De la colección:
Primera edición 1977 págs. 1-118.
NOTA DEL EDITOR
La presente versión ha sido realizada sobre la base de diversas ediciones en lengua castellana y confrontada con el original ruso.
I N D I C E
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LOS FUNDAMENTOS DEL LENINISMO Conferencias |
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I. |
LAS RAICES HISTORICAS DEL LENINISMO |
4 |
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II. |
EL METODO |
11 |
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III. |
LA TEORIA |
20 |
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IV. |
LA DICTADURA DEL PROLETARIADO |
39 |
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V. |
LA CUESTION CAMPESINA |
52 |
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VI. |
LA CUESTION NACIONAL |
68 |
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VII. |
ESTRATEGIA Y TACTICA |
79 |
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VIII. |
EL PARTIDO |
98 |
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IX. |
EL ESTILO EN EL TRABAJO |
115 |
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A LA PROMOCION LENINISTA
   
Los fundamentos del leninismo: el tema es vasto. Pata agotarlo, haría falta un libro entero. Más aún: haría falta toda una serie de libros. Por eso es natural que mis conferencias no puedan ser consideradas como una exposición completa del leninismo. Serán tan sólo, en el mejor de los casos, un resumen sucinto de los fundamentos del leninismo. No obstante, estimo útil hacer este resumen, a fin de ofrecer algunos puntos fundamentales de partida, necesarios para estudiar con fruto el leninismo.
   
Exponer los fundamentos del leninismo no es aún exponer los fundamentos de la concepción del mundo de Lenin. La concepción del mundo de Lenin y los fundamentos del leninismo no son, por su volumen, una y la misma cosa. Lenin es marxista, y la base de su concepción del mundo es, naturalmente, el marxismo. Pero de esto no se desprende, en modo alguno, que la exposición del leninismo deba comenzar por la de los fundamentos del marxismo. Exponer el leninismo es exponer
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lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo y lo que está asociado a su nombre de modo natural. Sólo en este sentido hablaré en mis conferencias de los fundamentos del leninismo.
   
¿Qué es, pues, el leninismo?
   
Unos dicen que el leninismo es la aplicación del marxismo a las condiciones peculiares de la situación rusa. Esta definición contiene una parte de verdad, pero dista mucho de encerrarla toda. En efecto, Lenin aplicó el marxismo a la realidad de Rusia, y lo aplicó magistralmente. Pero si el leninismo no fuese más que la aplicación del marxismo a la situación peculiar de Rusia, el leninismo sería un fenómeno pura y exclusivamente nacional, pura y exclusivamente ruso. Sin embargo, sabemos que el leninismo es un fenómeno internacional, que tiene raíces en todo el desarrollo internacional, y no un fenómeno exclusivamente ruso. Por eso, yo entiendo que esa definición peca de unilateral.
   
Otros dicen que el leninismo es la resurrección de los elementos revolucionarios del marxismo de la década del 40 del siglo pasado, a diferencia del marxismo de años posteriores, que, según ellos, se hizo moderado y dejó de ser revolucionario. Si pasamos por alto esa división necia y vulgar de la doctrina de Marx en dos partes, una revolucionaria y otra mode rada, hay que reconocer que incluso esa definición, íntegramente defectuosa e insatisfactoria, tiene un algo de verdad. Ese algo de verdad consiste en que Lenin resucitó, efectivamente, el contenido revolucionario del marxismo, enterrado por los oportunistas de la II Internacional. Pero esto no es más que un algo de verdad. La verdad entera del leninismo es que no sólo hizo renacer el marxismo, sino que dio un paso adelante, prosiguiendo el desarrollo del marxismo bajo las
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nuevas condiciones del capitalismo y de la lucha de clase del proletariado.
   
¿Qué es, pues, en fin de cuentas, el leninismo?
   
El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular. Marx y Engels actuaron en el período prerrevolucionario (nos referimos a la revolución proletaria) cuando aún no había un imperialismo desarrollado, en un período de preparación de los proletarios para la revolución, en el período en que la revolución proletaria no era aún directa y prácticamente inevitable. En cambio, Lenin, discípulo de Marx y de Engels, actuó en el período del imperialismo desarrollado, en el período en que se despliega la revolución proletaria, cuando la revolución proletaria ha triunfado ya en un país, ha destruido la democracia burguesa y ha inaugurado la era de la democracia proletaria, la era de los Soviets.
   
Por eso el leninismo es el desarrollo ulterior del marxismo.
   
Suele destacarse el carácter extraordinariamente combativo y extraordinariamente revolucionario del leninismo. Esto es muy cierto. Pero esta particularidad del leninismo se debe a dos causas: en primer lugar, a que el leninismo brotó de la entraña de la revolución proletaria, cuyo sello no puede por menos de ostentar; en segundo lugar, a que se desarrolló y se fortaleció en las batallas contra el oportunismo de la II Internacional, combatir al cual ha sido y sigue siendo una premisa necesaria para luchar con éxito contra el capitalismo. No hay que olvidar que entre Marx y Engels, de una parte, y Lenin, de otra, media todo un período de dominio indiviso del oportunismo de la II Internacional, la lucha implacable contra el
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cual no podía menos de ser una de las tareas más importantes del leninismo.
LAS RAICES HISTORICAS    
El leninismo se desarrolló y se formó bajo el imperialismo, cuando las contradicciones del capitalismo habían llegado ya a su grado extremo, cuando la revolución proletaria se había convertido ya en una cuestión de la actividad práctica inmediata, cuando el antiguo período de preparación de la clase obrera para la revolución había llegado a su tope, cediendo lugar a un nuevo período, al período de asalto directo del capitalismo.
   
Lenin llamó al imperialismo "capitalismo agonizante". ¿Por qué? Porque el imperialismo lleva las contradicciones del capitalismo a su último límite, a su grado extremo, más allá del cual empieza la revolución. Entre estas contradicciones, hay tres que deben ser consideradas como las más importantes.
   
La primera contradicción es la existente entre el trabajo y el capital. El imperialismo es la omnipotencia de los trusts y de los sindicatos monopolistas, de los bancos y de la oligarquía financiera de los países industriales. En la lucha contra esta fuerza omnipotente, los métodos habituales de la clase obrera -- los sindicatos y las cooperativas, los partidos parlamentarios y la lucha parlamentaria -- resultan absolutamente insuficientes. Una de dos: u os entregáis a merced del capital, vegetáis a la antigua y os hundís cada vez más, o empuñáis un arma nueva; así plantea la cuestión el imperialismo a las ma-
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sas de millones de proletarios. El imperialismo lleva a la clase obrera a la revolución.
   
La segunda contradicción es la existente entre los distintos grupos financieros y las distintas potencias imperialistas en su lucha por las fuentes de materias primas, por territorios ajenos. El imperialismo es la exportación de capitales a las fuentes de materias primas, la lucha furiosa por la posesión monopolista de estas fuentes, la lucha por un nuevo reparto del mundo ya repartido, lucha mantenida con particular encarnizamiento por los nuevos grupos financieros y por las nuevas potencias, que buscan "un lugar bajo el sol", contra los viejos grupos y las viejas potencias, tenazmente aferrados a sus conquistas. La particularidad de esta lucha furiosa entre los distintos grupos de capitalistas es que entraña como elemento inevitable las guerras imperialistas, guerras por la conquista de territorios ajenos. Esta circunstancia tiene, a su vez, la particularidad de que lleva al mutuo debilitamiento de los imperialistas, quebranta las posiciones del capitalismo en general, aproxima el momento de la revolución proletaria y hace de esta revolución una necesidad práctica.
   
La tercera contradicción es la existente entre un puñado de naciones "civilizadas" dominantes y centenares de millones de hombres de las colonias y de los países dependientes. El imperialismo es la explotación más descarada y la opresión más inhumana de centenares de millones de habitantes de las inmensas colonias y países dependientes. Extraer superbeneficios: tal es el objetivo de esta explotación y de esta opresión. Pero, al explotar a esos países, el imperialismo se ve obligado a construir en ellos ferrocarriles, fábricas, centros industriales y comerciales. La aparición de la clase de los proletarios, la formación de una intelectualidad del país, el despertar de la conciencia nacional y el incremento del movi-
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miento de liberación son resultados inevitables de esta "política". El incremento del movimiento revolucionario en todas las colonias y en todos los países dependientes, sin excepción, lo evidencia de modo palmario. Esta circunstancia es importante para el proletariado, porque mina de raíz las posiciones del capitalismo, convirtiendo a las colonias y a los países dependientes, de reservas del imperialismo, en reservas de la revolución proletaria.
   
Tales son, en términos generales, las contradicciones principales del imperialismo, que han convertido el antiguo capitalismo "floreciente" en capitalismo agonizante.
   
La importancia de la guerra imperialista desencadenada hace diez años estriba, entre otras cosas, en que juntó en un haz todas estas contradicciones y las arrojó sobre la balanza, acelerando y facilitando con ello las batallas revolucionarias del proletariado.
   
Dicho en otros términos: el imperialismo no sólo ha hecho que la revolución sea prácticamente inevitable, sino que se hayan creado las condiciones favorables para el asalto directo a la fortaleza del capitalismo.
   
Tal es la situación internacionaí que ha engendrado al leninismo.
   
Todo eso está bien, se nos dirá; pero ¿qué tiene que ver con esto Rusia, que no era ni podía ser el país clásico del imperialismo? ¿Qué tiene que ver con esto Lenin, que actuó, ante todo, en Rusia y para Rusia? ¿Por qué fue precisamente Rusia el hogar del leninismo, la cuna de la teoría y de la táctica de la revolución proletaria?
   
Porque Rusia era el punto de convergencia de todas estas contradicciones del imperialismo.
   
Porque Rusia estaba preñada de revolución más que ningún otro país del mundo, y eso hacía que sólo ella se hallase
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en estado de resolver estas contradicciones por vía revolucionaria.
   
Señalaremos en primer lugar que la Rusia zarista era un foco de todo género de opresión -- capitalista, colonial y militar -- en su forma más inhumana y más bárbara. ¿Quién ignora que, en Rusia, la omnipotencia del capital se fundía con el despotismo zarista; la agresividad del nacionalismo ruso, con las atrocidades del zarismo contra los pueblos no rusos; la explotación de zonas enteras -- Turquía, Persia, China --, con la anexión de estas zonas por el zarismo, con las guerras anexionistas? Lenin tenía razón cuando decía que el zarismo era un "imperialismo militar-feudal". El zarismo era la condensación de los aspectos más negativos del imperialismo, elevados al cubo.
   
Además, la Rusia zarista no sólo era una importantísima reserva del imperialismo occidental porque abría sus puertas de par en par al capital extranjero, que tenía en sus manos ramas tan decisivas de la economía nacional de Rusia como los combustibles y la metalurgia, sino también porque podía po ner al servicio de los imperialistas occidentales millones de soldados. Recordad el ejército ruso de catorce millones de hombres, que derramó su sangre en los frentes imperialistas para asegurar fabulosas ganancias a los capitalistas anglo franceses.
   
Además, el zarismo no sólo era el perro de presa del imperialismo en el Oriente de Europa, sino también el agente del imperialismo occidental para exprimir de la población centenares de millones: los intereses de los empréstitos que el zarismo obtenía en París y en Londres, en Berlín y en Bruselas.
   
Finalmente, el zarismo era el aliado más fiel del imperialismo occidental en el reparto de Turquía, de Persia, de China, etc. ¿Quién ignora que el zarismo hacía la guerra imperialista
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aliado a los imperialistas de la Entente y que Rusia era un elemento esencial en esta guerra?
   
Por eso, los intereses del zarismo y del imperialismo occidental se entrelazaban y acababan fundiéndose en una sola madeja de intereses del imperialismo.
   
¿Acaso podía el imperialismo del Occidente resignarse a la pérdida de un puntal tan poderoso en el Oriente y de una fuente tan rica en fuerzas y en recursos, como era la vieja Rusia zarista y burguesa, sin poner a prueba todas sus fuerzas para sostener una lucha a muerte contra la revolución en Rusia, a fin de defender y conservar el zarismo? ¡Naturalmente que no!
   
