicos de la guerra, y no algunos aspectos incompletos y aislados. Penetran todos los problemas de ambos bandos, grandes y pequeños, y todas las etapas de la guerra; no son en absoluto algo insignificante. Si alguien olvida estas características al examinar la guerra chino-japonesa, ciertamente se equivocará. Aunque algunas de sus opiniones puedan parecer correctas y ganar crédito por un tiempo, el curso de la guerra demostrará de seguro que son erróneas. Basándonos en estas características, pasaremos ahora a explicar todos los problemas que nos proponemos examinar.
   
13. Los partidarios de la teoría de la subyugación nacional, no viendo más que el contraste entre la fortaleza del enemigo y nuestra debilidad, solían decir: "La resistencia significa la subyugación inevitable." Y ahora andan diciendo: "La continuación de la guerra significa la subyugación inevitable." No podremos convencerlos con sólo afirmar que el Japón, aunque fuere, es pequeño, en tanto que China, aunque débil, es grande. Pueden traer a colación ejemplos históricos como la conquista de la dinastía Sung por la dinastía Yuan y de la dinastía Ming por la dinastía Ching, para demostrar que un
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país pequeño pero fuerte puede subyugar a un país grande pero débil, y que incluso un país atrasado puede someter a uno avanzado. Si decimos que estos hechos sucedieron en tiempos antiguos y que no pueden servir de argumento, ellos podrán citar el caso de la subyugación de la India por Inglaterra, para demostrar que un país capitalista pequeño pero fuerte puede someter a un país atrasado, grande pero débil. Por consiguiente, debemos presentar aún otras razones para tapar la boca a todos los partidarios de la teoría de la subyugación nacional y convencerlos, así como para proporcionar suficientes argumentos a todos aquellos que se dedican a la propaganda, de modo que puedan persuadir a los que aún se hallan confusos o vacilantes y fortalecer su fe en la Guerra de Resistencia.
   
14. ¿Qué argumentos debemos presentar? Las características de la época, que se reflejan concretamente en lo retrógrado del Japón y de escaso apoyo que obtiene, y en lo progresista de China y el amplio apoyo con que cuenta.
   
15. Nuestra guerra no es una guerra cualquiera, sino una guerra entre China y el Japón en los años 30 del siglo XX. Por su parte, nuestro enemigo es, antes que nada, un país imperialista moribundo; se encuentra ya en la época de su decadencia y no sólo es distinto de la Inglaterra de la época en que ésta subyugó a la India, cuando el capitalismo inglés aún se encontraba en ascenso, sino también distinto de lo que él mismo era hace veinte años, en la época de la Primera Guerra Mundial. La guerra actual ha sido desatada en vísperas del derrumbamiento general del imperialismo mundial y, ante todo, de los países fascistas. Y éste es precisamente el motivo por el cual el enemigo se ha lanzado a esta guerra aventurera, que reviste el carácter de un último y desesperado forcejeo. Por consiguiente, no será China, sino los círculos gobernantes del imperialismo japonés los que quedarán destruidos como resultado inevitable de la guerra. Más aún, el Japón ha emprendido esta guerra en momentos en que los diversos países de la Tierra ya están o pronto estarán envueltos en una guerra; todo el mundo está luchando o preparándose para luchar contra la bárbara agresión, y los intereses de China están ligados con los de la mayoría de los países y pueblos de la Tierra. Esta es la causa fundamental de la oposición que el Japón ha despertado y continuará despertando con creciente intensidad en la mayoría de los países y pueblos del mundo.
   
16. ¿Y China? La China de hoy ya no puede compararse con la de ningún otro período histórico. Su rasgo característico es el de una
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sociedad semicolonial y semifeudal, y por eso China es considerada como país débil. Pero, al mismo tiempo, se encuentra en una época de progreso en su historia. Esta es la razón principal de su capacidad para derrotar al Japón. Cuando decimos que la Guerra de Resistencia contra el Japón es progresista, no queremos decir que lo sea en un sentido corriente y general, no nos referimos a un carácter progresista como el de la guerra de Abisinia contra el invasor italiano o como el de la Guerra del Reino Celestial Taiping o de la Revolución de 1911, sino al carácter progresista de la China de hoy. ¿En qué sentido es progresista la China de hoy? En que ya no es un país totalmente feudal y tiene ya capitalismo, una burguesía y un proletariado, amplias masas populares que han despertado o están despertando, un Partido Comunista, un ejército políticamente progresista -- el Ejército Rojo de China dirigido por el Partido Comunista --, y la tradición y experiencia de muchas décadas de revolución, en especial la experiencia de los diecisiete años transcurridos desde la fundación del Partido Comunista de China. Esta experiencia ha educado al pueblo y a los partidos políticos de China, y hoy constituye precisamente la base de la unidad para resistir al Japón. Si puede decirse que en Rusia no habría sido posible la victoria de 1917 sin la experiencia de 1905, también podemos afirmar que sin la experiencia de los últimos diecisiete años sería imposible la victoria de la Guerra de Resistencia. Estas son las condiciones internas.
   
Las condiciones internacionales hacen que China no esté aislada en la guerra, y esto tampoco tiene precedentes en la historia. En el pasado, tanto las guerras de China como las de la India se realizaron en el aislamiento. Sólo hoy nos encontramos con que han surgido o están surgiendo en el mundo entero movimientos populares de amplitud y profundidad sin igual, y contamos con su apoyo. La Revolución de 1917 en Rusia también encontró apoyo en todo el mundo, y así triunfaron los obreros y campesinos rusos. Pero ese apoyo no fue tan amplio ni de naturaleza tan profunda como el que hoy recibimos nosotros. Los movimientos populares del mundo se desarrollan hoy con una amplitud y profundidad incomparables. En la actual política internacional, es un factor particularmente importante la existencia de la Unión Soviética, que sin duda ayudará a China con el máximo entusiasmo. Este factor no existía en absoluto hace veinte años. Todo esto en su conjunto ha creado y crea importantes condiciones indispensables para la victoria final de China. Hasta ahora todavía no ha habido una ayuda directa y de gran magnitud, que solo vendrá en el
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futuro, pero siendo un país grande y progresista, China puede sostener una guerra prolongada y promover y esperar la ayuda internacional.
   
17. A esto debe añadirse que, mientras el Japón es un país pequeño -- reducido territorio, escasos recursos, limitada población y un número insuficiente de soldados --, China es un país grande -- vasto territorio, abundantes recursos, inmensa población y gran número de soldados --. Así, aparte del contraste entre la fortaleza y la debilidad, existe también el contraste entre un país pequeño, en decadencia y con escaso apoyo, por una parte, y un país grande, en progreso y con amplio apoyo, por la otra. Esta es la razón por la cual China jamás será subyugada. El contraste entre la fortaleza y la debilidad determina que el Japón pueda cometer tropelías en China durante cierto período y en cierta medida, que China haya de recorrer ineludiblemente un trecho de camino difícil y que la Guerra de Resistencia contra el Japón sea una guerra prolongada y no de decisión rápida; sin embargo, el contraste entre un país pequeño, en decadencia y con escaso apoyo, por una parte, y un país grande, en progreso y con amplio apoyo, por la otra, determina que el Japón no pueda atropellar eternamente a China y esté condenado a la derrota final, y que China nunca pueda ser subyugada y tenga segura la victoria final.
   
18. ¿Por qué Abisinia fue subyugada? Primero, no sólo era un país débil, sino también pequeño. Segundo, no era tan progresista como China; era un país antiguo que estaba pasando del régimen de esclavitud al de servidumbre, un país en que no había capitalismo ni partidos políticos burgueses, para no hablar ya de un Partido Comunista, ni había un ejército como el de China, y mucho menos como el VIII Ejército. Tercero, no pudo resistir lo suficiente como para obtener la ayuda internacional y tuvo que luchar aislada. Cuarto, y esto es lo principal, se cometieron errores en la dirección de su guerra contra los invasores italianos. Por eso Abisinia fue subyugada. Pero aún existe allí una guerra de guerrillas bastante amplia que, si se mantiene con firmeza, permitirá a los abisinios recuperar la independencia de su patria en el futuro, cuando cambie la situación mundial.
   
19. Si los partidarios de la teoría de la subyugación nacional citan ejemplos de los fracasos del movimiento de liberación en la China moderna para justificar sus aseveraciones de que "la resistencia significa la subyugación inevitable" y de que "la continuación de la guerra significa la subyugación inevitable", nuestra respuesta será igualmente una sola frase: los tiempos son distintos. La propia China, el Japón y
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la situación internacional son distintos ahora. El Japón se ha hecho más fuerte que antes, mientras China, en su condición inalterada de país semicolonial y semifeudal, sigue siendo bastante débil. Esta es una grave circunstancia. También es un hecho que los gobernantes del Japón, por el momento, aún pueden mantener bajo el yugo a su pueblo y aprovecharse de las contradicciones internacionales para invadir a China. Pero, en el curso de una guerra larga, se producirán inevitablemente cambios en sentido contrario. En la actualidad, estos cambios no son todavía una realidad, pero lo serán sin duda en el futuro. Este punto lo pasan por alto los partidarios de la teoría de la subyugación nacional. ¿Y China? Ya tiene nuevos hombres, un nuevo partido político, un nuevo ejército y una nueva política, la resistencia al Japón. Esta situación es muy distinta a la de hace más de diez años y, lo que es más, experimentará inevitablemente nuevos progresos. Es cierto que, en la historia de China, los movimientos de liberación han sufrido una y otra vez serios descalabros, y por ello nuestro país no ha podido acumular una mayor fuerza para la actual Guerra de Resistencia contra el Japón (ésta es una lección histórica extremadamente dolorosa; ¡que en lo sucesivo los chinos no vuelvan jamás a destruir ninguna de sus propias fuerzas revolucionarias!); no obstante, sobre la base actual y haciendo grandes esfuerzos, podremos sin duda avanzar gradualmente y acrecentar nuestra fuerza para la resistencia. El gran frente único nacional antijaponés es precisamente la dirección general hacia la cual deben orientarse todos estos esfuerzos. En cuanto al apoyo internacional, aunque hasta ahora no hemos recibido una ayuda directa y considerable, dicha ayuda está preparándose, ya que la situación internacional es fundamentalmente distinta a la del pasado. Los innumerables fracasos en el movimiento de liberación de la China moderna tuvieron sus causas objetivas y subjetivas, pero ni en uno ni en otro aspecto es posible la comparación con la presente situación. En la actualidad, aunque existen muchas condiciones desfavorables que determinan el carácter arduo de la Guerra de Resistencia contra el Japón como por ejemplo la fortaleza del enemigo y nuestra debilidad, y el hecho de que sus dificultades apenas comienzan, en tanto que nuestro progreso dista mucho de ser suficiente, existen sin embargo muchas condiciones favorables para vencer al enemigo; basta agregar a ellas nuestros propios esfuerzos para que podamos superar las dificultades y lograr la victoria. Por estas condiciones favorables, ningún período en la historia de China puede compararse con el actual, y de
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aquí la razón por la cual la Guerra de Resistencia contra el Japón, a diferencia de los movimientos de liberación del pasado, no terminará en el fracaso.
   
