V. I. LENIN
LA REVOLUCION |
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NOTA DEL EDITOR
    Se ha tomado como base de la presente edición de La revolución proletaria y el renegado Kautsky el texto de la edición española, publicada en Moscú. Este folleto se edita después de ser confrontado con el original ruso de las Obras Completas de Lenin, t. XXVIII y la versión china, publicada por la Editorial del Pueblo, Pekín, en septiembre de 1964. Las notas incluidas al final del folleto han sido redactadas y traducidas según las de la edición china.
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COMO HA HECHO KAUTSKY DE MARX UN ADOCENADO | ||
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DEMOCRACIA BURGUESA Y DEMOCRACIA PROLETARIA | ||
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¿PUEDE HABER IGUALDAD ENTRE EL EXPLOTADOR Y EL | ||
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QUE NO OSEN LOS SOVIETS CONVERTIRSE EN ORGANI- | ||
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LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y LA REPUBLICA SO- | ||
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LA CONSTITUCION SOVIETICA | ||
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¿QUE ES EL INTERNACIONALISMO? | ||
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SERVILISMO ANTE LA BURGUESIA CON EL PRETEXTO DE | ||
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Tesis acerca de la Asamblea Constituyente |
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Un nuevo libro de Vandervelde sobre el Estado |
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El folleto de Kautsky La dictadura del proletariado, aparecido hace poco en Viena (Wien, 1918, Ignaz Brand, 63 págs.), constituye un ejemplo evidentísimo de la más completa y vergonzosa bancarrota de la II Internacional, de esa bancarrota de que hace tiempo hablan todos los socialistas honrados de todas las naciones. El problema de la revolución proletaria pasa ahora prácticamente al orden del día en bastantes países. De ahí que sea imprescindible analizar los sofismas de Kautsky, propios de un renegado, y ver cómo abjura por completo del marxismo.
   
Pero ante todo hay que subrayar que quien escribe estas líneas, desde el mismo principio de la guerra, ha tenido que indicar muchas veces que Kautsky había roto con el marxismo. A ello estuvo consagrada una serie de artículos, publicados de 1914 a 1916 en Sotsial-Demokrat [1] y Kommunist [2], que apare cían en el extranjero. El Soviet de Petrogrado ha reunido estos artículos y los ha editado: G. Zinóviev y N. Lenin, Contra la corriente, Petrogrado, 1918 (550 págs.). En un folleto publicado en Ginebra en 1915, y traducido también entonces al alemán y al francés[3], decía yo del "kautskismo":
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"Kautsky, autoridad suprema de la II Internacional, constituye un ejemplo sumamente típico y claro de cómo el reconocer el marxismo de palabra condujo, de hecho, a transformarlo en 'struvismo' o en 'brentanismo' (es decir, en la doctrina liberal burguesa que admite una lucha de 'clase' no revolucionaria del proletariado, lo que han expresado con especial claridad el escritor ruso Struve y el economista alemán Brentano). Lo vemos también en el ejemplo de Plejánov. Con manifiestos sofismas se castra en el marxismo su alma revolucionaria viva, se reconoce en él todo, menos los medios revolucionarios de lucha, la propaganda y la preparación de estos medios, la educación de las masas en este sentido. Kautsky, prescindiendo de ideologías, 'concilia' el pensamiento fundamental del socialchovinismo, es decir, el reconocimiento de la defensa de la patria en la guerra actual, con una concesión diplomática y ostensible a la izquierda, absteniéndose al votarse los créditos, declarando verbalmente su oposición, etc. Kautsky, que en 1909 escribió todo un libro sobre la proximidad de una época de revoluciones y sobre la relación entre la guerra y la revolución; Kautsky, que en 1912 firmó el manifiesto de Basilea[4] sobre la utilización revolucionaria de la guerra que se avecinaba, se desvive ahora por justificar y cohonestar el socialchovinismo y, como Plejánov, se une a la burguesía para mofarse de toda idea de revolución, de toda acción dirigida a una lucha efectivamente revolucionaria.
   
La clase obrera no puede realizar su objetivo de revolución mundial si no hace una guerra implacable a esta apostasía, a esta falta de carácter, a esta actitud servil ante el oportunismo, a este inaudito envilecimiento teórico del marxismo. El kautskismo no ha aparecido por casualidad, es un producto social de las contradicciones de la II Internacional, una
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combinación de la fidelidad al marxismo de palabra y de la subordinación al oportunismo de hecho" (G. Zinóviev y N. Lenin, El socialismo y la guerra, Ginebra, 1915, págs. 13-14).
   
Prosigamos. En mi libro El imperialismo, la más nueva etapa del capitalismo    
Finalmente, en agosto y septiembre de 1917, es decir, antes de la revolución proletaria de Rusia (25 de octubre - 7 de noviembre de 1917), escribí El Estado y la revolución. La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución, folleto aparecido en Petrogrado a principios
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de 1918. En el capítulo VI, de esta obra, que lleva por título El envilecimiento del marxismo por los oportunistas, presto una atención especial a Kautsky, demostrando que ha desnaturalizado por completo la doctrina de Marx, suplantándola por el oportunismo, "que ha renunciado a la revolución de hecho, acatándola de palabra".
   