Pero de aquí se desprende que quien quería golpear al zarismo, levantaba inevitablemente la mano contra el imperialismo; que quien se sublevaba contra el zarismo, tenía que sublevarse también contra el imperialismo, pues quien derrocara al zarismo, si en realidad no pensaba sólo en derribarlo, sino en acabar con él definitivamente, tenía que derrocar también al imperialismo. La revolución contra el zarismo se aproximaba de este modo a la revolución contra el imperialismo, a la revolución proletaria, y debía transformarse en ella.
   
Entretanto, en Rusia iba en ascenso la más grande de las revoluciones populares, a cuyo frente se hallaba el proletariado más revolucionario del mundo, un proletariado que disponía de un aliado tan importante como los campesinos revolucionarios de Rusia. ¿Hace falta, acaso, demostrar que una revolución así no podía quedarse a mitad de camino; que, en caso de triunfar, debía seguir adelante, enarbolando la ban dera de la insurrección contra el imperialismo?
   
Por eso Rusia tenía que convertirse en el punto de convergencia de las contradicciones del imperialismo, no sólo porque en Rusia, precisamente, estas contradicciones se ponían de manifiesto con mayor facilidad a causa de su carácter tan es-
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candaloso y tan intolerable, y no sólo porque Rusia era el puntal más importante del imperialismo occidental, el puntal que unía al capital financiero del Occidente con las colonias del Oriente, sino también porque solamente en Rusia existía una fuerza real capaz de resolver las contradicciones del imperialismo por vía revolucionaria.
   
Pero de esto se desprende que la revolución en Rusia no podía menos de ser proletaria, no podía menos de revestir, desde los primeros momentos de su desarrollo, un carácter internacional, y no podía, por tanto, menos de sacudir los cimientos mismos del imperialismo mundial.
   
¿Acaso los comunistas rusos podían, ante semejante estado de cosas, limitarse en su labor al marco estrechamente nacional de la revolución rusa? ¡Naturalmente que no! Por el contrario, toda la situación, tanto la interior (profunda crisis revolucionaria) como la exterior (la guerra), los empujaba a salirse en su labor de ese marco, a llevar la lucha a la palestra internacional, a poner al desnudo las lacras del imperialismo, a demostrar el carácter inevitable de la bancarrota del capitalismo, a destrozar el socialchovinismo y el socialpacifismo y, por último, a derribar el capitalismo dentro de su país y a forjar para el proletariado un arma nueva de lucha -- la teoría y la táctica de la revolución proletaria --, con el fin de facilitar a los proletarios de todos los países el derrocamiento del capitalismo. Los comunistas rusos no podían obrar de otro modo, pues sólo siguiendo este camino se podía contar con que se produjesen en la situación internacional ciertos cambios, capaces de garantizar a Rusia contra la restauración del régimen burgués.
   
Por eso, Rusia se convirtió en el hogar del leninismo, y el jefe de los comunistas rusos, Lenin, en su creador.
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Con Rusia y con Lenin "ocurrió" aproximadamente lo mismo que había ocurrido con Alemania y con Marx y Engels en la década del 40 del siglo pasado. Entonces, Alemania estaba preñada, como la Rusia de comienzos del siglo XX, de una revolución burguesa. Marx escribió entonces en el Manifiesto del Partido Comunista:
   
"Los comunistas fijan su principal atención en Alemania, porque Alemania se halla en vísperas de una revolución burguesa y porque llevará a cabo esta revolucion bajo las condiciones más progresivas de la civilización europea en general, y con un proletariado mucho más desarrollado que el de Inglaterra en el siglo XVII y el de Francia en el XVIII, y, por lo tanto, la revolucion burguesa alemana no podrá ser sino el preludio inmediato de una revolución proletaria."[2]
   
Dicho en otros términos: el centro del movimiento revolucionario se desplazaba a Alemania.
   
No cabe duda de que precisamente esta circunstancia, apuntada por Marx en el pasaje citado, constituyó la causa probable de que fuese Alemania la cuna del socialismo científico, y los jefes del proletariado alemán, Marx y Engels, sus creadores.
   
Lo mismo hay que decir, pero en mayor grado todavía, de la Rusia de comienzos del siglo XX. En ese período, Rusia se hallaba en vísperas de la revolución burguesa y había de llevar a cabo esta revolución en un ambiente más progresivo en Europa y con un proletariado más desarrollado que el de Alemania en la década del 40 del siglo último (sin hablar ya de Inglaterra y de Francia), además, todo indicaba que esta revolución debía servir de fermento y de prólogo a la revolución proletaria.
   
No puede considerarse casual el hecho de que ya en 1902, cuando la revolución rusa estaba todavía en sus comienzos, Lenin dijese, en su folleto ¿Qué hacer?, estas palabras proféticas:
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"La historia plantea hoy ante nosotros (es decir, ante los marxistas rusos. J. St.) una tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas del proletariado de ningún otro país".
   
Dicho en otros términos: el centro del movimiento revolucionario debía desplazarse a Rusia.
   
Sabido es que el desarrollo de la revolución en Rusia ha justificado, y con creces, esta predicción de Lenin.
   
Y, siendo así, ¿tiene algo de asombroso que el país que ha llevado a cabo semejante revolución y que cuenta con semejante proletariado haya sido la patria de la teoría y la táctica de la revolución proletaria?
   
¿Tiene algo de asombroso que el jefe del proletariado de Rusia, Lenin, haya sido, a la par, el creador de esta teoría y de esta táctica y el jefe del proletariado internacional?
EL METODO
   
He dicho más arriba que entre Marx y Engels, de una parte, y Lenin, de otra, media todo un período de dominio del oportunismo de la II Internacional. Para ser exacto, debo añadir que no se trata aquí de un predominio formal del oportunismo, sino de un dominio efectivo. En apariencia, al frente
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de la II Internacional se encontraban marxistas "fieles", "ortodoxos": Kautsky y otros. Sin embargo, la labor fundamental de la II Internacional seguía, en la práctica, la línea del oportunismo. Los oportunistas, por su innato espíritu de adaptación y su naturaleza pequeñoburguesa, se amoldaban a la burguesía; los "ortodoxos", a su vez, se adaptaban a los oportunistas, para "mantener la unidad" con ellos, en aras de la "paz en el partido". Resultaba de todo esto el dominio del oportunismo, pues la política de la burguesia y la de los "ortodoxos" eran eslabones de una misma cadena.
   
Fue ése un período de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo, el período de anteguerra, por decirlo así, en que las contradicciones catastróficas del imperialismo no habían llegado aún a revelarse en toda su evidencia; un período en que las huelgas económicas de los obreros y los sindicatos se desenvolvían más o menos "normalmente"; en que se obtenían triunfos "vertiginosos" en la lucha electoral y en la actuación de las minorías parlamentarias; en que las formas legales de lucha se ponían por las nubes y se creía "matar" al capitalismo con la legalidad; en una palabra, un período en el que los partidos de la II Internacional iban echando grasa y no querían pensar seriamente en la revolución, en la dictadura del proletariado, en la educación revolucionaria de las masas.
   
En vez de una teoría revolucionaria coherente, tesis teóricas contradictorias y fragmentos de teorías divorciados de la lucha revolucionaria viva de las masas y convertidos en dogmas caducos. Naturalmente, para guardar las formas se in vocaba la teoría de Marx, pero con el fin de despojarla de su espíritu revolucionario vivo.
   
En vez de una política revolucionaria, un filisteísmo fláccido y una politiquería de practicismo mezquino, diplomacia parlamentaria y combinaciones parlamentarias. Naturalmen-
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te, para guardar las formas se adoptaban resoluciones y consignas "revolucionarias", pero con el único fin de meterlas bajo el tapete.
   
En vez de educar al partido y de enseñarle una táctica revolucionaria acertada, a base del análisis de sus propios errores, se eludían meticulosamente los problemas candentes, se los velaba y encubría. Naturalmente, para guardar las formas hablaban a veces de los problemas candentes, pero era con el fin de terminar el asunto con cualquier resolución "elástica".
   
He ahí cuáles eran la fisonomía, los métodos de trabajo y el arsenal de la II Internacional.
   
Entretanto, se acercaba un nuevo período de guerras imperialistas y de batallas revolucionarias del proletariado. Los antiguos métodos de lucha resultaban, a todas luces, insuficientes y precarios ante la omnipotencia del capital financiero.
   
Se imponía revisar toda la labor de la II Internacional, todo su método de trabajo, desarraigando el filisteísmo, la estrechez mental, la politiquería, la apostasía, el socialchovinismo y el socialpacifismo. Se imponía revisar todo el arsenal de la II Internacional, arrojar todo lo herrumbroso y todo lo caduco y forjar nuevas armas. Sin esta labor previa, no había que pensar en lanzarse a la guerra contra el capitalismo. Sin esto, el proletariado corría el riesgo de encontrarse, ante nuevas batallas revolucionarias, mal armado o, ircluso, inerme.
   
El honor de llevar a cabo la revisión general y la limpieza general de los establos de Augias de la II Internacional correspondió al leninismo.
   
Tales fueron las circunstancias en que nació y se forjó el método del leninismo.
   
¿Cuáles son las exigencias de este método?
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Primera: comprobar los dogmas teóricos de la II Internacional en el fuego de la lucha revolucionaria de las masas, en el fuego de la práctica viva; es decir, restablecer la unidad, rota, entre la teoría y la práctica, terminar con el divorcio entre ellas, porque sólo así se puede crear un partido verdaderamente proletario, pertrechado de una teoría revolucionaria.
   
Segunda: comprobar la política de los partidos de la II Internacional, no por sus consignas y sus resoluciones (a las que no se puede conceder ningún crédito), sino por sus hechos, por sus acciones, pues sólo así se puede conquistar y merecer la confianza de las masas proletarias.
   
Tercera: reorganizar toda la labor de partido, dándole una orientación nueva, revolucionaria, con el fin de educar y preparar a las masas para la lucha revolucionaria, pues sólo así se puede preparar a las masas para la revolución proletaria.
   
Cuarta: la autocrítica de los partidos proletarios, su instrucción y educación mediante el análisis de los propios errores, pues sólo así se pueden formar verdaderos cuadros y verdade ros dirigentes de partido.
   
Tales son los fundamentos y la esencia del método del leninismo.
   
¿Cómo se ha aplicado este método en la práctica?
   
Los oportunistas de la II Internacional tienen varios dogmas teóricos, de los cuales arrancan siempre. He aquí algunos de ellos:
   
Primer dogma: sobre las condiciones de la toma del Poder por el proletariado. Los oportunistas afirman que el proletariado no puede ni debe tomar el Poder si no constituye la mayoría dentro del país. No se aduce ninguna prueba, pues no hay forma de justificar, ni teórica ni prácticamente, esta absurda tesis. Admitamos que sea así, contesta Lenin a los señores de la II Internacional. Pero, si se produce una situación histó-
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rica (guerra, crisis agraria, etc.), en la cual el proletariado, siendo una minoría de la población, tiene la posibilidad de agrupar en torno suyo a la inmensa mayoría de las masas trabajadoras, ¿por qué no ha de tomar el Poder? ¿Por qué el proletariado no ha de aprovechar una situación internacional e interior favorable, para romper el frente del capital y acelerar el desenlace general? ¿Acaso no dijo ya Marx, en la década del 50 del siglo pasado, que la revolución proletaria en Alemania podría marchar "magníficamente" si fuera posible apoyarla, digámoslo así, con una "segunda edición de la guerra campesina"[3]? ¿No sabe, acaso, todo el mundo que en Alemania había en aquel entonces relativamente menos proletarios que, por ejemplo, en Rusia en 1917? ¿Acaso la experiencia de la revolución proletaria rusa no ha puesto de manifiesto que este dogma predilecto de los héroes de la II Internacional no tiene la menor significación vital para el proletariado? ¿Acaso no es evidente que la experiencia de la lucha revolucionaria de las masas rebate y deshace ese dogma caduco?
   