20. Ya hemos demostrado que la teoría de la subyugación nacional es infundada. Pero existen muchas personas que, sin ser partidarias de esta teoría, sino patriotas se sienten profundamente preocupadas por la situación presente. Sus problemas son dos: el temor a un compromiso con el Japón y la duda respecto a la posibilidad de progreso político en China. Estos dos inquietantes problemas siguen siendo objeto de una amplia discusión y no se ha encontrado base alguna para su solución. Estudiémoslos ahora.
   
21. Como se ha dicho anteriormente; el problema del compromiso tiene sus raíces sociales. Mientras existan dichas raíces, necesariamente tendrá que presentarse esta cuestión. Sin embargo, el compromiso no se hará realidad. Para demostrarlo, sólo necesitamos, una vez más, buscar las razones en la situación del Japón, en la de China y en la situación internacional. En primer lugar, veamos el Japón. Ya al comienzo de la Guerra de Resistencia estimamos que llegaría el momento en que surgiría una atmósfera conducente al compromiso, o sea, que el enemigo, luego de ocupar el Norte y las provincias de Chiangsú y Chechiang, podría tratar de inducir a China a la capitulación. Más tarde, en efecto, así lo hizo. Pero la crisis terminó muy pronto, siendo una de las causas el hecho de que el enemigo aplicó una bárbara política por todas partes y practicó el pillaje desembozado. Si China hubiese capitulado, todos los chinos se habrían convertido en esclavos coloniales. La política de rapiña del enemigo, política de subyugación de China, tiene dos aspectos, el material y el espiritual, y se aplica a todos los chinos sin excepción, no sólo a las masas populares sino también a las capas superiores de la sociedad. Por supuesto, estas últimas son tratadas con cierta moderación, pero sólo hay una diferencia de grado, y no de principio. En general, el enemigo utiliza en el interior de China los mismos procedimientos que ha venido aplicando en las tres provincias del Nordeste. En el plano material, roba a la gente sencilla basta los alimentos y la ropa, condenando a
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las amplias masas al hambre y al frío; saquea los medios de producción, arruinando y esclavizando así la industria nacional de China. En el plano espiritual, el enemigo trabaja para destruir la conciencia nacional del pueblo chino. Bajo la bandera del "sol naciente", los chinos no podrían ser sino siervos sumisos, bestias de carga, y a nadie se le permitiría la más mínima manifestación de espíritu nacional. El enemigo tratará de llevar esta bárbara política hasta lo más profundo del país. En su voracidad, no quiere detener la guerra. Como es inevitable, la política proclamada por el gabinete japonés en su declaración del 16 de enero de l938[7] sigue siendo aplicada obstinadamente, lo que ha provocado una gran indignación entre todas las capas de la población de China. Esta indignación es originada por el carácter retrógrado y bárbaro de la guerra que sostiene el enemigo, y como "nadie escapa a su destino ", esa indignación ha cristalizado en una hostilidad absoluta. Es de suponer que en un momento determinado, el enemigo volverá a tratar de inducir a China a capitular, y que algunos partidarios de la teoría de la subyugación nacional saldrán de nuevo a la superficie y muy probablemente se confabularán con ciertos elementos del extranjero (tales elementos pueden encontrarse en Inglaterra, los EE.UU. y Francia, en especial en las capas superiores de Inglaterra), como socios de su empresa criminal. Pero la tendencia general de los acontecimientos no permitirá la capitulación; una de las razones de ello es el carácter obstinado y particularmente bárbaro de la guerra que hace el Japón.
   
22. En segundo lugar, veamos China. En China hay tres factores que contribuyen a su perseverancia en la Guerra de Resistencia. Primero, el Partido Comunista, fuerza segura que dirige al pueblo en la resistencia al Japón. Segundo, el Kuomintang, que depende de Inglaterra y los EE.UU., y por ello no capitulará ante el Japón a menos que estos países le ordenen hacerlo. Finalmente, los otros partidos y grupos políticos, la mayoría de los cuales se oponen al compromiso y apoyan la Guerra de Resistencia. Estas tres fuerzas ya están unidas; cualquiera de ellas que pretenda un compromiso se alineará con los colaboracionistas, y todo el mundo tendrá derecho a castigarla. A todos aquellos que no quieran ser traidores no les queda otra alternativa que unirse para llevar firmemente la Guerra de Resistencia hasta el fin; por eso, el compromiso difícilmente podrá realizarse.
   
23. En tercer lugar, veamos la situación internacional. Con excepción de los aliados del Japón y de ciertos elementos de las capas superiores de otros países capitalistas, el mundo entero está en favor
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de la resistencia de China, y no del compromiso. Este factor refuerza nuestras esperanzas. Hoy, el pueblo entero espera confiadamente que las fuerzas internacionales brindarán a China una ayuda creciente. Esta no es una esperanza vana; la existencia de la Unión Soviética es un estímulo especial para China en su Guerra de Resistencia. La Unión Soviética, país socialista, ahora más fuerte que nunca, ha compartido siempre con China penas y alegrías. En directo contraste con todos los países capitalistas, en que los elementos de las capas superiores de la sociedad sólo buscan ganancias, la Unión Soviética considera como su deber prestar ayuda a todas las naciones débiles y pequeñas y apoyar todas las guerras revolucionarias. El que la guerra de China no se encuentre aislada se debe no sólo a la ayuda internacional en general, sino especialmente a la de la Unión Soviética. China es un país limítrofe de la Unión Soviética, lo cual agrava la crisis del Japón y facilita nuestra Guerra de Resistencia. La cercanía de China con el Japón aumenta las dificultades de nuestra Resistencia, pero su proximidad con la Unión Soviética es una condición favorable para ella.
   
24. De lo dicho podemos deducir que el peligro de compromiso existe pero puede ser superado. Pues, aunque el enemigo pueda modificar en cierta medida su política, es imposible que la altere radicalmente. Si bien existen en China raíces sociales para el compromiso, los que a él se oponen constituyen la inmensa mayoría. Aunque en el plano internacional hay también algunas fuerzas que están en favor del compromiso, las fuerzas principales son partidarias de la resistencia. La combinación de estos tres factores hace posible superar el peligro de compromiso y persistir hasta el fin en la Guerra de Resistencia.
   
25. Ahora vamos a contestar la segunda cuestión. El progreso político en el país es inseparable de la perseverancia en la Guerra de Resistencia. Cuanto mayor sea este progreso, tanto más podremos perseverar en la Guerra de Resistencia; cuanto más persistamos en ella tanto mayor será el progreso político. Sin embargo, aquí lo fundamental será la perseverancia en la Guerra de Resistencia. En los diversos aspectos de la actividad del Kuomintang, existen serios fenómenos negativos; y la acumulación, en el transcurso de los años, de estos injustificables factores ha provocado gran inquietud y zozobra entre las amplias filas de los patriotas. Pero no hay razón para el pesimismo, pues la experiencia de la Guerra de Resistencia ha demostrado que el pueblo chino ha hecho en los últimos diez meses progresos que en el pasado habrían exigido muchos años. Si bien la
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corrupción, acumulada durante largos años, retarda seriamente el crecimiento de la fuerza del pueblo para resistir al Japón, reduciendo así el número de nuestras victorias y causándonos pérdidas en la guerra, la situación general en China, en el Japón y en el mundo es tal que el pueblo chino no puede sino progresar. Pero como existe la corrupción, factor que estorba el progreso, éste será lento. El progreso y su ritmo lento son dos rasgos característicos de la situación actual, y que el segundo no concuerde con las urgentes exigencias de la guerra preocupa mucho a los patriotas chinos. Pero nos encontramos en medio de una guerra revolucionaria, y la guerra revolucionaria es una antitoxina, que no sólo destruirá el veneno del enemigo, sino que también nos depurará de toda inmundicia. Toda guerra justa, revolucionaria, está dotada de una fuerza inmensa, capaz de transformar muchas cosas o de abrir el camino a su transformación. La guerra chino-japonesa transformará a China y al Japón. Siempre que China persista en La Guerra de Resistencia y en el frente único, el viejo Japón se convertirá en un nuevo Japón, y la vieja China, en una nueva China, y tanto en un país como en el otro, hombres y cosas se transformarán en el curso de esta guerra y después de ella. Por lo tanto, tenemos razón al considerar la Guerra de Resistencia y la edificación del país como vinculadas entre sí. Al decir que el Japón también puede ser transformado, nos referimos a que la guerra de agresión sostenida por sus gobernantes terminará en una derrota y puede suscitar la revolución del pueblo japonés. El día en que triunfe la revolución del pueblo japonés, será el momento de la transformación del Japón. Esto está estrechamente vinculado con la Guerra de Resistencia de China y es una perspectiva que no debemos perder de vista.
   
26. Hemos sometido ya a un estudio comparativo las particularidades fundamentales, recíprocamente contradictorias, de nuestro país y del enemigo, que consisten en que el Japón es un país fuerte, pero pequeño, que se encuentra en decadencia y no cuenta sino con un escaso apoyo exterior, y que China es un país débil, pero grande, que atraviesa una época de progreso y goza de amplio apoyo internacional. Con ello hemos refutado la teoría de la subyugación nacional
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y explicado por qué es poco probable el compromiso y por qué es posible el progreso político en China. Los partidarios de la teoría de la subyugación nacional sólo acentúa la contradicción entre lo fuerte y lo débil, y la inflan hasta convertirla en la base de su argumentación sobre todo el problema, sin tener en cuenta las otras contradicciones. Subrayar únicamente el contraste entre lo fuerte y lo débil indica la unilateralidad de su pensamiento, y exagerar este único aspecto de la cuestión, tomándolo por el todo, denota a su vez su subjetivismo. Por lo tanto, si se mira la cuestión en su conjunto, se verá que su teoría carece de fundamento y que están equivocados. En cuanto a los que no comparten la teoría de la subyugación nacional ni son pesimistas empedernidos, pero cuyo estado de ánimo es por el momento pesimista, simplemente porque están confundidos por la disparidad entre nuestra fuerza y la del enemigo en un momento determinado y en ciertos aspectos o por la corrupción que existe dentro del país debemos señalarles que el origen de su punto de vista es también la unilateralidad y el subjetivismo. Pero en su caso, la corrección es relativamente fácil; basta con mostrarles sus errores para que comprendan, porque son patriotas y sus errores son sólo momentáneos.
   
27. No obstante, los partidarios de la teoría de la victoria rápida también están equivocados. Bien se olvidan por completo de la contradicción entre lo fuerte y lo débil y se acuerdan tan sólo de las demás contradicciones; o bien exageran las ventajas de China más allá de toda realidad, presentándolas de manera deformada; o toman la correlación de fuerzas en un momento y lugar dados por la situación en su conjunto -- como se dice, "una hoja ante los ojos impide ver la montaña Taishan" --, y creen estar en lo cierto. En una palabra, carecen de valor para admitir que el enemigo es fuerte en tanto que nosotros somos débiles. A menudo niegan esto, borrando así un aspecto de la verdad. Tampoco tienen el valor necesario para admitir las limitaciones de nuestras propias ventajas, y así borran otro aspecto de la verdad. Por consiguiente, cometen errores, grandes o pequeños, y aquí, una vez más, el mal se debe al subjetivismo y la unilateralidad. Estos amigos tienen buenas intenciones y también son patriotas. Pero, aunque "las aspiraciones de sus mercedes son en verdad elevadas", su forma de abordar los problemas no es acertada, y nos estrellaríamos contra el muro si actuáramos de acuerdo con lo que dicen. Pues, si las apreciaciones no concuerdan con la realidad, la acción no puede alcanzar su objetivo; y obstinarse en actuar así significa la derrota del ejército y la subyugación de la nación, y el resultado será el mismo
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que en el caso de los derrotistas. De ahí que la teoría de la victoria rápida tampoco sirva para nada.
   
28. ¿Negamos el peligro de subyugación nacional? No, no lo negamos. Reconocemos que ante China se ofrecen dos perspectivas posibles: liberación o subyugación, y que ambas se encuentran en violento conflicto. Nuestra tarea es lograr la liberación y evitar la subyugación. Las condiciones para la liberación son: el progreso de China, que es lo fundamental, las dificultades del enemigo y la ayuda internacional. A diferencia de los partidarios de la teoría de la subyugación nacional, nosotros, abordando la cuestión objetivamente y en todos sus aspectos, reconocemos que existen al mismo tiempo las dos posibilidades: subyugación y liberación; subrayamos que la liberación es la posibilidad predominante, señalamos las condiciones para su realización y nos esforzamos por conseguirlas. Los partidarios de la teoría de la subyugación nacional, en cambio, adoptando un punto de vista subjetivo y unilateral, reconocen una sola posibilidad, la de subyugación; no admiten la de liberación, ni mucho menos pueden señalar las condiciones necesarias para ella ni se esfuerzan por obtenerlas. Reconocemos que existen la corrupción y la tendencia al compromiso, pero vemos asimismo otros fenómenos y tendencias, y mostramos que estos últimos prevalecerán gradualmente en su violento choque con las primeras. Además, señalamos las condiciones necesarias para que prevalezcan estos últimos fenómenos y tendencias, y luchamos por superar la tendencia al compromiso y suprimir la corrupción. Por lo tanto, contrariamente a los pesimistas, no caemos en el desaliento.
   
29. Y no es que no deseemos una victoria rápida. Todo el mundo desearía expulsar a los "demonios" japoneses de la noche a la mañana. Pero señalamos que, en ausencia de ciertas condiciones; la victoria rápida es algo que sólo existe en la mente, y no en la realidad objetiva; es una mera ilusión, una teoría falsa. Por eso, después de haber hecho una apreciación objetiva y completa de todas las circunstancias, tanto las del enemigo como las nuestras, señalamos que el único camino que conduce a la victoria final es la estrategia de guerra prolongada, y rechazamos la teoría totalmente infundada de la victoria rápida. Sostenemos que nuestro deber es esforzarnos por lograr todas las condiciones indispensables para la victoria final, y que cuanto más plenamente y más pronto las logremos, más asegurada estará nuestra victoria y más temprano la conseguiremos. Creen los que sólo de este modo se puede abreviar la duración de la guerra, y rechazamos la
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teoría de la victoria rápida, que no es más que palabrería y un intento de conseguir las cosas a bajo precio.
   
30. Examinemos ahora el problema de la guerra prolongada. únicamente sobre la base de todos los contrastes fundamentales entre el enemigo y nosotros, se puede dar una respuesta correcta a la pregunta: "¿Por qué una guerra prolongada? "Por ejemplo, si nos limitamos a arg¸ir que el enemigo es una fuerte potencia imperialista en tanto que nosotros somos un débil país semicolonial y semifeudal, corremos el peligro de caer en la teoría de la subyugación nacional, pues el simple hecho de que el débil se oponga al fuerte no puede producir como resultado, ni en la teoría ni en la práctica una lucha prolongada. Tampoco puede producirla el solo hecho de que uno sea grande y el otro pequeño, o uno progresista y el otro retrógrado, o el que uno cuente con amplio apoyo y el otro no. La anexión de un país pequeño por otro grande, o de uno grande por otro pequeño, son cosas que suceden corrientemente. Es frecuente que un país o fenómeno progresista, pero débil sea destruido por otro país o fenómeno retrógrado, pero fuerte. La amplitud del apoyo es un factor importante, y no obstante, secundario y su efecto depende de los factores básicos de ambos contendientes. Por eso, nuestra afirmación de que la Guerra de Resistencia contra el Japón será una guerra prolongada, es una conclusión derivada de la interrelación entre todos los factores del enemigo y los de nuestro país. El enemigo es fuerte y nosotros débiles; en esto reside el peligro de que seamos subyugados. Pero al mismo tiempo, el enemigo tiene sus puntos débiles, y nosotros, nuestras ventajas. Con nuestros esfuerzos, la ventaja del enemigo puede ser reducida, y sus defectos, agravados. Por otra parte, esforzándonos, podemos acrecentar nuestras ventajas y superar nuestro punto débil. Por consiguiente, podemos lograr la victoria final y evitar la subyugación, mientras que el enemigo será finalmente derrotado y no podrá evitar el derrumbamiento de todo su sistema imperialista.
   
31. Si la ventaja del enemigo reside en un solo aspecto, y en todos los demás se revelan sus puntos débiles, mientras nosotros tenemos un solo aspecto débil y los restantes constituyen nuestras ventajas, ¿por qué no ha producido esto, en el momento actual, una paridad de
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fuerzas, sino al contrario, superioridad del enemigo e inferioridad nuestra? Es evidente que no se puede abordar el problema de manera tan formal. El hecho es que la disparidad entre la fuerza del enemigo y la nuestra es ahora tan grande, que los defectos de aquél aún no se han desarrollado ni pueden desarrollarse, por el momento, en la proporción necesaria para contrapesar su fortaleza, en tanto que nuestras ventajas tampoco se han desarrollado ni pueden desarrollarse, por el momento, en la proporción necesaria para compensar nuestra debilidad. Por lo tanto, todavía no puede haber paridad, sino disparidad.
   
32. Si bien nuestros esfuerzos por perseverar en la Guerra de Resistencia y mantener el frente único han modificado un tanto la correlación de fuerzas entre el enemigo y nosotros, no se ha producido, sin embargo, un cambio radical, por lo cual, en una etapa determinada de la guerra y en cierta medida; el enemigo obtendrá victorias y nosotros sufriremos derrotas. Pero ¿por qué las victorias enemigas y nuestras derrotas se limitarán a una determinada etapa y a cierta medida, sin poder sobrepasar dicha etapa ni llegar a ser una victoria total o una derrota completa? La razón reside, primero, en que desde el comienzo la fortaleza del enemigo y nuestra debilidad han sido relativas y no absolutas, y segundo, en que nuestros esfuerzos por perseverar en la Guerra de Resistencia y mantener el frente único han acentuado ese carácter relativo. Consideremos la situación desde el comienzo: si bien el enemigo es poderoso, su fortaleza ya se ve minada por los factores desfavorables, aunque todavía no en grado suficiente para destruir su superioridad. Por otra parte, si bien nosotros somos débiles, nuestra debilidad ya se ve compensada por los factores favorables, aunque todavía no en grado suficiente para superar nuestra inferioridad. Así resulta que el enemigo es relativamente fuerte y nosotros relativamente débiles, que aquél se encuentra en una posición relativamente superior y nosotros en una relativamente inferior. Para ambos lados, la fortaleza y la debilidad, la superioridad y la inferioridad no han sido jamás absolutas, y además, en el curso de la guerra, nuestros esfuerzos por persistir en la Resistencia y en el frente único han modificado aún más la correlación inicial de fuerzas. Por consiguiente, las victorias del enemigo y nuestras derrotas se limitarán a una determinada etapa y a cierta medida, y de ahí que la guerra sea prolongada.
   