Segundo dogma: el proletariado no puede mantenerse en el Poder si no dispone de suficientes cuadros, de hombres ilustrados y de administradores ya hechos, capaces de organizar la gobernación del país. Primero hay que preparar estos cuadros bajo el capitalismo, y luego, tomar el Poder. Admitámoslo, contesta Lenin. Pero ¿por qué no se pueden hacer las cosas de modo que primero se tome el Poder, se creen las condiciones favorables para el desarrollo del proletariado, y luego se avance a pasos agigantados para elevar el nivel cultural de las masas trabajadoras, para preparar numerosos cuadros dirigentes y administrativos de procedencia obrera? ¿Acaso la experiencia de Rusia no ha demostrado que bajo el Poder proletario los dirigentes de procedencia obrera se forman de un modo cien veces más rápido y mejor que bajo el
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Poder del capital? ¿Acaso no es evidente que la experiencia de la lucha revolucionaria de las masas también deshace im placablemente este dogma teórico de los oportunistas?
   
Tercer dogma: el metodo de la huelga general política es inaceptable para el proletariado, ya que resulta teóricamente inconsistente (v. la crítica de Engels), prácticamente peligroso (puede desorganizar la marcha normal de la vida económica del país y puede dejar vacías las cajas de los sindicatos) y no puede sustituir a las formas parlamentarias de lucha, que constituyen la forma principal de la lucha de clase del proletariado. Bien, contestan los leninistas. Pero, en primer lugar, Engels no criticó toda huelga general, sino un determinado tipo de huelga general: la huelga general económica de los anarquistas[4], preconizada por éstos en sustitución de la lucha política del proletariado. ¿Qué tiene que ver con eso el método de la huelga general política? En segundo lugar, ¿quién ha demostrado, y dónde, que la forma parlamentaria de lucha sea la forma principal de lucha del proletariado? ¿Acaso la historia del movimiento revolucionario no demuestra que la lucha parlamentaria no es más que una escuela y una ayuda para la organización de la lucha extraparlamentaria del proletariado, y que, bajo el capitalismo, las cuestiones fundamentales del movimiento obrero se dirimen por la fuerza, por la lucha directa de las masas proletarias, por su huelga general, por su insurrección? En tercer lugar, ¿de dónde se ha tomado eso de la sustitución de la lucha parlamentaria por el método de la huelga general política? ¿Dónde y cuándo han intentado los partidarios de la huelga general política sustituir las formas parlamentarias de lucha por las formas extraparlamentarias? En cuarto lugar, ¿acaso la revolución rusa no ha demostrado que la huelga general política es una gran escuela de la revolución proletaria y un medio insustituible para movilizar y
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organizar a las más amplias masas del proletariado en vísperas del asalto a la fortaleza del capitalismo? ¿A qué vienen esas lamentaciones de filisteo sobre la desorganización de la marcha normal de la vida económica y sobre las cajas de los sindicatos? ¿Acaso no es evidente que la experiencia de la lucha revolucionaria destruye también este dogma de los oportunistas?
   
Y así sucesivamente.
   
Por eso Lenin decía que "la teoría revolucionaria no es un dogma" y que "sólo se forma definitivamente en estrecha relación con la experiencia práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario" (La enfermedad infantil [5]), porque la teoría debe servir a la práctica, porque "la teoría debe dar respuesta a las cuestiones plan teadas por la práctica" (Los "amigos del pueblo" [6]), porque debe contrastarse con hechos de la práctica.
   
En cuanto a las consignas políticas y a los acuerdos políticos de los partidos de la II Internacional, basta recordar la historia de la consigna "guerra a la guerra" para comprender toda la falsedad y toda la podredumbre de la práctica política de estos partidos, que encubren su obra antirrevolucionaria con pomposas consignas y resoluciones revolucionarias. Todo el mundo recuerda las aparatosas manifestaciones hechas por la II Internacional en el Congreso de Basilea[7], en las que se amenazaba a los imperialistas con todos los horrores de la insurrección, si se decidían a desencadenar la guerra, y en las que se lanzó la temible consigna de "guerra a la guerra". Pero ¿quién no recuerda que, poco tiempo después, ante el comienzo mismo de la guerra, la resolución de Basilea fue metida bajo el tapete, dándose a los obreros una nueva consigna: la de exterminarse mutuamente para mayor gloria de la patria capitalista? ¿Acaso no es evidente que las resoluciones y las consignas revoluciona-
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rias no valen nada si no son respaldadas por los hechos? No hay más que comparar la política leninista de transformación de la guerra imperialista en guerra civil con la política de traición de la II Internacional durante la guerra, para comprender toda la trivialidad de los politicastros del oportunismo y toda la grandeza del método del leninismo.
   
No puedo por menos de reproducir aquí un pasaje del libro de Lenin La revolución proletaria y el renegado Kautsky, en el que Lenin fustiga duramente la tentativa oportunista del líder de la II Internacional C. Kautsky de no juzgar a los partidos por sus hechos, sino por sus consignas estampadas sobre el papel y por sus documentos:
   
"Kautsky lleva a cabo una política típicamente pequeñoburguesa, filistea, imaginándose . . . que con lanzar una consigna cambian las cosas. Toda la historia de la democracia burguesa denuncia esta ilusión: para engañar al pueblo, los demócratas burgueses han lanzado y lanzan siempre todas las 'consignas' imaginables. El problema consiste en comprobar su sinceridad, en contraponer las palabras con los hechos en no contentarse con frases idealistas o charlatanescas, sino en indagar su fondo de clase " (v. t. XXIII, pág. 377).
   
No hablo ya del miedo de los partidos de la II Internacional a la autocrítica, de su costumbre de ocultar los errores, de velar los problemas espinosos, de disimular los defectos con una ostentación de falsa prosperidad que embota el pensamiento vivo y frena la educación revolucionaria del partido sobre la base del análisis de sus propios errores, costumbre que Lenin ridiculizó y puso en la picota. He aquí lo que en su folleto La enfermedad infantil escribía Lenin acerca de la autocrítica en los partidos proletarios:
   
"La actitud de un partido político ante sus errores es uno de los criterios más importantes y más seguros para juzgar de la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner al des-
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cubierto sus causas, analizar la situación que los ha engendrado y discutir atentamente los medios de corregirlos; eso es lo que caracteriza a un partido serio; en eso consiste el cumplimiento de sus deberes; eso es educar e instruir a la clase, y después a las masas " (v. t. XXV, pág. 200).
   
Hay quien dice que el poner al descubierto los errores propios y practicar la autocrítica es peligroso para el partido, pues eso puede aprovecharlo el enemigo contra el partido del proletariado. Lenin consideraba fútiles y completamente erróneas tales objeciones. He aquí lo que decía al respecto en su folleto Un paso adelante, ya en 1904, cuando nuestro Partido era aún débil y pequeño:
   
"Ellos (es decir, los adversarios de los marxistas. J. St.) observan con muecas de alegría maligna nuestras discusiones; procurarán, naturalmente, entresacar para sus fines algunos pasajes aislados de mi folleto consagrado a los defectos y deficiencias de nuestro Partido. Los socialdemócratas rusos están ya lo bastante fogueados en el combate para no dejarse turbar por semejantes alfilerazos y para continuar, pese a ellos, su labor de autocrítica, poniendo despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias, que de un modo necesario e inevitable serán enmendadas por el desarrollo del movimiento obrero" (v. t. VI, pág. 161).
   
Tales son, en general, los rasgos característicos del método del leninismo.
   
Lo que aporta el método de Lenin encerrábase ya, en lo fundamental, en la doctrina de Marx, que, según la expresión de su autor, es, "por su propia esencia, crítica y revolucionaria"[8]. Este espíritu crítico y revolucionario, precisamente, impregna desde el principio hasta el fin el método de Lenin. Pero sería erróneo suponer que el método de Lenin no es más que una simple restauración de lo aportado por Marx. En realidad, el método de Lenin no se limita a restaurar, sino que, además, concreta y desarrolla el método crítico y revolucionario de Marx, su dialéctica materialista.
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LA TEORIA
   
Analizaré tres cuestiones de este tema:
   
a) importancia de la teoría para el movimiento proletario,
   
b) crítica de la "teoría" de la espontaneidad,
   
c) teoría de la revolución proletaria.
   
1) Importancia de la teoría. Hay quien supone que el le ninismo es la primacía de la práctica sobre la teoría, en el sentido de que para él lo fundamental es aplicar los principios marxistas, "dar cumplimiento" a estos principios, al tiempo que manifiesta bastante despreocupación por la teoría. Sabido es que Plejánov se burló más de una vez de la "despreocupación" de Lenin por la teoría, y en especial por la filosofía. También es sabido que muchos leninistas ocupados hoy en el trabajo práctico no son muy dados a la teoría, por efecto, sobre todo, de la enorme labor práctica que las circunstancias les obligan a desplegar. He de declarar que esta opinión, por demás extraña, que se tiene de Lenin y del leninismo es completamente falsa y no corresponde en modo alguno a la realidad; que la tendencia de los militantes ocupados en el trabajo práctico a desentenderse de la teoría contradice a todo el espíritu del leninismo y está preñada de grandes peligros para la causa.
   
La teoría es la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto general. Naturalmente, la teoría deja de tener objeto cuando no se halla vinculada a la práctica revolucionaria, exactamente del mismo modo que la práctica es ciega si la teoría revolucionaria no alumbra su camino. Pero la teoría puede convertirse en una formidable fuerza del movimiento obrero si se elabora en indisoluble
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ligazón con la práctica revolucionaria, porque ella, y sólo ella, puede dar al movimiento seguridad, capacidad para orientarse y la comprensión de los vínculos internos entre los acontecimientos que se producen en torno nuestro; porque ella, y sólo ella, puede ayudar a la práctica a comprender, no sólo cómo se mueven y hacia dónde marchan las clases en el momento actual, sino también cómo deben moverse y hacia dónde deben marchar en un futuro próximo. ¿Quién sino Lenin dijo y repitió decenas de veces la conocida tesis de que:
   
"Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario"? [*] (v. t. IV, pág. 380).
   
Lenin comprendía mejor que nadie la gran importancia de la teoría, sobre todo para un partido como el nuestro, en virtud del papel de luchador de vanguardia del proletariado internacional, que le ha correspondido, y de la complicada situación interior e internacional que lo rodea. Previendo en 1902 este papel especial de nuestro Partido, Lenin consideraba ya entonces necesario recordar que:
   
"Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia " (v. t. IV, pág. 380).
   
No creo que haya necesidad de demostrar que ahora, cuando la predicción de Lenin sobre el papel de nuestro Partido se ha convertido ya en realidad, esta tesis de Lenin adquiere una fuerza y una importancia especiales.
   
Quizá la expresión más clara de la alta importancia que Lenin otorgaba a la teoría, sea el hecho de que fuera precisamente él quien asumió el cumplimiento de una tarea tan grande como la de sintetizar, desde el punto de vista de la filosofía materialista, los más importantes adelantos de la ciencia en el
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período comprendido desde Engels hasta Lenin y de someter a profunda crítica las tendencias antimaterialistas entre los partidarios del marxismo. "Cada descubrimiento trascendental -- decía Engels -- obliga al materialismo a cambiar de forma"[9]. Es sabido que fue precisamente Lenin quien, en su notable libro Materialismo y empiriocriticismo [10], cumplió esta tarea en relación con su época. Es sabido que Plejánov, a quien gustaba burlarse de la "despreocupación" de Lenin por la filo sofía, no se decidió siquiera a abordar seriamente la realiza ción de semejante tarea.
   