33. Pero la situación continuará modificándose. En el curso de la guerra, siempre que empleemos tácticas militares y políticas correctas,
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no cometamos errores de principio y hagamos los mayores esfuerzos, los factores desfavorables para el enemigo y los favorables para nosotros se desarrollarán a medida que se prolongue la guerra, lo que continuará modificando inevitablemente la correlación inicial de fuerzas y la posición relativa de los dos bandos. Cuando se llegue a una nueva etapa determinada, se producirá un gran cambio en la correlación de fuerzas y en la posición relativa de ambos lados, que desembocará en la derrota del enemigo y en nuestra victoria.
   
34. Por el momento, el enemigo aún puede, de un modo u otro, explotar su fortaleza; nuestra Guerra de Resistencia todavía no lo ha debilitado en lo fundamental. Su insuficiencia de recursos humanos y materiales no es aún lo bastante grave como para detener su ofensiva; por el contrario, esos recursos todavía le permiten continuarla hasta cierto punto. El carácter retrógrado y bárbaro de su guerra, factor que ha de intensificar los antagonismos de clase en el propio Japón y la resistencia de la nación china, no ha creado aún una situación que impida radicalmente la ofensiva del Japón. El aislamiento internacional del enemigo está creciendo, pero todavía no ha llegado a ser completo. En muchos países, que han expresado el deseo de ayudarnos, los capitalistas que negocian en armamento y materias primas estratégicas, dedicados sólo a la caza de ganancias, continúan proporcionando al Japón inmensas cantidades de material bélico[8], en tanto que sus gobiernos[9] aún no están dispuestos a aplicar, junto con la Unión Soviética, sanciones prácticas contra el Japón. Todo esto determina que nuestra Guerra de Resistencia no pueda triunfar rápidamente y sólo pueda ser una guerra prolongada. En cuanto a China, si bien en los terrenos militar, económico, político y cultural, en los que se pone de manifiesto su debilidad, ha realizado ciertos progresos durante los diez meses de Guerra de Resistencia, estos progresos, sin embargo, están todavía lejos de alcanzar el grado necesario para detener la ofensiva del enemigo y preparar nuestra contraofensiva. Más aún, desde el punto de vista cuantitativo, hemos tenido que sufrir ciertas pérdidas. Si bien todos los factores que nos son favorables actúan en sentido positivo, aún nos quedan por hacer ingentes esfuerzos para que dichos factores se desarrollen hasta un grado tal que nos permitan detener la ofensiva del enemigo y preparar nuestra contraofensiva. Todavía no se han convertido en hechos la eliminación de la corrupción y la aceleración del progreso en el país, ni el predominio sobre las fuerzas projaponesas y el aumento de las fuerzas antijaponesas en el extranjero. Todo esto también determina
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que nuestra guerra no pueda triunfar rápidamente y sólo pueda ser una guerra prolongada.
   
35. Dado que la guerra chino-japonesa será una guerra prolongada y que la victoria final pertenecerá a China, se puede suponer con razón que en su desarrollo concreto esta guerra pasará por tres etapas. La primera es el período de ofensiva estratégica del enemigo y defensiva estratégica nuestra. La segunda será el período de consolidación estratégica del enemigo y preparación nuestra para la contraofensiva. La tercera, el de contraofensiva estratégica nuestra y retirada estratégica del enemigo. Es imposible predecir lo que ocurrirá concretamente en las tres etapas, pero a la luz de las condiciones actuales, se pueden señalar ciertas tendencias fundamentales del desarrollo de la guerra. El desarrollo de la realidad objetiva será extraordinariamente rico, variado y sinuoso, y nadie puede hacer un "horóscopo" de la guerra chino-japonesa; no obstante, para la dirección estratégica de la guerra, es necesario trazar un esquema de su desarrollo. Aunque nuestro esquema no puede coincidir exactamente con los futuros acontecimientos y ha de ser corregido por ellos, sigue siendo necesario trazarlo, con el objeto de dar a la guerra prolongada una dirección estratégica firme y bien definida.
   
36. La primera etapa de la guerra no ha concluido aún. El propósito del enemigo es ocupar Cantón, Wuján y Lanchou y unir estos tres puntos. Para alcanzar este objetivo, el enemigo tendrá que utilizar por lo menos 50 divisiones, con cerca de 1.500.000 hombres, emplear de un año y medio a dos años y gastar más de l0.000 millones de yenes. Al penetrar tan profundamente en nuestro país, el enemigo encontrará inmensas dificultades y obtendrá desastrosos resultados. En cuanto a su intento de ocupar toda la línea del ferrocarril Cantón-Jankou y la carretera Sían-Lanchou, tiene que pasar, para ello, por muy arriesgadas batallas y es posible que, aun así, no logre plenamente su propósito. Sin embargo, es necesario que tomemos disposiciones para una guerra prolongada, basando nuestro plan de operaciones en el supuesto de que el enemigo consiga ocupar esos tres puntos y hasta algunas regiones más, así como enlazarlos entre sí, de modo que podamos enfrentarlo incluso en el caso de que logre su intento. La
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forma principal de lucha que debemos adoptar en esta etapa es la guerra de movimientos, complementada por la de guerrillas y la de posiciones. Si bien en la fase inicial de esta etapa, la guerra de posiciones fue colocada en primer plano debido a los errores subjetivos de las autoridades militares del Kuomintang, desde el punto de vista de la etapa en su conjunto, desempeñará de todos modos un papel auxiliar. En esta etapa se ha formado ya en China un amplio frente único y se ha logrado una unidad sin precedentes. Aunque el enemigo, en el intento de realizar su plan de decisión rápida y conquistar toda China sin mucho esfuerzo, ha recurrido y seguirá recurriendo a medios ruines y desvergonzados para inducir a China a la capitulación, hasta ahora ha fracasado, y difícilmente logrará éxito en el futuro. En esta etapa, China sufrirá grandes pérdidas, pero al mismo tiempo realizará notables progresos, que se convertirán en la base principal para la continuación de la Guerra de Resistencia en la segunda etapa. En la etapa actual, la Unión Soviética ha prestado ya una ayuda cuantiosa a China. En lo que respecta al enemigo, ya se observan señales del descenso de su moral, y el ímpetu ofensivo de sus tropas terrestres es ahora, en la fase media de esta etapa, menor que en la fase inicial, y disminuirá aún más en la fase final. Las finanzas y la economía del Japón empiezan a mostrar indicios de agotamiento; entre su población y sus soldados apunta el cansancio de la guerra, y en el seno de la camarilla que la dirige comienza a manifestarse la "decepción de la guerra" y crece el pesimismo respecto a las perspectivas del conflicto.
   
37. La segunda etapa puede ser denominada de equilibrio estratégico. Al final de la primera etapa, debido a su escasez de tropas y a nuestra firme resistencia, el enemigo se verá obligado a fijar, dentro de ciertos límites, el punto final de su ofensiva estratégica. Llegado a este punto, detendrá su ofensiva y entrará en la etapa de consolidación del territorio ocupado. En esta segunda etapa, el enemigo tratará de consolidar ese territorio, de apropiárselo recurriendo al engañoso método de establecer gobiernos títeres, y de saquear hasta el máximo al pueblo chino; pero entonces tendrá que enfrentar una tenaz guerra de guerrillas. Aprovechando que la retaguardia del enemigo está débilmente guarnecida, nuestra guerra de guerrillas habrá experimentado un amplio desarrollo en la primera etapa y se habrá creado muchas bases de apoyo, lo que constituirá una seria amenaza para el intento del enemigo de consolidar el territorio ocupado; así, durante la segunda etapa, seguirán entablándose operaciones militares en vastas zonas. En dicha etapa, nuestra forma de lucha será principalmente la
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guerra de guerrillas; complementada por la de movimientos. China contará todavía con un gran ejército regular, pero le será difícil pasar pronto a la contraofensiva estratégica, pues de un lado, el enemigo adoptará una posición estratégicamente defensiva en las grandes ciudades y a lo largo de las principales vías de comunicación ocupadas por él, y del otro, las condiciones técnicas de China distarán aún de ser adecuadas. A excepción de las tropas dedicadas a defender los frentes, gran cantidad de nuestras fuerzas se trasladarán a la retaguardia enemiga para actuar en formaciones relativamente dispersas, y apoyándose en las zonas que el enemigo no haya ocupado y en coordinación con las fuerzas armadas de la población local, desencadenarán una vasta y violenta guerra de guerrillas contra las zonas ocupadas y, en la medida de sus posibilidades, obligarán al enemigo a desplazarse a fin de destruirlo en operaciones móviles, como se hace actualmente en la provincia de Shansí. En esta etapa, la guerra será cruel y muchas regiones del país sufrirán una grave devastación. Pero la guerra de guerrillas tendrá éxito y, de ser bien conducida, hará que el enemigo sólo pueda conservar aproximadamente una tercera parte del territorio ocupado, mientras que alrededor de dos terceras partes se encontrarán en nuestras manos. Esto constituirá una gran derrota para el enemigo y una gran victoria para China. Para entonces, todo el territorio ocupado por el enemigo estará dividido en tres categorías: bases enemigas, bases de apoyo de la guerra de guerrillas y zonas guerrilleras disputadas por ambas partes. La duración de esta etapa dependerá del grado en que cambie la correlación de fuerzas entre el enemigo y nosotros y de los cambios en la situación internacional. Hablando en general, debemos estar preparados para atravesar una etapa relativamente larga y recorrer un camino penoso. Será un período muy doloroso para China. El país enfrentará dos graves problemas: las dificultades económicas y las actividades de zapa de los colaboracionistas. El enemigo desplegará febrilmente sus actividades para socavar el frente único de China, y todas las organizaciones de los colaboracionistas en las zonas ocupadas se fusionarán para formar un "gobierno unificado ". Dentro de nuestras filas, debido a la pérdida de grandes ciudades y a las dificultades causadas por la guerra; los elementos vacilantes abogarán a voz en cuello por el compromiso, y el estado de ánimo pesimista alcanzará serias proporciones. Nuestras tareas entonces consistirán en movilizar a las masas populares de todo el país para que se unan como un solo hombre y perseveren con inquebrantable firmeza en la guerra; ampliar y consolidar el frente único; barrer todo pesi-
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mismo y toda idea de compromiso; promover el espíritu de tenacidad en la lucha, y poner en práctica una nueva política de tiempos de guerra, a fin de salir airosos de esta difícil prueba. En esta segunda etapa, tendremos que llamar a todo el país a mantener con decisión un gobierno unificado y oponerse a la división; tendremos que mejorar sistemáticamente nuestra técnica de combate, transformar el ejército, movilizar a todo el pueblo y prepararnos para la contraofensiva. En esta etapa, la situación internacional se tornará aún más desfavorable para el Japón, y aunque puedan surgir cantinelas del "realismo" tipo Chamberlain que se acomoda a los "hechos consumados", las principales fuerzas internacionales brindarán mayor ayuda a China. La amenaza del Japón contra el Sudeste de Asia y contra Siberia será mayor, e incluso es posible que estalle otra guerra. En lo que atañe al Japón, decenas de sus divisiones permanecerán irremediablemente empantanadas en China. La vasta guerra de guerrillas y el amplio movimiento popular antijaponés fatigarán a esta enorme fuerza enemiga, desgastándola en gran medida, por una parte, y por la otra, quebrantando su moral al avivar su nostalgia y acrecentar su sentimiento de apatía e incluso hostilidad hacia la guerra. Aunque no puede decirse que el Japón no logre absolutamente nada en su pillaje de China, sin embargo, falto de capital y hostigado por la guerra de guerrillas, no podrá obtener resultados rápidos ni sustanciales. Esta segunda etapa será la de transición de la guerra en su conjunto y también el periodo más duro, pero marcará su punto de viraje. El que China se convierta en país independiente o sea reducida a colonia, no lo determina la conservación o la pérdida de las grandes ciudades en la primera etapa, sino la magnitud del esfuerzo de toda la nación en la segunda. Si perseveramos en la Resistencia, en el frente único y en la guerra prolongada, China adquirirá en esta etapa la fuerza suficiente para convenirse de la parte débil en la fuerte. Este será el segundo de los tres actos en el drama de la Guerra de Resistencia de China. Con los esfuerzos de todos los actores, será posible representar un brillantísimo acto final.
   