2) Critica de la "teoría" de la espontaneidad, o sobre el papel de la vanguardia en el movimiento. La "teoría" de la espontaneidad es la teoría del oportunismo, la teoría de la prosternación ante la espontaneidad en el movimiento obrero, la teoría de la negación práctica del papel dirigente de la vanguardia de la clase obrera, del Partido de la clase obrera.
   
La teoría de la prosternación ante la espontaneidad es una teoría decididamente contraria al carácter revolucionario del movimiento obrero, contraria a la orientación del movimiento hacia la lucha contra los fundamentos del capitalismo; aboga por que el movimiento marche exclusivamente por la senda de las reivindicaciones "posibles", "aceptables" para el capitalismo, aboga de manera absoluta por la "vía de la menor resistencia". La teoría de la espontaneidad es la ideología del tradeunionismo.
   
La teoría de la prosternación ante la espontaneidad es decididamente contraria a que se imprima al movimiento espontáneo un carácter consciente, regular, es contraria a que el Partido marche al frente de la clase obrera, a que el Partido haga conscientes a las masas, a que el Partido marche a la cabeza del movimiento; aboga por que los elementos conscientes del movimiento no impidan a éste seguir su camino, aboga por
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que el Partido no haga más que prestar oído al movimiento espontáneo y se arrastre a la zaga de él. La teoría de la espontaneidad es la teoría de la subestimación del papel del elemento consciente en el movimiento, es la ideología del "seguidismo", la base lógica de todo oportunismo.
   
Prácticamente, esta teoria, que salió a escena ya antes de la primera revolución rusa, llevó a que sus adeptos, los llamados "economistas", negaran la necesidad de un partido obrero independiente en Rusia, se manifestasen contra la lucha revolucionaria de la clase obrera por el derrocamiento del zarismo, predicaran una política tradeunionista en el movimiento y, en general, abandonasen a la burguesía liberal la hegemonía en el movimiento obrero.
   
La lucha de la vieja Iskra y la brillante crítica de la teoría del "seguidismo" hecha por Lenin en su folleto ¿Qué hacer?, no sólo derrotaron al llamado "economismo", sino que, además, sentaron las bases teóricas para un movimiento realmente revolucionario de la clase obrera rusa.
   
Sin esta lucha, ni siquiera hubiera podido pensarse en crear en Rusia un partido obrero independiente, ni en el papel dirigente de éste en la revolución.
   
Pero la teoría de la prosternación ante la espontaneidad no es un fenómeno exclusivamente ruso. Esta teoría se halla muy extendida, cierto es que bajo una forma algo distinta, en todos los partidos de la II Internacional, sin excepción. Me refiero a la llamada teoría de las "fuerzas productivas", vulgarizada por los líderes de la II Internacional, teoría que lo justifica todo y reconcilia a todos, que registra los hechos, los explica cuando ya todo el mundo está harto de ellos y, después de registrarlos, se da por satisfecha. Marx decía que la teoría materialista no puede limitarse a interpretar el mundo, sino
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que, además, debe transformarlo[11]. Pero a Kautsky y Cía. no les preocupa esto y prefieren no rebasar la primera parte de la fórmula de Marx.
   
He aquí uno de tantos ejemplos de aplicación de esta "teoría". Dicese que, antes de la guerra imperialista, los partidos de la II Internacional amenazaban con declarar la "guerra a la guerra", en el caso de que los imperialistas la comenzaran. Dicese que, en visperas de la guerra, estos partidos metieron bajo el tapete la consigna de "guerra a la guerra" y aplicaron la consigna contraria, la consigna de "guerra por la patria imperialista". Dicese que este cambio de consignas causó millones de victimas entre los obreros. Pero seria un error pensar que alguien tuvo la culpa de ello, que alguien fue infiel o traidor a la clase obrera. ¡Nada de eso! Ocurrió lo que tenía que ocurrir. En primer lugar, porque resulta que la Internacional es un "instrumento de paz", y no de guerra; y, en segundo lugar, porque, dado el "nivel de las fuerzas productivas" en aquel entonces, ninguna otra cosa podía hacerse. La "culpa" es de las "fuerzas productivas". Así, exactamente, "nos" lo explica la "teoría de las fuerzas productivas" del señor Kautsky. Y quien no crea en esta "teoría", no es marxista. ¿El papel de los partidos? ¿Su importancia en el movimiento? Pero ¿qué puede hacer un partido ante un factor tan decisivo como el "nivel de las fuerzas productivas"?. . .
   
Podríamos citar todo un montón de ejemplos semejantes de falsificación del marxismo.
   
No creo que sea necesario demostrar que este "marxismo" contrahecho, destinado a cubrir las verguenzas del oportunismo, no es más que una variante a la europea de esa misma teoría del "seguidismo" combatida por Lenin ya antes de la primera revolución rusa.
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No creo que sea necesario demostrar que demoler esa falsificación teórica es una condición preliminar para la creación de partidos verdaderamente revolucionarios en el Occidente.
   
3) Teoría de la revolución proletaria. La teoría leninista de la revolución proletaria parte de tres tesis fundamentales.
   
Primera tesis. La dominación del capital financiero en los países capitalistas adelantados; la emisión de títulos de valor, como una operación importantisima del capital financiero; la exportación de capitales a las fuentes de materias primas, como una de las bases del imperialismo; la omnipotencia de la oligarquía financiera, como resultado de la dominación del capital financiero; todo esto pone al descubierto el burdo carácter parasitario del capitalismo monopolista, hace cien veces más doloroso el yugo de los trusts y de los sindicatos capitalistas, acrecienta la indignación de la clase obrera contra los fundamentos del capitalismo y lleva las masas a la revolución proletaria como única salvación (v. El imperialismo [12], de Lenin ).
   
De aquí se desprende la primera conclusión: agudización de la crisis revolucionaria en los países capitalistas; acrecentamiento de los elementos de un estallido en el frente interior, en el frente proletario de las "metrópolis".
   
Segunda tesis. La exportación intensificada de capitales a las colonias y los países dependientes; la extensión de las "esferas de influencia" y de los dominios coloniales, que llegan a abarcar todo el planeta; la transformación del capitalismo en un sistema mundial de esclavización financiera y de opresión colonial de la gigantesca mayoría de la población del Globo por un puñado de países "adelantados"; todo esto, de una parte, ha convertido las distintas economías nacionales y los distintos territorios nacionales en eslabones de una misma cadena, llamada economía mundial; de otra parte, ha dividido a la población del planeta en dos campos: el de un puñado de
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países capitalistas "adelantados", que explotan y oprimen vastas colonias y vastos países dependientes, y el de la enorme mayoría de colonias y países dependientes, que se ven obligados a luchar por liberarse del yugo imperialista (v. El imperialismo ).
   
De aquí se desprende la segunda conclusión: agudización de la crisis revolucionaria en las colonias; acrecentamiento de la indignación contra el imperialismo en el frente exterior, en el frente colonial.
   
Tercera tesis. La posesión monopolista de las "esferas de influencia" y de las colonias; el desarrollo desigual de los países capitalistas, que lleva a una lucha furiosa por un nuevo reparto del mundo entre los países que ya se han apoderado de los territorios y los que desean obtener su "parte"; las guerras imperialistas, como único medio de restablecer el "equilibrio" roto; todo esto conduce al fortalecimiento del tercer frente, del frente intercapitalista, que debilita al imperialismo y facilita la unión de los dos primeros frentes -- el frente proletario revolucionario y el frente de la liberación colonial -- contra el imperialismo (v. El imperialismo ).
   
De aquí se desprende la tercera conclusión: ineluctabilidad de las guerras bajo el imperialismo e inevitabilidad de la coalición de la revolución proletaria de Europa con la revolución colonial del Oriente, formando un solo frente mundial de la revolución contra el frente mundial del imperialismo.
   
Lenin suma todas estas conclusiones en una conclusión general: "El imperialismo es la antesala de la revolución socialista "* (v. t. XIX, pág. 71).
   
En consonancia con esto, cambia el modo mismo de abordar el problema de la revolución proletaria, de su carácter, de su
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extensión y profundidad, cambia el esquema de la revolución en general.
   
Antes, el análisis de las premisas de la revolución proletaria solía abordarse desde el punto de vista del estado económico de tal o cual país. Ahora, este modo de abordar el problema ya no basta. Ahora hay que abordarlo desde el punto de vista del estado económico de todos o de la mayoría de los países, desde el punto de vista del estado de la economía mundial, porque los distintos países y las distintas economías nacionales han dejado ya de ser unidades autónomas y se han convertido en eslabones de una misma cadena, que se llama economía mundial; porque el viejo capitalismo "civilizado" se ha transformado en imperialismo, y el imperialismo es un sistema mundial de esclavización financiera y de opresión colonial de la inmensa mayoría de la población del Globo por un puñado de países "adelantados".
   
Antes solía hablarse de la existencia o de la ausencia de condiciones objetivas para la revolución proletaria en los distintos países o, más exactamente, en tal o cual país desarrollado. Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora hay que hablar de la existencia de condiciones objetivas para la revolución en todo el sistema de la economía imperialista mundial, considerado como una sola entidad; y la presencia, dentro de este sistema, de algunos países con un desarrollo industrial insuficiente no puede representar un obstáculo insuperable para la revolución, si el sistema en su conjunto o, mejor dicho, puesto que el sistema en su conjunto está ya maduro para la revolución.
   
Antes solía hablarse de la revolución proletaria en tal o cual país desarrollado como de una magnitud particular y autónoma, que se contraponía, como a su antípoda, al respectivo frente nacional del capital Ahora, este punto de vista
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ya no basta. Ahora hay que hablar de la revolución proletaria mundial, pues los distintos frentes nacionales del capital se han convertido en otros tantos eslabones de una misma cadena, que se llama frente mundial del imperialismo y a la cual hay que contraponer el frente general del movimiento revolucio nario de todos los países.
   
Antes se concebía la revolución proletaria como resultado exclusivo del desarrollo interior del país en cuestión. Ahora, este punto de vista ya no basta. Ahora, la revolución proletaria debe concebirse, ante todo, como resultado del desarrollo de las contradicciones dentro del sistema mundial del imperialismo, como resultado de la ruptura de la cadena del frente mundial imperialista en tal o cual país.
   
¿Dónde empezará la revolución?, ¿dónde podrá romperse, en primer lugar, el frente del capital?, ¿en qué país?
   
Allí donde la industria esté más desarrollada, donde el proletariado forme la mayoría, donde haya más cultura, donde haya más democracia, solían contestar antes.
   
No, objeta la teoría leninista de la revolución, no es obligatorio que sea elli donde la industria esté más desarrollada, etc. El frente del capital se romperá allí donde la cadena del imperialismo sea más débil, pues la revolución proletaria es resultado de la ruptura de la cadena del frente mundial imperialista por su punto más débil; y bien puede ocurrir que el país que haya empezado la revolución, el país que haya roto el frente del capital, esté menos desarrollado en el sentido capitalista que otros países, los cuales, pese a su mayor desarrollo, todavía permanezcan dentro del marco del capitalismo.
   
En 1917, la cadena del frente imperialista mundial resultó ser más débil en Rusia que en los demás países. Fue aquí donde se rompió, dando paso a la revolución proletaria, ¿Por qué?
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Porque en Rusia se desarrollaba una gran revolución popular, a cuya cabeza marchaba el proletariado revolucionario, que contaba con un aliado tan importante como los millones y millones de campesinos oprimidos y explotados por los terrate nientes. Porque frente a la revolución se alzaba aquí un representante tan repulsivo del imperialismo como el zarismo, falto de todo ascendiente moral y que se había ganado el odio general de la población. En Rusia, la cadena resultó ser más débil, aunque este país estaba menos desarrollado en el sentido capitalista que Francia o Alemania, Inglaterra o los Estados Unidos, pongamos por caso.
   
¿Dónde se romperá la cadena en el próximo futuro? Volverá a romperse allí donde sea más débil. No está excluido que la cadena pueda romperse, por ejemplo, en la India. ¿Por qué? Porque en la India hay un proletariado joven, combativo y revolucionario, que cuenta con un aliado como el movimiento de liberación nacional, aliado indudablemente fuerte, indudablemente importante. Porque frente a la revolución se alza allí un enemigo de todos conocido, el imperialismo extranjero, privado de crédito moral y que se ha ganado el odio general de las masas oprimidas y explotadas de la India.
   
También es perfectamente posible que la cadena se rompa en Alemania. ¿Por qué? Porque los factores que actúan, por ejemplo, en la India, empiezan a actuar también en Alemania; y se comprende que la inmensa diferencia entre el nivel de desarrollo de la India y el de Alemania no puede dejar de imprimir su sello a la marcha y al desenlace de la revolución en Ale mania.
   
Por eso, Lenin dice:
   
"Los países capitalistas de la Europa Occidental llevarán a término su desarrollo hacia el socialismo . . . no por un proceso gradual de 'ma-
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duración' del socialismo en ellos, sino mediante la explotación de unos Estados por otros, mediante la explotación del primer Estado entre los vencidos en la guerra imperialista, unida a la explotación de todo el Oriente. Por otra parte, el Oriente se ha incorporado de manera definitiva al movimiento revolucionario, gracias precisamente a esta primera guerra imperialista, viéndose arrastrado definitivamente a la órbita general del movimiento revolucionario mundial" (v. t. XXVII, págs. 415-416).
   
Resumiendo: como regla general, la cadena del frente imperialista debe romperse allí donde sus eslabones sean más débiles y, en todo caso, no necesariamente allí donde el capitalismo esté más desarrollado, o donde los proletarios cons tituyan un determinado tanto por ciento de la población, los campesinos otro tanto por ciento determinado, etc., etc.
   
Por eso, los cálculos estadísticos sobre el porcentaje de proletariado en la población de un país determinado pierden, cuando se trata de resolver el problema de la revolución proletaria, la importancia excepcional que gustaban de atribuirles los exégetas de la II Internacional, que no han sabido comprender el imperialismo y temen a la revolución como a la peste.
   
Además, los héroes de la II Internacional afirmaban (y si guen afirmando) que entre la revolución democrático-burguesa, de una parte, y la revolución proletaria, de otra, media un abismo o, por lo menos, una muralla de China, que separa la una de la otra por un lapso de tiempo más o menos largo, durante el cual la burguesía, entronizada en el Poder, desarrolla el capitalismo, y el proletariado acumula fuerzas y se prepara para la "lucha decisiva" contra el capitalismo. Generalmente, este lapso se cuenta por decenios y decenios, si no más. No creo que sea necesario demostrar que, en el imperialismo, esta "teoría" de la muralla de China carece de toda base científica y no es ni puede ser más que un medio para encubrir, para disimular con bellos colores los apetitos contrarrevolucionarios
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de la burguesía. No creo que sea necesario demostrar que en el imperialismo, preñado de colisiones y guerras, que en la "antesala de la revolución socialista", cuando el capitalismo "floreciente" se convierte en capitalismo "agonizante" (Lenin ) y el movimiento revolucionario crece en todos los países del mundo; cuando el imperialismo se coliga con todas las fuerzas reaccionarias, sin excepción, hasta con el zarismo y la servidumbre, haciendo así necesaria la coalición de todas las fuer zas revolucionarias, desde el movimiento proletario del Occidente hasta el movimiento de liberación nacional del Oriente; cuando se hace imposible derrocar las supervivencias del régimen feudal y de la servidumbre sin una lucha revolucionaria contra el imperialismo; no creo que sea necesario demostrar que en un país más o menos desarrollado la revolución democrático-burguesa tiene que aproximarse, en estas condiciones, a la revolución proletaria, que la primera tiene que transformarse en la segunda. La historia de la revolución en Rusia ha evidenciado que esta tesis es cierta e indiscutible. Por algo Lenin, ya en 1905, en vísperas de la primera revolución rusa, presentaba la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista, en su folleto Dos tácticas, como dos eslabones de la misma cadena, como un lienzo único y completo de la magnitud de la revolución rusa.
   
"El proletariado debe llevar a término la revolución democrática, atrayéndose a la masa de los campesinos, para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose a la masa de los elementos semiproletarios de la población, para romper por la fuerza la resistencia de la burguesia y paralizar la inestabilidad de los campesinos y de la pequeña burguesía. Tales son las tareas del proletariado, que los partidarios de la nueva Iskra conciben de un modo tan estrecho en todos sus razonamientos y resoluciones sobre la magnitud de la revolución" (v. Lenin, t. VIII, pág. 96).
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Y no hablo ya de otros trabajos posteriores de Lenin, en los que la idea de la transformación de la revolución burguesa en revolución proletaria está expresada con mayor realce que en Dos tácticas, como una de las piedras angulares de la teoría leninista de la revolución.
   
Según algunos camaradas, resulta que Lenin no concibió esta idea hasta 1916, y anteriormente consideraba que la revolución en Rusia se mantendría dentro de un marco burgués y que, por lo tanto, el Poder pasaría de manos del organismo de la dictadura del proltariado y del campesinado a manos de la burguesía, y no a manos del proletariado. Se dice que esa afirmación se ha deslizado incluso en nuestra prensa comunista. Debo señalar que esa afirmación es completamente falsa, que no corresponde, en lo más mínimo, a la realidad.
   
Podría remitirme al conocido discurso pronunciado por Lenin en el III Congreso del Partido (1905), en el que no calificó la dictadura del proletariado y del campesinado, es decir, el triunfo de la revolucion democrática, de "organización del 'orden'", sino de "organización de la guerra" (v. t. VII, pág. 264).
   
Podría remitirme, además, a los conocidos artículos de Lenin Sobre el gobierno provisional (1905)[13], en los que, describiendo la perspectiva del desarrollo de la revolución rusa, plantea al Partido la tarea de "conseguir que la revolución rusa no sea un movimiento de algunos meses, sino un movimiento de muchos años, que no conduzca tan sólo a obtener pequeñas concesiones de los detentadores del Poder, sino al derrumbamiento completo de éste", y en los que, desarrollando todavía más esta perspectiva y relacionándola con la revolución en Europa, prosigue:
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"Y si esto se logra, entonces . . . , entonces las llamas del incendio revolucionario prenderán en Europa; el obrero europeo, cansado de la reacción burguesa, se levantara a su vez y nos enseñará 'cómo se hacen las cosas'; entonces el impulso revolucionario de Europa repercutirá a su vez en Rusia y hará de una época de algunos años de revolución una época de varios decenios de revolución. . ." (v. lugar citado, pág. 191).
   
Podría remitirme, asimismo, a un conocido; artículo de Lenin, publicado en noviembre de 1915, que dice:
   
"El proletariado lucha y seguirá luchando abnegadamente por la conquista del Poder, por la república, por la confiscacion de las tierras . . . por la participación de las 'masas populares no proletarias' en la obra de liberar a la Rusia burguesa del 'imperialismo' militar-feudal (= zarismo). Y el proletariado aprovechará inmediatamente [*] esta liberación de la Rusia burguesa del yugo zarista, del poder de los terratenientes sobre la tierra, no para ayudar a los campesinos acomodados en su lucha contra los obreros agrícolas, sino para llevar a cabo la revolución socialista en alianza con los proletarios de Europa" (v. t. XVIII, pág. 318).
   
Podría, finalmente, remitirme al conocido pasaje del folleto de Lenin La revolución proletaria y el renegado Kautsky, en que, refiriéndose al pasaje más arriba citado de Dos tácticas sobre la magnitud de la revolución, llega a la siguiente conclusión:
   
"Ha ocurrido tal y como nosotros dijimos. La marcha de la revolución ha confirmado la certeza de nuestro razonamiento. Al principio, con 'todos' los campesinos, contra la monarquía, contra los terratenientes, contra el medievalismo (y en este sentido, la revolución sigue siendo burguesa, democrático-burguesa). Después, con los campesinos pobres, con el semiproletariado, con todos los explotados, contra el capitalismo, comprendidos los ricachos del campo, los kulaks, los especuladores, y, por ello, la revolución se transforma en revolución socialista. Querer levantar una artificial muralla de China entre ambas revoluciones, separar la una de la otra por algo que no sea el grado de preparación del proletariado y el grado de su unión con los campesinos pobres, es la mayor tergiversación del
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marxismo, es adocenarlo, reemplazarlo por el liberalismo" (v. t. XXIII, pag. 391).
   
Me parece que con eso basta.
   
Bien, se nos dirá, pero ¿por qué, en este caso, Lenin combatió la idea de la "revolución permanente (ininterrumpida)"?
   
Porque Lenin proponía "sacar todo el partido posible" de la capacidad revolucionaria del campesinado y utilizar hasta la última gota su energía revolucionaria para la destrucción completa del zarismo, para pasar a la revolución proletaria, mientras que los partidarios de la "revolución permanente" no comprendían el importante papel del campesinado en la revolución rusa, menospreciaban la fuerza de la energía revolucionaria de los campesinos, menospreciaban la fuerza y la capacidad del proletariado ruso para llevar tras de sí a los campesinos y, de este modo, dificultaban la liberación de los campesinos de la influencia de la burguesía, la agrupación de los campesinos en torno al proletariado.
   
Porque Lenin proponía coronar la revolución con el paso del Poder al proletariado, mientras que los partidarios de la revolución "permanente" querían empezar directamente por el Poder del proletariado, sin comprender que, con ello, cerraban los ojos a una "pequeñez" como las supervivencias del régimen de servidumbre y no tomaban en consideración una fuerza tan importante como el campesinado ruso, sin comprender que semejante política únicamente podía ser un freno para la conquista de los campesinos por el proletariado.
   
Así, pues, Lenin no combatía a los partidarios de la revolución "permanente" por la cuestión de la continuidad, pues el propio Lenin sostenía el punto de vista de la revolución ininterrumpida, sino porque menospreciaban el papel de los campesinos, que son la reserva más importante del proletaria do, y no comprendían la idea de la hegemonía del proletariado.
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No puede decirse que la idea de la revolución "permanente" sea una idea nueva. El primero que la formuló fue Marx, a fines de la década del 40, en su conocido "Mensaje" a la "Liga de los Comunistas" (1850). De este documento fue de donde sacaron nuestros "permanentistas" la idea de la revolución ininterrumpida. Debe señalarse que, al tomar esta idea de Marx, nuestros "permanentistas" la modificaron un tanto, y, al modificarla, la "estropearon", haciéndola inservible para el uso práctico. Fue necesario que la mano experta de Lenin corrigiese este error, tomase la idea de Marx sobre la revolución ininterrumpida en su forma pura e hiciese de ella una de las piedras angulares de la teoría leninista de la revolución.
   
He aquí lo que dice Marx, en su "Mensaje", sobre la revolución ininterrumpida (permanente), después de haber enumerado una serie de reivindicaciones revolucionario-democráticas, a cuya conquista llama a los comunistas:
   
"Mientras que los pequeños burgueses democráticos quieren poner fin a la revolución lo más rápidamente que se pueda, después de haber obtenido, a lo sumo, las reivindicaciones arriba mencionadas, nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución permanente hasta que sea descartada la dominación de las clases más o menos poseedoras hasta que el proletariado conquiste el Poder del Estado, hasta que la asociación de los proletarios se desarrolle, y no sólo en un país, sino en todos los países predominantes del mundo, en proporciones tales, que cese la competencia entre los proletarios de estos países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas decisivas estén concentradas en manos del proletariado".[14]
   
En otras palabras:
   
a) Marx no proponía, en modo alguno, comenzar la revolución, en la Alemania de la década del 50, directamente por el Poder proletario, contrariamente a los planes de nuestros "permanentistas" rusos;
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b) Marx sólo proponía que se coronase la revolución con el Poder estatal del proletariado, desalojando paso a paso de las alturas del Poder a una fracción de la burguesía tras otra, para, una vez instaurado el Poder del proletariado, encender la revolución en todos los países. De completo acuerdo con lo enunciado está todo lo que enseñó y llevó a la práctica Lenin en el transcurso de nuestra revolución, aplicando su teoría de la revolución proletaria en las condiciones del imperialismo.
   