38. La tercera etapa será la de nuestra contraofensiva para recuperar el territorio perdido. Su recuperación dependerá principalmente de la fuerza que China haya preparado en la etapa precedente y que continuará creciendo en la tercera. Pero la sola fuerza de China no será suficiente, y tendremos que contar con la ayuda de las fuerzas internacionales y con aquella representada por los cambios que se operen dentro del Japón; de otro modo no podremos triunfar. Esto aumenta
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las tareas de China en la propaganda para el extranjero y en las actividades diplomáticas. En esta etapa, ya no estaremos a la defensiva estratégica, sino que pasaremos a la contraofensiva estratégica, la cual asumirá la forma de ofensiva estratégica; en vez de seguir operando en líneas estratégicamente interiores, pasaremos poco a poco a operar en líneas estratégicamente exteriores. La guerra no podrá considerarse como terminada hasta que nuestro ejército llegue al río Yalu. La tercera etapa será la última de la guerra prolongada, y cuando hablamos de perseverar en la guerra hasta el final, queremos decir que es necesario recorrer toda esta etapa. En ella nuestra principal forma de lucha será, de nuevo, la guerra de movimientos, pero la guerra de posiciones ocupará un lugar destacado. Mientras en la primera etapa la defensa de posiciones no puede considerarse como importante debido a las condiciones de este momento, el ataque a posiciones asumirá bastante importancia en la tercera etapa en virtud de los cambios producidos en las condiciones y debido a las exigencias de las tareas. En esta etapa, la guerra de guerrillas volverá a desempeñar un papel auxiliar, de apoyo estratégico a la guerra de movimientos y a la de posiciones, en lugar de ser la forma principal como en la segunda etapa.
   
39. En tales circunstancias es evidente que la guerra será prolongada y, por lo tanto, encarnizada. El enemigo no podrá engullirse por completo a China, pero sí ocupar muchas de sus regiones por un tiempo considerable. China no podrá expulsar con rapidez a los invasores japoneses, pero conservará en sus manos la mayor parte de su territorio. Al final, el enemigo será derrotado y nosotros venceremos; pero será preciso recorrer un penoso camino.
   
40. De esta guerra larga y encarnizada, el pueblo chino saldrá bien templado. Los partidos políticos que participan en la guerra también serán sometidos a temple y prueba. El frente único debe ser mantenido firmemente; sólo manteniéndolo podremos perseverar en la guerra, y sólo perseverando en el frente único y en la guerra podremos obtener la victoria final. únicamente así conseguiremos superar todas las dificultades. Después de recorrer en la guerra el sendero escabroso, llegaremos al camino real de la victoria. Esta es la lógica natural de la guerra.
   
41. En las tres etapas, los cambios en la correlación de fuerzas entre el enemigo y nosotros se operarán según el orden siguiente: En la primera etapa, el enemigo es superior en fuerza y nosotros inferiores. Con respecto a esta inferioridad nuestra, es preciso tener en cuenta dos tipos diferentes de cambios que se producen desde vísperas de la
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Guerra de Resistencia hasta el final de esta etapa. Los del primer tipo son cambios desfavorables. La inferioridad inicial de China se agrava con las pérdidas sufridas durante la primera etapa, es decir, disminución de territorio, población, recursos económicos, potencia militar e instituciones culturales. Dichas pérdidas podrán ser considerables hacia el final de la primera etapa, especialmente en el aspecto económico. Este hecho será explotado por algunos como argumento en favor de sus teorías de la subyugación nacional y del compromiso. Pero es preciso tener en cuenta los cambios del segundo tipo, los favorables: experiencia adquirida en la guerra, progreso en el ejército, progreso político, movilización del pueblo, desarrollo cultural en una nueva dirección, surgimiento de la guerra de guerrillas, aumento de la ayuda internacional, etc. En la primera etapa, lo que declina es la vieja cantidad y la vieja calidad, y este fenómeno es principalmente de orden cuantitativo. Lo que asciende es la nueva cantidad y la nueva calidad, y este fenómeno es principalmente de orden cualitativo. los cambios del segundo tipo nos proporcionan una base para sostener una guerra prolongada y lograr la victoria final.
   
42. En la primera etapa, también se producen dos tipos de cambios en el bando enemigo. Los del primer tipo son cambios desfavorables, que representan centenares de miles de bajas, consumo de armas y municiones, descenso de la moral de las tropas, descontento del pueblo japonés, disminución del comercio, gasto de más de diez mil millones de yenes, condenación de la opinión pública mundial, etc. Esto nos proporciona otra base para sostener una guerra prolongada y lograr la victoria final. Pero asimismo deben tenerse en cuenta los cambios del segundo tipo, los favorables, en el bando enemigo: aumento de territorio, habitantes y recursos materiales en su poder. Esto también constituye una razón para probar que nuestra Guerra de Resistencia será prolongada y que la victoria rápida es imposible; al mismo tiempo, algunos lo explotarán como argumento en favor de sus teorías de la subyugación nacional y del compromiso. No obstante, debemos tener en cuenta el carácter transitorio y parcial de estos cambios favorables en el campo enemigo. EL Japón es una potencia imperialista condenada al derrumbamiento, y su ocupación de territorio chino no puede ser sino temporal. El vigoroso desarrollo de la guerra de guerrillas de China restringirá de hecho su esfera de ocupación a estrechas miras: Además, su ocupación de territorio chino ha engendrado nuevas contradicciones entre el Japón y otros países y profundizado las que ya existían. Más aún, como lo demuestra la experiencia en las tres
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provincias del Nordeste, en general esta ocupación sólo significará para el Japón, durante un período considerable, inversión de capital y no obtención de ganancias. Todo esto nos proporciona asimismo argumentos para desbaratar las teorías de la subyugación nacional y del compromiso y establecer las de la guerra prolongada y de la victoria final.
   
43. En la segunda etapa, continuarán desarrollándose en ambos bandos los cambios antes mencionados; aunque no se puede predecir en detalle la situación, en términos generales podemos afirmar que el Japón continuará en descenso y China en ascenso[10]. Por ejemplo, el Japón sufrirá un cuantioso desgaste de sus recursos militares y financieros a causa de la guerra de guerrillas de China; crecerá el descontento entre su población; bajará aún más la moral de sus tropas, y su aislamiento internacional se agravará. En cuanto a China, habrá progresos aún mayores en lo político, militar y cultural y en la movilización del pueblo; se desarrollará aún más la guerra de guerrillas; su economía experimentará cierto desarrollo nuevo sobre la base de la pequeña industria y la agricultura de las vastas zonas del interior del país; la ayuda internacional aumentará en forma gradual, y el cuadro entero ofrecerá un aspecto muy distinto del actual. La segunda etapa probablemente durará un tiempo bastante largo, durante el cual se producirán grandes cambios en la correlación de fuerzas: China se elevará poco a poco y el Japón declinará más y más. China saldrá de su inferioridad y el Japón perderá su superioridad, de modo que, tras un período de paridad, la correlación de fuerzas entre los dos países quedará invertida. Entonces China habrá completado en lo fundamental sus preparativos para la contraofensiva estratégica y entrará en la etapa de contraofensiva y de expulsión del enemigo. Es necesario subrayar una vez más que el cambio de inferioridad en superioridad y la conclusión de los preparativos para la contraofensiva implican el aumento de la fuerza de China, de las dificultades del Japón y de la ayuda internacional que recibamos. La combinación de estos factores asegurará a China la superioridad y le permitirá dar cima a los preparativos para su contraofensiva.
   