Resulta, pues, que nuestros "permanentistas" rusos no sólo menospreciaban el papel del campesinado en la revolución rusa y la importancia de la idea de la hegemonía del proletaria do, sino que modificaban (empeorándola) la idea de Marx sobre la revolución "permanente", haciéndola inservible para su aplicación práctica.
   
Por eso Lenin ridiculizaba la teoría de nuestros "permanentistas", calificándola de "original" y de "magnífica" y acu sándolos de no querer "reflexionar acerca del por qué la vida llevaba diez años, ni más ni menos, pasando de largo por delante de esta magnífica teoría" (el artículo de Lenin fue escrito en 1915, a los diez años de aparecer en Rusia la teoría de los "permanentistas". Véase t. XVIII, pág. 317).
   
Por eso Lenin tildaba esta teoría de semimenchevique, diciendo que "toma de los bolcheviques el llamamiento a la lucha revolucionaria decidida del proletariado y a la conquista del Poder político por éste, y de los mencheviques, la 'negación' del papel de los campesinos" (v. el artículo de Lenin, Sobre las dos líneas de la revolución, lugar citado).
   
Eso es lo que hay en cuanto a la idea de Lenin sobre la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución proletaria, sobre el aprovechamiento de la revolución burguesa para pasar "inmediatamente" a la revolución proletaria.
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Además, antes se creía imposible la victoria de la revolución en un solo país, suponiendo que, para alcanzar la victoria sobre la burguesía, era necesaria la acción conjunta de los proletarios de todos los países adelantados o, por lo menos, de la mayoría de ellos. Ahora, este punto de vista ya no corresponde a la realidad. Ahora hay que partir de la posibilidad de este triunfo, pues el desarrollo desigual y a saltos de los distintos países capitalistas en el imperialismo, el desarrollo, en el seno del imperialismo, de contradicciones catastróficas que llevan a guerras inevitables, el incremento del movimiento revolucionario en todos los países del mundo; todo ello no sólo conduce a la posibilidad, sino también a la necesidad del triunfo del proletariado en uno u otro país. La historia de la revolución en Rusia es una prueba directa de ello. Unicamente debe tenerse en cuenta que el derrocamiento de la burguesía sólo puede lograrse si se dan algunas condiciones absolutamente indispensables, sin las cuales ni siquiera puede pensarse en la toma del Poder por el proletariado.
   
He aquí lo que dice Lenin acerca de estas condiciones en su folleto La enfermedad infantil:
   
"La ley fundamental de la revolución, confirmada por todas las revoluciones, y en particular por las tres revoluciones rusas del siglo XX, consiste en lo siguiente: para la revolucion no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo como viven y exijan cambios; para la revolución es necesario que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como viven y gobiernan. Sólo cuando los 'de abajo' no quieren y los 'de arriba' no pueden seguir viviendo a la antigua, sólo entonces puede triunfar la revolución. En otras palabras, esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una crisis nacional general (que atecte a explotados y explotadores )*. Por consiguiente, para hacer la revolución, hay,
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en primer lugar, que conseguir que la mayoría de los obreros (o, en todo caso, la mayoría de los obreros conscientes, reflexivos, políticamente activos) comprenda profundamente la necesidad de la revolución y este dispuesta a sacrificar la vida por ella; en segundo lugar, es preciso que las clases gobernantes atraviesen una crisis gubernamental que arrastre a la política hasta a las masas más atrasadas . . ., que reduzca a la impotencia al gobierno y haga posible su rápido derrocamiento por los revolucionarios" (v. t. XXV, pág. 222).
   
Pero derrocar el Poder de la burguesía e instaurar el Poder del proletariado en un solo país no significa todavía garantizar el triunfo completo del socialismo. Después de haber consolidado su Poder y arrastrado consigo a los campesinos, el proletariado del país victorioso puede y debe edificar la sociedad socialista. Pero ¿significa esto que, con ello, el proletariado logrará el triunfo completo, definitivo, del socialismo, es decir, significa esto que el proletariado puede, con las fuerzas de un solo país, consolidar definitivamente el socialismo y garantizar completamente al país contra una intervención y, por tanto, contra la restauración? No. Para ello es necesario que la revolución triunfe, por lo menos, en algunos países. Por eso, desarrollar y apoyar la revolución en otros países es una tarea esencial para la revolución que ha triunfado ya. Por eso, la revolución del país victorioso no debe considerarse como una magnitud autónoma, sino como un apoyo, como un medio para acelerar el triunfo del proletariado en los demás países.
   
Lenin expresó este pensamiento en dos palabras, cuando dijo que la misión de la revolución triunfante consiste en llevar a cabo "el máximo de lo realizable en un solo país p a r a desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países " (v. t. XXIII, pág. 385).
   
Tales son, en términos generales, los rasgos característicos de la teoría leninista de la revolución proletaria.
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LA DTCTADURA DEL PROLETARTADO
   
Analizaré tres cuestiones fundamentales de este tema:
   
a) la dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria;
   
b) la dictadura del proletariado como dominación del proletariado sobre la burguesía;
   
c) el Poder Soviético como forma estatal de la dictadura del proletariado.
   
1) La dictadura del proletariado como instrumento de la revolución proletaria. La cuestión de la dictadura del proletariado es, ante todo, la cuestión del contenido fundamental de la revolución proletaria. La revolución proletaria, su movimiento, su amplitud, sus conquistas, sólo toman cuerpo a través de la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado es el instrumento de la revolución proletaria, un organismo suyo, su punto de apoyo más importante, llamado a la vida, primero, para aplastar la resistencia de los explotadores derribados y consolidar las conquistas logradas y, segundo, para llevar a término la revolución proletaria, para llevarla hasta el triunfo completo del socialismo. Vencer a la burguesía y derrocar su Poder es cosa que la revolución podría hacer también sin la dictadura del proletariado. Pero aplastar la resistencia de la burguesía, sostener la victoria y seguir avanzando hasta el triunfo definitivo del socialismo, la revolución ya no puede si no crea, al llegar a una determinada fase de su desarrollo, un organismo especial, la dictadura del proletariado, que sea su principal apoyo.
   
"La cuestión del Poder es la fundamental en toda revolución" (Lenin ). ¿Quiere esto decir que todo queda limitado a
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la toma del Poder, a la conquista del Poder? No, no es así. La toma del Poder no es más que el comienzo. La burguesía, derrocada en un país, sigue siendo todavía durante largo tiempo, por muchas razones, más fuerte que el proletariado que la ha derrocado. Por eso, todo consiste en mantenerse en el Poder, en consolidarlo, en hacerlo invencible. ¿Que se precisa para alcanzar este fin? Se precisa cumplir, por lo menos, las tres tareas principales que se le plantean a la dictadura del proletariado "al día siguiente" de la victoria:
   
a) vencer la resistencia de los terratenientes y capitalistas derrocados y expropiados por la revolución, aplastar todas y cada una de sus tentativas para restaurar el Poder del capital;
   
b) organizar la edificación de modo que todos los trabajadores se agrupen en torno al proletariado y llevar a cabo esta labor con vistas a preparar la supresión, la destrucción de las clases;
   
c) armar a la revolución, organizar el ejército de la revolución para luchar contra los enemigos exteriores, para luchar contra el imperialismo.
   
Para llevar a cabo, para cumplir estas tareas, es necesaria la dictadura del proletariado.
   
"El paso del capitalismo al comunismo -- dice Lenin -- llena toda una época histórica. Mientras esta época histórica no finaliza, los explotadores siguen, inevitablemente, abrigando esperanzas de restauración, esperanzas que se convierten en tentativas de restauración. Después de la primera derrota seria, los explotadores derrocados, que no esperaban su derrocamiento, que no creían en él, que no accptaban ni siquiera la idea de él, se lanzan con energía decuplicada, con pasión furiosa, con odio centuplicado, a la lucha por la restitución del 'paraiso' que les ha sido arrebatado, por sus familias, que antes disfrutaban de una vida tan regalada y a quienes ahora la 'canalla vil' condena a la ruina y a la miseria (o a un trabajo 'vil' . . .). Y tras de los capitalistas explotadores se arrastra una vasta masa de pequeña burguesía, de la que decenios de experiencia histórica en todos los países nos dicen que titubea y vacila, que hoy sigue
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al proletariado y mañana se asusta de las dificultades de la revolución, se deja llevar del pánico ante la primera derrota o semiderrota de los obreros, se pone nerviosa, se agita, lloriquea, pasa de un campo a otro" (v. t. XXIII, pág. 355).
   
La burguesía tiene sus razones para hacer tentativas de restauración, porque después de su derrocamiento sigue siendo, durante mucho tiempo todavía, más fuerte que el proletariado que la derrocó.
   
"Si los explotadores son derrotados solamente en un país -- dice Lenin --, y éste es, naturalmente, el caso tipico, porque la revolución simultánea en varios países constituye una excepción rara, seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados" (v. obra citada, pág. 354).
   
¿En qué consiste la fuerza de la burguesía derrocada?
   
En primer lugar, "en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía" (v. t. XXV, pág. 173).
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debe) transformarlos, reeducatlos, mediante una labor de organización muy larga, lenta y prudente" (v. t. XXV, págs. 173 y 189).
   
Por eso, Lenin dice:
   
"La dictaduta del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento",
   
No creo que sea necesario demostrar que es absolutamente imposible cumplir estas tareas en un plazo breve, llevar todo esto a la práctica en unos cuantos años. Por eso, en la dictadura del proletariado, en el paso del capitalismo al comunismo, no hay que ver un período efímero, que revista la forma de una serie de actos y decretos "revolucionarísimos", sino toda una época histórica, cuajada de guerras civiles y de choques exteriores, de una labor tenaz de organización y de edificación económica, de ofensivas y retiradas, de victorias y derrotas. Esta época histórica no sólo es necesaria para sentar las premisas económicas y culturales del triunfo completo del socialismo, sino también para dar al proletariado la posibilidad, primero, de educarse y templarse, constituyendo una fuerza capaz de gobernar el país, y, segundo, de reeducar y transformar a las capas pequeñoburguesas con vistas a asegurar la organización de la producción socialista.
   
"Tenéis que pasar -- decía Marx a los obreros -- por quince, veinte, cincuenta años de guerras civiles y batallas internacionales, no sólo para cambiar las relaciones existentes, sino también para cambiar vosotros mismos y llegar a ser capaces de ejercer la dominación política" (véase: C. Marx y F. Engels, Obras, t. VIII, pág. 506).
   
Continuando y desarrollando la idea de Marx, Lenin escribe:
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"Bajo la dictadura del proletariado, habrá que reeducar a millones de campesinos y de pequeños propietarios, a centenares de miles de emplea dos, de funcionarios, de intelectuales burg~leses, sllbordinándolos a todos al Estado proletario y a la dirección proletaria; habrá que vencet en ellos los hábitos burgueses y las tradiciones burguesas"; habrá también que ". . . reeducar . . . en lucha prolongada, sobre la base de la dictadura del proletariado, a los proletarios mismos, que no se desembarazan de sus prejuicios pequeñoburgueses de golpe, por un milagro, por obra y gracia del Espíritu Santo o por el efecto mágico de una consigna, de una resolución o un decreto, sino únicamente en una lucha de masas prolon gada y difícil contra la influencia de las ideas pequeñoburguesas entre las masas" (v. t. XXV, págs. 248 y 247).
   
2) La dictadura del proletetiado como dominación del proletariado sobre la burguesía. De lo dicho se desprende ya que la dictadura del proletariado no es un simple cambio de personas en el gobierno, un cambio de "gabinete", etc., que deja intacto el viejo orden económico y político. Los mencheviques y oportunistas de todos los países, que le temen a la dictadura como al fuego y, llevados por el miedo, suplantan el concepto dictadura por el concepto "conquista del Poder", suelen reducir la "conquista del Poder" a un cambio de "gabinete", a la subida al Poder de un nuevo ministerio, formado por individuos como Scheidemann y Noske, Mac-Donald y Henderson. No creo que sea necesario explicar que estos cambios de gabinete y otros semejantes no tienen nada que ver con la dictadura del proletariado, con la conquista del verdadero Poder por el verdadero proletariado. Los Mac-Donald y los Scheidemann en el Poder, dejando intacto el antiguo orden de cosas burgués, sus gobiernos -- llamémoslos así -- no pueden ser más que un aparato al servicio de la burguesía, un velo sobre las lacras del imperialismo, un instrumento de la burguesía contra el movimiento revolucionario de las masas oprimidas y explotadas. Esos gobiernos los necesita el capital como pantalla, cuando para él es inconveniente, desventajoso, di-
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fícil, oprimir y explotar a las masas sin una pantalla. Naturalmente, la aparición de esos gobiernos es síntoma de que "entre ellos" (es decir, entre los capitalistas), "en Chipka", no reina la tranquilidad[*], pero, no obstante, los gobiernos de este tipo son, inevitablemente, gobiernos del capital enmascarados. De un gobierno Mac-Donald o Scheidemann a la conquista del Poder por el proletariado hay tanto trecho como de la tierra al cielo. La dictadura del proletariado no es un cambio de gobierno, sino un Estado nuevo, con nuevos organismos de Poder centrales y locales; es el Estado del proletariado, que surge sobre las ruinas del Estado antiguo, del Estado de la burguesía.
   
La dictadura del proletariado no surge sobre la base del orden de cosas burgués, sino en el proceso de su destrucción, después del derrocamiento de la burguesía, en el curso de la expropiación de los terratenientes y los capitalistas, en el curso de la socialización de los instrumentos y los medios de producción fundamentales, en el curso de la revolución violenta del proletariado. La dictadura del proletariado es un Poder revolucionario que se basa en la violencia contra la burguesía.
   
El Estado es una máquina puesta en manos de la clase dominante para aplastar la resistencia de sus enemigos de clase. En este sentido, la dictadura del proletariado realmente no se distingue en nada de la dictadura de cualquier otra clase, pues el Estado proletario es una máquina para aplastar a la burguesía. Pero hay aquí una diferencia esencial. Consiste esta diferencia en que todos los Estados de clase que han existido hasta hoy han sido la dictadura de una minoría explotadora
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sobre una mayoría explotada, mientras que la dictadura del proletariado es la dictadura de la mayoría explotada sobre la minoría explotadora.
   
En pocas palabras: la dictedura del proletariado es la dominación del proletariado sobre la burguesía, dominación no limitada por la ley, y basada en la violencia y que goza de la simpatía y el apoyo de las masas trabajadoras y explotadas (Lenin, El Estado y la revolución ).
   
De aquí se desprenden dos conclusiones fundamentales.
   
Primera conclusión. La dictadura del proletariado no pue de ser "plena" democracia, democracia para todos, para los ricos y para los pobres; la dictadura del proletariado "debe ser un Estado democrático de manera nueva (para [*] los proletarios y los desposeídos en general) y dictatorial de manera nueva (contra ** la burguesía)" (v. t. XXI, pág. 393). Las frases de Kautsky y Cía. sobre la igualdad universal, sobre la democracia "pura", la democracia "perfecta", etc., no son más que la tapadera burguesa del hecho indudable de que la igualdad entre explotados y explotadores es imposible. La teoría de la democracia "pura" es una teoría de la aristocracia obrera, domesticada y cebada por los saqueadores imperialistas. Esta teoría fue sacada a luz para cubrir las lacras del capitalismo, para disfrazar el imperialismo y darle fuerza moral en la lucha contra las masas explotadas. Bajo el capitalismo no existen ni pueden existir verdaderas "libertades" para los explotados, aunque no sea más que por el hecho de que los locales, las imprentas, los depósitos de papel, etc., necesarios para ejercer estas "libertades", son privilegio de los explotadores. Bajo el capitalismo, no se da ni puede darse una verdadera
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participación de las masas explotadas en la gobernación del país, aunque no sea más que por el hecho de que, bajo el capitalismo, aun en el régimen más democrático, los gobiernos no los forma el pueblo, sino que los forman los Rothschild y los Stinnes, los Rockefeller y los Morgan. Bajo el capitalismo, la democracia es una democracia capitalista, la democracia de la minoría explotadora, basada en la restricción de los derechos de la mayoría explotada y dirigida contra esta mayoría. Sólo bajo la dictadura proletaria puede haber verdaderas libertades para los explotados y una verdadera participación de los proletarios y de los campesinos en la gobernación del país. Bajo la dictadura del proletariado, la democracia es una democracia proletaria, la democracia de la mayoría explotada, basada en la restricción de los derechos de la minoría explotadora y dirigida contra esta minoría.
   
Segunda conclusión. La dictadura del proletariado no puede surgir como resultado del desarrollo pacífico de la sociedad burguesa y de la democracia burguesa; sólo puede surgir como resultado de la demolición de la máquina del Estado burgués del ejército burgués, del aparato burocrático burgués, de la policía burguesa.
   
"La clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines", dicen Marx y Engels en el prefacio al Manifiesto del Partido Comunista. La revolucion proletaria debe ". . . no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino demolerla . . . , y ésta es la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente", dice Marx en una carta a Kugelmann, escrita en 187l[15].
   
La salvedad hecha por Marx respecto al continente ha servido de pretexto a los oportunistas y mencheviques de todos los países para gritar que Marx admitía la posibilidad de transformación pacífica de la democracia burguesa en democracia
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proletaria, por lo menos en algunos países que no forman parte del continente europeo (Inglaterra, Norteamérica). Marx admitía, en efecto, esta posibilidad, y tenía fundamento para ello en el caso de Inglaterra y Norteamérica en la década del 70 del siglo pasado, cuando aun no existía el capitalismo monopolista, cuando no existía el imperialismo y estos países no tenían aún, debido a las condiciones especiales en que se desenvolvieron, un militarismo y un burocratismo desarrollados. Así fue hasta la aparición del imperialismo desarrollado. Pero luego, treinta o cuarenta años más tarde, cuando la situación en estos países cambió radicalmente, cuando el imperialismo se desarrolló, abarcando a todos los países capitalistas, sin excepción, cuando el militarismo y el burocratismo hicieron su aparición en Inglaterra y en Norteamérica, cuando las condiciones especiales del desarrollo pacífico de Inglaterra y de Norteamérica desaparecieron, la salvedad hecha con respecto a estos países debia desaparecer por sí sola.
   
"Ahora, en 1917, en la época de la primera gran guerra imperialista -- dice Lenin --, esta salvedad hecha por Marx pierde su razón de ser. Inglaterra y Norteamérica, los principales y los últimos representantes -- en el mundo entero -- de la 'libertad' anglosajona en el sentido de ausencia de militarismo y de burocratismo, han rodado definitivamente al inmundo y sangriento pantano, común a toda Europa, de las instituciones burocrático-militares, que todo lo someten y todo lo aplastan. Ahora, en Inglaterra y en Norteamérica es 'condición previa de toda verdadera revolución popular' d e m o l e r, d e s t r u i r la 'máquina estatal existente' (que ha sido llevada allí, en los años de 1914 a 1917, a la perfección 'europea', a la perfección común a todos los países imperialistas)" (v. t. XXI, pág. 395).
   
En otras palabras: la ley de la revolución violenta del proletariado, la ley de la destrucción de la máquina del Estado burgués, como coadición previa de esta revolución, es una ley inexcusable del movimiento revolucionario en los países imperialistas del mundo.
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Claro está que, en un porvenir lejano, si el proletariado triunfa en los países capitalistas más importantes y el actual cerco capitalista es sustituido por un cerco socialista, será perfectamente posible la trayectoria "pacífica" de desarrollo para algunos países capitalistas, donde los capitalistas, debido a la "desfavorable" situación internacional, juzguen conveniente hacer "voluntariamente" al proletariado concesiones importantes. Pero esta hipótesis sólo se refiere a un porvenir lejano y probable. Para un porvenir cercano, esta hipótesis no tiene ningún fundamento, absolutamente ninguno. Por eso, Lenin tiene razón cuando dice:
   
"La revolución proletaria es imposible sin la destrucción violenta de la máquina del Estado burgués y sin su sustitución por una máquina nueva " (v. t. XXIII, pág. 342).
   
3) El Poder Soviético como forma estatal de la dictadura del proletariado. El triunfo de la dictadura del proletariado significa el aplastamiento de la burguesía, la destrucción de la máquina del Estado burgués, la sustitución de la democracia burguesa por la democracia proletaria. Eso está claro. Pero ¿por medio de qué organizaciones se puede llevar a cabo esta gigantesca labor? Difícilmente podrá dudarse de que las viejas formas de organización del proletariado, surgidas sobre la base del parlamentarismo burgués, son insuficientes para ello. ¿Cuáles son, pues, las nuevas formas de organización del proletariado aptas para desempeñar el papel de sepultureros de la máquina del Estado burgués, aptas, no sólo para destruir esta máquina y no sólo para sustituir la democracia burguesa por la democracia proletaria, sino para constituir la base del Poder estatal proletario?
   
Esta nueva forma de organización del proletariado son los Soviets.
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¿En qué consiste la fuerza de los Soviets, en comparación con las viejas formas de organización?
   
En que los Soviets son las organizaciones de masas del proletariado más vastas, pues los Soviets, y sólo ellos, encuadran a todos los obreros, sin excepción.
   
En que los Soviets son las únicas organizaciones de masas que engloban a todos los oprimidos y explotados, a los obreros y los campesinos, a los soldados y los marinos, y que, en con secuencia, permiten a la vanguardia de las masas, el proletariado, ejercer con la mayor sencillez y la mayor plenitud la dirección política de la lucha de las masas.
   
En que los Soviets son los organismos más poderosos de la lucha revolucionaria de las masas, de las acciones políticas de las masas, de la insurrección de las masas, organismos capaces de destruir la omnipotencia del capital financiero y de sus apéndices políticos.
   
En que los Soviets son organizaciones directas de las mismas masas, es decir, las organizaciones más democráticas y, por tanto, las que gozan de mayor prestigio entre las masas. Los Soviets facilitan al máximo la participación de las masas en la organización del nuevo Estado y en su gobernación y abren el máximo campo de acción a la energía revolucionaria, a la iniciativa y a la capacidad creadora de las masas en la lucha por la destrucción del antiguo orden de cosas, en la lucha por un orden de cosas nuevo, por un orden de cosas proletario.
   
El Poder Soviético es la unificación y estructuración de los Soviets locales en una organización general de Estado, en la organización estatal del proletariado como vanguardia de las masas oprimidas y explotadas y como clase dominante, su unificación en la República de los Soviets
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La esencia del Poder Soviético consiste en que las organizaciones más de masas y más revolucionarias de las clases que, precisamente, eran oprimidas por los capitalistas y terratenientes, constituyen ahora "la base permanente y única de todo el Poder estatal, de todo el aparato del Estado", en que, "precisamente a estas masas, que hasta en las repúblicas burguesas más democráticas", aun siendo iguales en derechos según la ley, "se veían apartadas de hecho por mil procedimientos y artimañas, de la participación en la vida política y privadas de los derechos y de las libertades democráticas, se les da ahora una participación permanente, ineludible, y además decisiva, en la dirección democrática del Estado"[*] (v. Lenin, t. XXIV, pág. 13).
   
Por eso, el Poder Soviético es una nueva forma de organización estatal, que se distingue por principio de la vieja forma democrático-burguesa y parlamentaria, un nuevo tipo de Estado, no adaptado para la explotación y la opresión de las masas trabajadoras, sino para la liberación completa de estas masas de toda opresión y de toda explotación, adaptado para las tareas de la dictadura del proletariado.
   