44. Debido a la desigualdad del desarrollo político y económico de China, la contraofensiva estratégica de la tercera etapa no será, en su fase inicial, uniforme y armoniosa en todo el país, sino que tendrá un carácter zonal, ascendiendo en un lugar y descendiendo en otro. Durante esta etapa, el enemigo no cejará en sus intentos de escindir por todos los medios posibles el frente único de China, por lo cual la tarea
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de mantener la unidad interna del país se tornará aún más importante, y tendremos que velar porque la contraofensiva estratégica no se malogre a mitad de camino por disensiones internas. En este período, la situación internacional se volverá muy favorable para nosotros. La tarea de China será aprovecharla para alcanzar su total liberación y establecer un Estado democrático independiente, lo cual ayudará, a su vez, al movimiento antifascista mundial.
   
45. China pasará de la inferioridad a la paridad de fuerzas, y luego a la superioridad; el Japón, de la superioridad a la paridad, y luego a la inferioridad: China pasará de la defensiva al equilibrio, y luego a la contraofensiva; el Japón, de la ofensiva a la consolidación, y luego a la retirada. He aquí el proceso de la guerra chino-japonesa y su curso lógico.
   
46. Así, llegamos a las siguientes conclusiones para las preguntas planteadas: ¿Será China subyugada? Respuesta: No, no lo será, y la victoria final será suya. ¿Puede China vencer rápidamente? Respuesta: No, no puede vencer rápidamente, y la guerra tiene que ser prolongada. ¿Son correctas estas conclusiones? Creo que sí.
   
47. Al llegar a este punto, los partidarios de las teorías de la subyugación nacional y del compromiso se presentarán nuevamente a decir: Para pasar de la inferioridad a la paridad, China necesitará una potencia militar y económica igual a la del Japón, y para pasar de la paridad a la superioridad, necesitará una potencia militar y económica superior a la del Japón; pero como esto es imposible, las conclusiones precedentes son incorrectas.
   
48. Esta es la llamada teoría de que "las armas lo deciden todo"[11], teoría mecanicista y punto de vista subjetivo y unilateral sobre el problema de la guerra. Nuestro punto de vista es opuesto a esta teoría; no sólo tenemos en cuenta las armas, sino también los hombres. Las armas son un factor importante en la guerra, pero no el decisivo. El factor decisivo es el hombre, y no las cosas. La correlación de fuerzas es determinada no sólo por la potencia militar y económica, sino también por los recursos humanos y el apoyo popular. La potencia militar y económica es manejada por el hombre Si la gran mayoría de los chinos, de los japoneses y de la población de otros países se colocan del lado de nuestra Guerra de Resistencia, ¿podrá considerarse como superioridad la potencia militar y económica que una ínfima minoría del Japón detenta por la fuerza? Y si no puede considerarse así, ¿no pasará entonces China a ser superior, a pesar de disponer de una fuerza militar y económica relativamente inferior? Está fuera de toda duda que la
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potencia militar y económica de China crecerá en forma gradual, siempre que China persevere en la Guerra de Resistencia y en el frente único. En cuanto a nuestro enemigo, que será debilitado por la larga guerra y las contradicciones internas y externas, su potencia militar y económica sufrirá inevitablemente un cambio en sentido inverso. En tales circunstancias, ¿acaso no podrá China convenirse en superior? Y esto aún no es todo. En el momento actual todavía no podemos contar manifiesta y ampliamente con la potencia militar y económica de otros países, pero ¿acaso tampoco podremos hacerlo en el futuro? Si el adversario del Japón no es sólo China, si en el futuro uno o varios países emplean abiertamente una parte considerable de su potencia militar y económica para defenderse del Japón o atacarlo y nos ayudan abiertamente, entonces ¿no será aún mayor nuestra superioridad? El Japón es un país pequeño, sostiene una guerra retrógrada y bárbara, y quedará cada vez más aislado en el plano internacional. China es un país grande, realiza una guerra progresista y justa, y gozará de un apoyo internacional cada vez mayor. Después de un largo periodo de desarrollo, ¿no invertirán todos estos factores, en forma definitiva, la relación de superioridad e inferioridad entre el enemigo y nosotros?
   
49. Los partidarios de la teoría de la victoria rápida, sin embargo, no comprenden que la guerra es una pugna de fuerzas, y tratan de dar batallas estratégicamente decisivas para acortar el camino de la liberación, antes de que se haya producido un determinado cambio en la correlación de fuerzas entre los contendientes. Esto también es infundado. Si pusieran en práctica sus ideas, se estrellarían inevitablemente contra el muro. O quizás hablen sólo por el placer de hablar, sin la intención de ponerlas realmente en práctica. A la postre, su señoría la Realidad vendrá y arrojará un balde de agua fría sobre estos charlatanes, mostrándolos como simples fabricantes de frases que buscan obtener las cosas a bajo precio, que sueñan con cosechar sin haber sembrado. Este tipo de charlatanería ha existido y existe, aunque no está muy difundida. Es posible que aumente cuando la guerra llegue a la etapa de equilibrio y a la de contraofensiva. Pero, entretanto, si China sufre pérdidas relativamente importantes en la primera etapa, y si la segunda se prolonga mucho, se pondrán más en boga las teorías de la subyugación nacional y del compromiso. Por lo tanto, nuestro fuego debe dirigirse principalmente contra estas teorías, y sólo en segundo lugar contra la cháchara sobre la victoria rápida.
   
50. Ya está fuera de duda que la guerra será prolongada; pero nadie puede predecir con exactitud cuántos años y meses durará, pues
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ello depende por completo de la medida en que cambie la correlación de fuerzas entre el enemigo y nosotros. Todos aquellos que quieren abreviar la duración de la guerra, no tienen otro recurso que esforzarse por aumentar nuestra propia fuerza y reducir la del enemigo. Hablando concretamente, el único camino es el de esforzarnos en ganar más batallas y desgastar a las tropas enemigas; en desarrollar la guerra de guerrillas para reducir al mínimo el territorio ocupado por el enemigo; en consolidar y ampliar el frente único para unir las fuerzas de toda la nación; en formar un nuevo ejército y desarrollar una nueva industria de guerra; en promover el progreso político, económico y cultural; en movilizar a los obreros, campesinos, hombres de negocios, intelectuales y otros sectores del pueblo; en desintegrar a las tropas enemigas y ganarnos a sus soldados; en realizar propaganda para el exterior a fin de conseguir la ayuda internacional, y en ganarnos el apoyo del pueblo japonés y de las naciones oprimidas. Sólo haciendo todo esto podremos abreviar la duración de la guerra. No hay ningún atajo posible.
   
51. Podemos decir con certeza que la Guerra de Resistencia contra el Japón, guerra prolongada, escribirá una página gloriosa y excepcional en la historia de las guerras de la humanidad. Una de las peculiaridades notables de esta guerra es su carácter de interpenetración, producto de factores contradictorios como la barbarie y la escasez de tropas del Japón, por un lado, y el carácter progresista de China y su extenso territorio, por el otro. En la historia ha habido otras guerras de interpenetración, como la guerra civil de tres años en Rusia después de la Revolución de Octubre. Pero lo que distingue a este tipo de guerra en China es su duración y amplitud excepcionales; en este sentido establecerá una nueva marca en la historia. La interpenetración se manifiesta en los siguientes rasgos.
   
52. Líneas interiores y exteriores. La Guerra de Resistencia contra el Japón se realiza, en su conjunto, en líneas interiores. Pero, en cuanto a la relación entre las tropas regulares y las guerrillas, las primeras operan en líneas interiores y las últimas, en exteriores, ofreciendo un cuadro extraordinario de tenazas en torno al enemigo. Lo mismo puede decirse respecto a la relación entre las distintas zonas guerrilleras. Desde su propio punto de vista, cada zona guerrillera se
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encuentra en líneas interiores, y las demás, en exteriores, formando así una multitud de líneas de fuego entre las cuales se halla atenazado el enemigo. En la primera etapa de la guerra, el ejército regular, que opera estratégicamente en líneas interiores, se repliega, mientras las guerrillas, que operan estratégicamente en líneas exteriores, avanzan por amplias zonas a pasos agigantados sobre la retaguardia enemiga, continuando este avance, con mayor ímpetu aún, en la segunda etapa. De esta forma, se produce una combinación extremadamente original de repliegue y avance.
   
53. Existencia y ausencia de retaguardia. Las tropas regulares, que tienen su frente de operaciones en los límites exteriores del territorio ocupado por el enemigo, se apoyan en la retaguardia general del país. Las guerrillas, que tienen el suyo en la retaguardia enemiga, están separadas de la retaguardia general del país. Pero cada zona guerrillera posee una pequeña retaguardia, sobre la cual se apoya para establecer un frente móvil de operaciones. Es diferente el caso de los destacamentos guerrilleros enviados de una zona guerrillera a la retaguardia enemiga situada en la misma región para efectuar actividades temporales. Estos destacamentos no tienen ni retaguardia ni frente de operaciones. Las "operaciones sin retaguardia" constituyen un rasgo peculiar de la guerra revolucionaria en la nueva época, en un país que cuenta con un vasto territorio; un pueblo progresista y un partido político y ejército avanzados. No hay ninguna razón para temer las operaciones de este tipo, ya que únicamente pueden reportar provecho; en vez de ponerlas en tela de juicio, hay que promoverlas.
   