Lenin tiene razón cuando dice que, con la aparición del Poder Soviético, "la época del parlamentarismo democrático-burgués ha terminado y se abre un nuevo capítulo de la historia universal: la época de la dictadura proletaria".
   
¿En qué consisten los rasgos característicos del Poder Soviético?
   
En que el Poder Soviético es la organización del Estado más de masas y más democrática de todas las organizaciones del Estado posibles mientras existan las clases, pues, siendo el terreno en que se realiza la alianza y la colaboración de los
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obreros y de los campesinos explotados en la lucha contra los explotadores, y apoyándose para su labor en esta alianza y en esta colaboración, constituye, por ello, el Poder de la mayoría de la población sobre la minoría, el Estado de esa mayoría, la expresión de su dictadura.
   
En que el Poder Soviético es la más internacionalista de todas las organizaciones estatales de la sociedad de clases, porque, destruyendo toda opresión nacional y apoyándose en la colaboración de las masas trabajadoras de distintas nacionalidades, facilita, por ello, la agrupación de estas masas en una sola entidad estatal.
   
En que el Poder Soviético facilita, por su misma estructura, la dirección de las masas oprimidas y explotadas por su vanguardia, por el proletariado, el núcleo más cohesionado y más consciente de los Soviets.
   
"La experiencia de todas las revoluciones y de todos los movimientos de las clases oprimidas, la experiencia del movimiento socialista mundial -- dice Lenin --, nos enseña que sólo el proletariado es capaz de reunir y de llevar tras de sí a las capas dispersas y atrasadas de la población trabajadora y explotada" (v. t. XXIV, pág. 14). Y la realidad es que la estructura del Poder Soviético facilita la aplicación de las enseñanzas de esa experiencia.
   
En que el Poder Soviético, al fundir el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo en una organización única de Estado y sustituir los distritos electorales de tipo territorial por las unidades de producción -- las fábricas --, pone a las masas obreras, y a las masas trabajadoras en general, en relación directa con el aparato de dirección del Estado y las enseña a gobernar el país.
   
En que sólo el Poder Soviético es capaz de liberar al ejército de su subordinación al mando burgués y de convertirlo, de un instrumento para oprimir al pueblo, como es bajo el régimen
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burgués, en un instrumento que libera al pueblo del yugo de la burguesía, tanto de la propia como de la ajena.
   
En que "sólo la organización soviética del Estado puede en realidad demoler de golpe y destruir definitivamente el viejo aparato, es decir, el aparato burocrático y judicial burgués" (v. lugar citado).
   
En que sólo la forma soviética de Estado, que incorpora a la participación permanente e incondicional en la dirección del Estado a las organizaciones de masas de los trabajadores y explotados, es capaz de preparar la extinción del Estado, lo que constituye uno de los elementos fundamentales de la futura sociedad sin Estado, de la sociedad comunista.
   
La República de los Soviets es, por lo tanto, la forma política buscada, y al fin descubierta, dentro de cuyo marco debe alcanzarse la liberación económica del proletariado, el triunfo completo del socialismo.
   
La Comuna de París fue el germen de esta forma. El Poder Soviético es su desarrollo y su coronamiento.
   
Por eso, Lenin dice que:
   
"la República de los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos no es sólo una forma de instituciones democráticas de tipo más elevado. . . . , sino la única * forma capaz de asegurar el tránsito menos doloroso al socialismo" (v. t. XXII, pág. 131).
LA CUESTION CAMPESINA
   
Analizaré cuatro cuestiones de este tema:
   
a) planteamiento de la cuestión;
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b) el campesinado durante la revolución democrático-burguesa;
   
c) el campesinado durante la revolución proletaria;
   
d) el campesinado después de la consolidación del Poder Soviético.
   
1) Planteamiento de la cuestión. Algunos piensan que lo fundamental en el leninismo es la cuestión campesina, que el punto de partida del leninismo es la cuestión del campesinado, de su papel, de su peso específico. Esto es completamente falso. La cuestión fundamental del leninismo, su punto de partida, no es la cuestión campesina, sino la cuestión de la dictadura del proletariado, de las condiciones en que ésta se conquista y de las condiciones en que se consolida. La cuestión campesina, como cuestión del aliado del proletariado en su lucha por el Poder, es una cuestión derivada.
   
Sin embargo, esta circunstancia no reduce en lo más mínimo la grande y candente importancia que tiene, sin duda, esta cuestión para la revolución proletaria. Es sabido que, entre los marxistas rusos, la cuestión campesina empezó a estudiarse a fondo en vísperas precisamente de la primera revolución (1905), cuando el derrocamiento del zarismo y la realización de la hegemonía del proletariado se plantearon en toda su magnitud ante el Partido y la cuestión del aliado del proletariado en la revolución burguesa inminente adquirió un carácter palpitante. Es sabido también que la cuestión campesina cobró en Rusia mayor actualidad todavía durante la revolución proletaria, cuando la cuestión de la dictadura del proletariado, de su conquista y de su mantenimiento planteó el problema de los aliados del proletariado en la revolución proletaria inminente. Es comprensible: quien marcha hacia el Poder y se prepara para él, no puede dejar de interesarse por el proble ma de sus verdaderos aliados.
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En este sentido, la cuestión campesina es una parte de la cuestión general de la dictadura del proletariado y, como tal, una de las cuestiones más palpitantes del leninismo.
   
La indiferencia, e incluso la actitud francamente negativa de los partidos de la II Internacional ante la cuestión campesina, no se debe sólo a las condiciones específicas del desarrollo en el Occidente. Se debe, ante todo, a que esos partidos no creen en la dictadura del proletariado, temen la revolución y no piensan en llevar el proletariado al Poder. Y quien teme la revolución, quien no quiere llevar a los proletarios al Poder no puede interesarse por la cuestión de los aliados del proletariado en la revolución; para esa gente, la cuestión de los aliados es una cuestión sin importancia, sin ninguna actualidad. Los héroes de la II Internacional consideran su actitud irónica hacia la cuestión campesina como de buen tono, como marxismo "auténtico". En realidad, esta actitud no tiene ni un ápice de marxismo, pues la indiferencia ante una cuestión tan importante como la campesina, en vísperas de la revolución proletaria, es el reverso de la negación de la dictadura del proletariado, un síntoma indudable de franca traición al marxismo.
   
La cuestión se plantea así: ¿están ya agotadas las posibilidades revolucionarias que, como resultado de determinadas condiciones de su existencia, encierra en su seno la masa campesina o no lo están? Y, si no lo están, ¿hay la esperanza de aprovechar estas posibilidades para la revolución proletaria, de convertir al campesinado, a su mayoría explotada, de reserva de la burguesía, como lo fue durante las revoluciones burguesas del Occidente y lo sigue siendo en la actualidad, en reserva del proletariado, en aliado de éste?, ¿hay fundamento para ello?
   
El leninismo da a esta pregunta una respuesta afirmativa, es decir, reconoce la existencia de una capacidad revolucio-
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naria en la mayoría de los campesinos y la posibilidad de aprovechar esa capacidad en interés de la dictadura del proletariado.
   
La historia de tres revoluciones en Rusia confirma plenamente las conclusiones del leninismo a este respecto.
   
De aquí la conclusión práctica de apoyar a las masas trabajadoras del campo en su lucha contra el sojuzgamiento y la explotación, en su lucha por redimirse de la opresión y de la miseria. Esto no significa, naturalmente, que el proletariado deba apoyar todo movimiento campesino. Debe apoyar, concretamente, los movimientos y las luchas de los campesinos que contribuyan directa o indirectamente al movimiento de liberación del proletariado, que, de una u otra forma, lleven el agua al molino de la revolución proletaria, que contribuyan a convertir a los campesinos en reserva y aliado de la clase obrera.
   
2) El campesinado durante la revolución democrático-burguesa. Este período se extiende de la primera revolución rusa (1905) a la segunda (febrero de 1917) inclusive. El rasgo característico de este período consiste en que los campesinos se emancipan de la influencia de la burguesía liberal, en que los campesinos se apartan de los demócratas constitucionalistas, en que viran hacia el proletariado, hacia el Partido Bolchevique. La historia de este período es la historia de la lucha entre los demócratas constitucionalistas (burguesía liberal) y los bolcheviques (proletariado) por conquistar a los campesinos. La suerte de esta lucha la decidió el período de las Dumas, pues el período de las cuatro Dumas fue para los campesinos una lección palmaria, y esa lección les hizo ver con toda nitidez que de manos de los demócratas constitucionalistas no recibirían ni la tierra ni la libertad, que el zar se hallaba por entero al lado de los terratenientes y que los demócratas cons-
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titucionalistas apoyaban al zar; que la única fuerza con cuya ayuda podrían contar eran los obreros de la ciudad, el proletariado. La guerra imperialista no hizo más que confirmar la lección del período de las Dumas, apartando definitivamente a los campesinos de la burguesía, aislando definitivamente a la burguesía liberal, pues los años de guerra demostraron qué vano y qué ilusorio era esperar la paz de manos del zar y de sus aliados burgueses. Sin las palmarias enseñanzas del período de las Dumas hubiera sido imposible la hegemonía del proletariado.
   
Así fue como se llegó a la alianza de los obreros y los campesinos en la revolución democrático-burguesa. Así fue como se llegó a la hegemonía (dirección) del proletariado en la lucha conjunta por el derrocamiento del zarismo, hegemonía que llevó a la revolución de febrero de 1917.
   
Las revoluciones burguesas del Occidente (Inglaterra, Francia, Alemania, Austria) siguieron, como es sabido, otro camino. Allí, la hegemonía no perteneció al proletariado, que, por su debilidad, no era ni podía ser una fuerza pol&iacut
Conferencias pronunciadas
en la Universidad Sverdlov
J. S T A L I N
DEL LENINISMO
"La realización de esta tarea, la demolición del más poderoso baluarte, no ya de la reacción europea, sino también (hoy podemos afirmarlo) de la reacción asiática, convertiría al proletariado ruso en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional" (v. t. IV, pág. 382)[*].
   
* Aquí y en las siguientes referencias a los trabajos de V. I. Lenin los números romanos corresponden a los tomos de la 3a edición en ruso de las Obras de V. I. Lenin. -- N. del T.
   
* Subrayado por mí. J. St.
   
* Subrayado por mi. J. St.
   
* Subrayado por mí. J. St.
   
* Subrayado por mí. J. St.
En segundo lugar, en que, "durante mucho tiempo después de la revolución, los explotadores siguen conservando, inevitablemente, muchas y enormes ventajas efectivas: les quedan el dinero (no es posible suprimir el dinero de golpe) y algunos que otros bienes muebles, con frecuencia valiosos; les quedan las relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de todos los 'secretos' (costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) de la administración; les quedan una instrucción más elevada y su intimidad con el alto personal técnico (que vive y piensa en burgués); les queda (y esto es muy importante) una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al arte militar, etc., etc." (v. t. XXIII, pág. 354).
En tercer lugar, "en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, desgraciadamente, queda todavía en el mundo mucha, muchisima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, espontáneamente y en masa". . . , porque "suprimir las clases no sólo significa expulsar a los terratenientes y a los capitalistas -- esto lo hemos hecho nosotros con relativa facilidad --, sino también suprimir los pequeños productores de mercancias; pero a éstos no se les puede expulsar, no se les puede aplastar; con ellos hay que convivir, y sólo se puede (y se
"la dictadura del proletatiado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad" (v. obra citada, págs. 173 y 190).
   
* Paráfrasis de la expresión "En Chipka reina la tranquilidad", que se refiere a la historia de la guerra ruso-turca de 1877-1878. Mientras en el desfiladero de Chipka se libraban encarnizados combates, el Estado Mayor de las tropas zaristas comunicaba en sus partes de guerra: "En Chipka reina la tranquilidad". -- N. del T.
   
* Subrayado por mí. J. St.
   
** Ibíd.
   
* Subrayado en todas partes por mí. J. St.
   
* Subrayado por mí. J. St.