54. Cerco y contracerco. Tomando la guerra en su conjunto, no cabe duda de que nos encontramos cercados estratégicamente por el enemigo; por cuanto éste se halla a la ofensiva estratégica y opera en líneas exteriores, mientras nosotros estamos a la defensiva estratégica y operamos en líneas interiores. Este es el primer tipo de cerco que nos impone el enemigo. Debido a que, con relación a las fuerzas enemigas que desde líneas estratégicamente exteriores avanzan sobre nosotros en varias columnas, aplicamos el principio de operaciones en líneas exteriores en campañas y combates empleando fuerzas numéricamente superiores, podemos cercar a una o varias de esas columnas enemigas. Este es el primer tipo de contracerco que imponemos al enemigo. Luego, si se consideran por separado las bases de apoyo guerrilleras en la retaguardia enemiga, cada una de ellas está rodeada por el enemigo, ya sea por todos lados, como la zona de las montañas Wutai, ya sea por tres lados, como el Noroeste de Shansí. Este es el segundo
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tipo de cerco que nos impone el enemigo. Sin embargo, si consideramos las diversas bases de apoyo guerrilleras en su vinculación mutua y cada una en su relación con las posiciones de las fuerzas regulares, vemos que, a nuestra vez, rodeamos a una gran cantidad de fuerzas enemigas. En la provincia de Shansí, por ejemplo, hemos rodeado el ferrocarril Tatung-Puchou por tres lados (Este, Oeste y extremo sur) y la ciudad de Taiyuán por todos lados. En las provincias de Jopei y Shantung también se pueden encontrar muchos ejemplos similares. Este es el segundo tipo de contracerco que imponemos al enemigo. De este modo, existen dos tipos de cerco recíproco entre nosotros y el enemigo, más o menos como en una partida de weichi. Las campañas y combates entre ambos bandos se asemejan a la toma de piezas y el establecimiento de puntos de apoyo del enemigo (como la ciudad de Taiyuán) y de nuestras bases de apoyo guerrilleras (como las montañas Wutai), a las jugadas para dominar espacios en el tablero. Si se amplía la partida de weichi a una escala mundial, entonces habrá todavía un tercer tipo de cerco recíproco, o sea, la interrelación entre el frente de la agresión y el de la paz. Con el primer frente, el enemigo cerca a países como China, la Unión Soviética, Francia y Checoslovaquia, en tanto que nosotros, con el segundo frente, imponemos el contracerco a Alemania, el Japón e Italia. Pero nuestro cerco, al igual que la mano de Buda, se convertirá en una Montaña de los Cinco Elementos que atraviese todo el Universo, y los Sun Wu-kung modernos -- los agresores Fascistas -- serán fácilmente enterrados debajo de ella, para no levantarse más[12]. Por eso, si en el plano internacional logramos crear un frente antijaponés en la región del Pacífico, con China como una unidad estratégica, con la Unión Soviética y otros países que puedan incorporarse a él como otras tantas unidades estratégicas, y con el movimiento del pueblo japonés como una unidad estratégica más, formaremos una gigantesca red mundial de la que los Sun Wu-kung fascistas no podrán escapar; entonces habrá llegado el día final para nuestro enemigo. Efectivamente, el momento en que se forme, en lo esencial, esta red mundial, será sin duda el día del derrumbamiento total del imperialismo japonés. Esto no es de ninguna manera una broma; se trata de la tendencia inevitable de la guerra.
   
55. Zonas grandes y pequeñas. Existe la posibilidad de que el enemigo se apodere de la mayor parte del territorio chino al Sur de la Gran Muralla, y que sólo permanezca intacta la parte menor. Este es un aspecto de la situación. Mas, dentro de esta parte mayor a diferencia de las tres provincias del Nordeste, el enemigo sólo podrá
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ocupar realmente las grandes ciudades, las principales vías de comunicación y algunos sectores de las llanuras, es decir, objetivos de primer orden en cuanto a su importancia, pero que, por su extensión y población, constituirán probablemente la parte menor del territorio ocupado, en tanto que las zonas guerrilleras, que se desarrollarán por doquier, constituirán la parte mayor. Este es otro aspecto de la situación. Ahora, si no nos circunscribimos al territorio situado al Sur de la Gran Muralla y tomamos en cuenta Mongolia, Sinchiang, Chingjai y el Tíbet, las zonas no ocupadas seguirán constituyendo la parte mayor del territorio de China, mientras las zonas ocupadas por el enemigo, aun incluyendo las tres provincias del Nordeste, representarán tan sólo la parte menor. Este es el tercer aspecto de la situación. Las regiones no ocupadas tienen, por supuesto, una gran importancia para nosotros, y debemos consagrar grandes esfuerzos a su desarrollo, no sólo en los terrenos político, militar y económico, sino también, y esto es igualmente importante, en el cultural. El enemigo ha transformado nuestros antiguos centros de cultura en zonas culturalmente atrasadas, y nosotros, a nuestra vez, tenemos que transformar las antiguas zonas culturalmente atrasadas en centros de cultura. Por otra parte, es también de suma importancia la tarea de desarrollar las extensas zonas guerrilleras en la retaguardia enemiga, y debemos llevarla a cabo en todos los terrenos, incluido el cultural. En resumen, las grandes. zonas rurales de China se convertirán en regiones de progreso y luz, mientras que las pequeñas zonas ocupadas por el enemigo, en especial las grandes ciudades, se convertirán temporalmente en islotes de atraso y tinieblas.
   
56. Así vemos como la larga y vasta Guerra de Resistencia contra el Japón será una guerra de interpenetración en los aspectos militar, político, económico y cultural, magnífico espectáculo en la historia de las guerras, heroica empresa de la nación china, grandiosa proeza que conmoverá a toda la Tierra. Esta guerra no sólo influirá sobre China y el Japón, impulsando grandemente el progreso de ambos países, sino también sobre el mundo entero, impulsando el progreso de todas las naciones, y antes que nada, de las naciones oprimidas, como la India. Todos los chinos deben participar con plena conciencia en esta guerra de interpenetración; ésta es la forma de guerra mediante la cual la nación china lucha por su propia liberación, la forma peculiar de la guerra de liberación sostenida por un país grande y semicolonial en los años 30 y 40 del siglo XX.
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57. La naturaleza prolongada de la Guerra de Resistencia de China contra el Japón es inseparable de la lucha por una paz perdurable en China y en el mundo entero. En ninguna época histórica ha estado la guerra tan próxima como hoy a una paz perdurable. Como resultado de la aparición de las clases, la vida de la humanidad a lo largo de milenios ha estado llena de guerras. Son incontables las que ha sostenido cada nación, ya dentro del marco nacional, ya contra otras naciones. En la etapa imperialista del desarrollo de la sociedad capitalista, las guerras han adquirido una envergadura y un encarnizamiento excepcionales. La Primera Gran Guerra imperialista, ocurrida hace veinte años, fue una guerra sin parangón en la historia, mas no la última. Sólo la que ha comenzado ahora está cerca de ser la última, es decir, está próxima a la paz perdurable de la humanidad. Hasta hoy, una tercera parte de la población mundial ha entrado en la guerra: Italia, luego el Japón; Abisinia, después España, luego China. La población de los países beligerantes suma ahora cerca de seiscientos millones, o sea, casi un tercio de la población mundial. Los rasgos peculiares de la guerra actual son su carácter ininterrumpido y su proximidad a la paz perdurable. ¿Por qué es ininterrumpida? Luego de invadir Abisinia, Italia agrede a España, y Alemania se asocia a la agresión. Después, el Japón ataca a China. ¿Qué vendrá a continuación? No cabe duda de que Hitler combatirá contra las grandes potencias. "El fascismo es la guerra"[13]; esto es completamente cierto. No habrá interrupción alguna en la transformación de la guerra actual en una guerra mundial; la humanidad no podrá eludir la calamidad de la guerra. ¿Por qué decimos entonces que esta guerra está próxima a la paz perdurable? La guerra actual es el resultado del desarrollo de la crisis general del capitalismo mundial, que comenzó con la Primera Guerra Mundial; esta crisis general empuja a los países capitalistas a entrar en un nuevo conflicto bélico y, sobre todo, a los países fascistas a emprender nuevas aventuras bélicas. Se puede prever que esta guerra no salvará al capitalismo, sino que lo aproximará a su ruina: Esta guerra será más vasta y encarnizada que la de hace veinte años, abarcará inevitablemente a todas las naciones y será muy prolongada; la humanidad soportará grandes sufrimientos. Pero en el curso de ella, debido a la existencia de la Unión Soviética y a la elevación de la conciencia política de los pueblos del mundo,
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surgirán sin duda grandiosas guerras revolucionarias para oponerse a todas las guerras contrarrevolucionarias, confiriendo así a esta guerra el carácter de lucha por una paz perdurable. Aunque más tarde haya todavía otro período de guerra, ya no estará muy lejos la paz perdurable en el mundo entero. Una vez que la humanidad haya eliminado el capitalismo, entrará en la era de la paz perdurable, y ya no será necesaria la guerra. No se necesitarán entonces ejércitos, buques de guerra, aviones militares ni gases tóxicos. El hombre ya no volverá a ver la guerra por los siglos de los siglos. Las guerras revolucionarias que han comenzado son parte de esta guerra por la paz perdurable. El conflicto entre China y el Japón, países que tienen una población total de más de quinientos millones, ocupará un lugar importante en esta guerra por la paz perdurable, y de ella saldrá la liberación de la nación china. La nueva China liberada, la China del futuro, será inseparable del nuevo mundo liberado. el mundo del futuro. De ahí que nuestra Guerra de Resistencia contra el Japón adquiera el carácter de lucha por una paz perdurable.
   
58. La historia demuestra que las guerras se dividen en dos clases: las justas y las injustas. Todas las guerras progresistas son justas, y todas las que impiden el progreso son injustas. Los comunistas nos oponemos a todas las guerras injustas, que impiden el progreso, pero no estamos en contra de las guerras justas, progresistas. Los comunistas lejos de oponernos a estas últimas, participamos activamente en ellas. . Entre las guerras injustas, la Primera Guerra Mundial fue un caso en que ambos bandos pelearon por intereses imperialistas; por lo tanto, los comunistas del mundo entero se opusieron resueltamente a ella. La forma de combatir una guerra de este tipo es hacer cuanto se pueda por prevenirla antes de que estalle y, si llega a estallar, oponer la guerra a la guerra, oponer la guerra justa a la injusta, tan pronto como sea posible. La guerra que realiza el Japón es una guerra injusta, que impide el progreso, y todos los pueblos del mundo, incluido el japonés, deben oponerse y de hecho se oponen a ella. En China, todos, desde el pueblo hasta el gobierno, desde el Partido Comunista hasta el Kuomintang, han levantado la bandera de la justicia y realizan una guerra revolucionaria nacional contra la agresión. Nuestra guerra es sagrada y justa, es progresista y aspira a la paz. No sólo aspira a la paz de un país, sino también a la de todo el mundo, y no sólo a una paz temporal, sino a una paz perdurable. Para lograr este objetivo, debemos sostener una lucha a muerte, estar preparados para cualquier sacrificio, perseverar hasta el fin y no detenernos jamás antes de
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alcanzar la meta. Serán grandes los sacrificios y hará falta mucho tiempo, pero ya aparece con nitidez ante nosotros un mundo nuevo donde reinarán para siempre la paz y la luz. La convicción con que hacemos esta guerra se basa precisamente en que estamos luchando por una nueva China y un nuevo mundo de paz y luz perdurables. El fascismo y el imperialismo quieren perpetuar las guerras, pero nosotros queremos acabar con ellas en un futuro no muy lejano. Para conseguir este fin, la gran mayoría de la humanidad debe esforzarse al máximo. Los 450 millones de chinos constituyen una cuarta parte de la población del mundo, y si mediante sus esfuerzos mancomunados logran aplastar al imperialismo japonés y crear una nueva China libre e igual en derechos, habrán hecho indudablemente una inmensa contribución a la lucha por una paz perdurable en todo el mundo. Esta no es una esperanza vana, pues el mundo entero ya se aproxima a este punto en el curso de su desarrollo social y económico; y a condición de que la mayoría de los hombres redoble sus esfuerzos, nuestro objetivo será de seguro alcanzado dentro de algunas décadas.
   
* Ciclo de conferencias dictado por el camarada Mao Tse-tung en Yenán del 26 de mayo al 3 de junio de 1939 en la Asociación para el Estudio de la Guerra de Resistencia con el Japón.
Mao : Se necesitan tres condiciones: primera, la creación de un frente único antijaponés en China; segunda, la formación de un frente único antijaponés internacional; tercera, el ascenso del movimiento revolucionario del pueblo japonés y de los pueblos de las colonias japonesas. Para el pueblo chino, la más importante de las tres condiciones es su gran unidad.
Snow : Según piensa usted, ¿cuánto tiempo durará esta guerra?
Mao : Eso dependerá de la fuerza del frente único antijaponés de China, y de cómo se desarrollen muchos otros factores
decisivos para China y para el Japón. Es decir, aparte de la propia fuerza de China, que es lo principal, desempeñarán también un papel importante la ayuda internacional y el apoyo que le preste la revolución en el propio Japón. Si el frente único antijaponés de China se desarrolla con vigor y se organiza eficiente en amplitud y profundidad; si los gobiernos y pueblos convencidos de que el imperialismo japonés amenaza sus propios intereses proporcionan a China la ayuda necesaria, y si la revolución estalla rápidamente en el Japón, entonces la guerra terminará pronto y China obtendrá rápidamente la victoria. Si estas condiciones no se hacen realidad con prontitud, la guerra se prolongará. Pero el resultado será el mismo: el Japón será derrotado y China vencerá, sólo que los sacrificios serán grandes, y habrá que pasar por un período muy doloroso.
Snow : ¿Cuál es su opinión acerca del probable desarrollo de esta guerra en el plano político y militar?
Mao : La política continental del Japón está ya fijada. Quienes se imaginan que un compromiso con el Japón y nuevos sacrificios del territorio y de la soberanía de China pueden detener la ofensiva japonesa, sólo viven de ilusiones. Sabemos a ciencia cierta que también el valle inferior del Yangtsé y nuestros puertos del Sur están ya incluidos en la política continental del imperialismo japonés. Más aún, el Japón aspira a apoderarse de las Filipinas, Siam, Vietnam, la península de Malaca y las Indias Orientales holandesas, con el objeto de aislar a China de otros países y establecer su dominación exclusiva en el Pacífico del Sudoeste. Esta es la política marítima del Japón. En tales circunstancias, está fuera de toda duda que China se encontrará en una situación sumamente difícil. Pero la gran mayoría de los chinos creen que las dificultades pueden superarse. Sólo la gente adinerada de los grandes centros comerciales es derrotista, porque teme perder sus bienes. Muchos piensan que a China le será imposible continuar la guerra una vez que su litoral sea bloqueado por el Japón. Esto es un disparate. Para refutarlo bastaría referirnos a la historia de guerra del Ejército Rojo. La posición de China en la Guerra de Resistencia contra el Japón es muy superior a la del Ejército Rojo durante la guerra civil. China es un país inmenso. Aunque el Japón consiguiese ocupar regiones con cien o incluso doscientos millones de habitantes, estaríamos todavía muy lejos de ser derrotados. Aún nos quedaría una gran fuerza para
Snow : Si la guerra dura mucho tiempo sin que el Japón sea derrotado por completo, ¿aceptaría el Partido Comunista negociar una paz con el Japón y reconocer su dominio en el Nordeste de China?
Mao : No. Al igual que todo el pueblo, el Partido Comunista de China no permitirá que el Japón retenga un solo palmo de territorio chino.
Snow : ¿Cuál es, en su opinión, la línea estratégica fundamental que ha de seguirse en esta guerra liberadora?
Mao : Nuestra línea estratégica debe ser la de emplear nuestras fuerzas principales en operaciones sobre frentes muy dilatados y variables. Para alcanzar la victoria, las tropas chinas deben sostener una guerra de movimientos de gran movilidad en vastos teatros de operaciones, actuar con rapidez tanto en los avances como en las retiradas, tanto en la concentración como en la dispersión. Es decir, una guerra de movimientos en gran escala, y no una guerra de posiciones, que depende exclusivamente de las obras de fortificación con profundos fosos, altas fortalezas y sucesivas líneas defensivas. Esto no significa el abandono de todos los puntos estratégicos vitales, que deben ser defendidos mediante una guerra de posiciones siempre que sea provechoso. Pero la estrategia capaz de transformar toda la situación ha de ser la guerra de movimientos. La guerra de posiciones también es necesaria pero sólo puede desempeñar un papel secundario, auxiliar. Desde el punto de vista geográfico, el teatro de la guerra es tan vasto que nos permite efectuar una guerra de movimientos con la máxima eficacia. Frente a las vigorosas acciones de nuestro ejército, las tropas japonesas tendrán que actuar con prudencia.
Su maquinaria bélica es voluminosa, de movimientos lentos y eficacia limitada. Si concentramos nuestras fuerzas en un estrecho sector del frente para oponer resistencia en una guerra de desgaste, desperdiciaremos las ventajas que nos proporcionan las condiciones geográficas y nuestra organización económica, y repetiremos el error de Abisinia. Debemos evitar toda gran batalla decisiva en el periodo inicial de la guerra, y recurrir primero a la guerra de movimientos para minar la moral y la capacidad combativa de las tropas enemigas.
Además de emplear para la guerra de movimientos tropas adiestradas, debemos organizar gran cantidad de unidades guerrilleras entre los campesinos. Hay que comprender que los destacamentos de voluntarios antijaponeses en las tres provincias del Nordeste, apenas son una pequeña muestra de las fuerzas latentes del campesinado de todo el país que pueden movilizarse para sostener la Guerra de Resistencia. Las fuerzas latentes del campesinado chino son enormes, y basta organizarlas y dirigirlas apropiadamente para no dar sosiego a las tropas japonesas durante las veinticuatro horas del día, abrumándolas basta el agotamiento completo. No hay que olvidar que la guerra se desarrolla en China. Esto significa que las tropas japonesas estarán completamente rodeadas por una población hostil, que se verán obligadas a traer los pertrechos necesarios, y vigilarlos ellas mismas, que tendrán que emplear importantes fuerzas para proteger las líneas de comunicación, manteniéndose constantemente en guardia contra los ataques por sorpresa, y además, guarnecer con gran parte de sus fuerzas a Manchuria y al propio Japón.
En el curso de la guerra, China podrá hacer prisioneros a muchos soldados japoneses y capturar gran cantidad de armas y municiones para pertrecharse a sí misma; al mismo tiempo, procurará obtener ayuda extranjera para reforzar gradualmente el armamento de sus tropas. Por eso, en las postrimerías de la guerra, podrá emprender una guerra de posiciones, atacando las posiciones enemigas en las zonas ocupadas. De este modo, la economía del Japón se derrumbará a consecuencia del prolongado desgaste causado por la Guerra de Resistencia de China, y sus tropas se desmoralizarán en el curso de innumerables batallas extenuativas. En cuanto a China, sus fuerzas latentes de resistencia brotarán con pujanza creciente y, en un inmenso torrente ininterrumpido, las masas populares revolucionarias marcharán al frente para
La resistencia ofrecida el 7 de julio en Lukouchiao señaló el punto de partida para la Guerra de Resistencia de China en escala nacional.
La situación política de China ha entrado así en una nueva etapa: la resistencia efectiva. Ya pertenece al pasado la etapa de preparación para la resistencia. La tarea central de la actual etapa consiste en movilizar a todas las fuerzas para obtener la victoria de la Guerra de Resistencia.
La clave para la victoria reside hoy en desarrollar la Guerra de Resistencia ya iniciada, convirtiéndola en una guerra de resistencia general de toda la nación. Sólo mediante una guerra así, se podrá lograr la victoria final.
Como en la actualidad todavía existen serias deficiencias en la Guerra de Resistencia, podrán presentarse en su curso futuro muchos descalabros, retrocesos, divisiones internas, traiciones, compromisos temporales y parciales y otras situaciones adversas. Por consiguiente, debemos tener en cuenta que ésta será una guerra dura y prolongada. Pero estamos convencidos de que, gracias a los esfuerzos de nuestro Partido y del pueblo entero, la Guerra de Resistencia ya iniciada barrerá todos los obstáculos para continuar su avance y desarrollo.
SUBYUGACION NACIONAL
¿CORRUPCION O PROGRESO?
COMO LA TEORIA DE LA SUBYUGACION NACIONAL