En el fondo, el error teórico fundamental de Kautsky en su folleto sobre la dictadura del proletariado, consiste precisamente en que desvirtúa de un modo oportunista la doctrina de Marx sobre el Estado, en las formas que he expuesto detalladamente en mi folleto El Estado y la revolución.
   
Estas observaciones preliminares eran necesarias porque prueban que he acusado públicamente a Kautsky de ser un renegado mucho antes de que los bolcheviques tomaran el Poder y de que eso les valiera la condenación de Kautsky.
   
El problema fundamental que Kautsky trata en su folleto es el del contenido esencial de la revolución proletaria, es decir, el de la dictadura del proletariado. Se trata de un problema de gran importancia para todos los países, sobre todo para los avanzados, más aún para los beligerantes, y particularmente en el momento actual. Puede decirse sin exagerar que es el problema principal de toda la lucha de clase del proletariado. Por ello es imprescindible estudiarlo con atención.
   
Kautsky plantea el problema del modo siguiente: "La oposición de las dos corrientes socialistas" (es decir, bolchevique y no bolchevique) es "la oposición de dos métodos radicalmente distintos: el democrático y el dictatorial " (pág. 3).
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Observemos de paso que llamando socialistas a los no bolcheviques de Rusia, es decir, a los mencheviques y eseristas, Kautsky se guía por su denominación, es decir, por la palabra, y no por el lugar que efectivamente ocupan en la lucha del proletariado contra la burguesía. ¡Magnífico modo de concebir y de aplicar el marxismo! Pero ya hablaremos de esto con más detalle.
   
Ahora hemos de fijarnos en lo principal: el gran descubrimiento de Kautsky sobre la "antítesis fundamental" de los "métodos democrático y dictatorial". Es la clave del problema. Es la esencia del folleto de Kautsky. Y se trata de una confusión teórica tan monstruosa, de una apostasía tan completa del marxismo, que es preciso reconocer que Kautsky ha dejado muy atrás a Bernstein.
   
El problema de la dictadura del proletariado es el problema de la actitud del Estado proletario frente al Estado burgués, de la democracia proletaria frente a la democracia burguesa. Parece que está claro como la luz del día. ¡Pero Kautsky, como un profesor de instituto, momificado por la repetición de textos de historia, se vuelve tozudamente de espaldas al siglo XX, da la cara al XVIII y por centésima vez, en una larga sucesión de párrafos de un aburrimiento infinito, sigue rumia que te rumia los viejos conceptos sobre la actitud de la democracia burguesa hacia el absolutismo y el medievalismo!
   
¡En verdad, parece como si masticara dormido una esponia!
   
Porque esto significa no comprender en absoluto la relación que guardan las cosas. Porque sólo una sonrisa provoca ese afán de Kautsky de presentar las cosas como si hubiera gentes que predicaran "el desprecio a la democracia" (pág. 11), etc. Kautsky se ve obligado a oscurecer y embrollar el
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problema con tonterías como éstas, porque lo plantea al modo de los liberales, hablando de la democracia en general y no de la democracia burguesa; incluso evita este exacto concepto de clase y procura hablar de la democracia "presocialista". Casi una tercera parte del folleto, 20 páginas de 63, las ha llenado nuestro charlatán de una palabrería que le resulta muy agradable a la burguesía, porque equivale a adornar la democracia burguesa y dejar en la sombra el problema de la revolución proletaria.
   
Ahora bien, el folleto de Kautsky se titula La dictadura del proletariado. Todo el mundo sabe que ésta es precisamente la esencia de la doctrina de Marx. Y Kautsky, después de charlar fuera del tema, tiene que citar las palabras de Marx sobre la dictadura del proletariado.
   
¡Lo que es una verdadera comedia es cómo la ha hecho el "marxista" Kautsky! Escuchad:
   
"En una sola palabra de Marx se apoya ese punto de vista" (que Kautsky califica de desprecio a la democracia): así lo dice textualmente en la pág. 20. Y en la pág. 60 se repite, llegando a decir que (los bolcheviques) "han recordado a tiempo una palabreja" (¡¡Así como suena!! des Wörtchens ) "sobre la dictadura del proletariado, que Marx empleó una vez en 1875, en una carta".
   
Veamos la "palabreja" de Marx:
   
"Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado"[5].
   
En primer lugar, decir que es "una sola palabra", y hasta una "palabreja", este famoso razonamiento de Marx, que resume toda su doctrina revolucionaria, es burlarse del mar-
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xismo, es renegar de él plenamente. No hay que olvidar que Kautsky se sabe a Marx casi de memoria y que, a juzgar por todos sus escritos, tiene en su mesa de trabajo o en su cabeza una serie de ficheros donde todo lo que Marx escribió está distribuido con el máximo orden y comodidad para las citas. Kautsky no puede ignorar que, tanto Marx como Engels, tanto en sus cartas como en las obras impresas, han hablado muchas veces de la dictadura del proletariado, antes de la Comuna y, sobre todo, después de ella. Kautsky no puede ignorar que la fórmula "dictadura del proletariado" no es sino un enunciado históricamente más concreto y científicamente más exacto de la misión del proletariado consistente en "destruir" la máquina estatal burguesa, misión de la que tanto Marx como Engels, teniendo en cuenta la experiencia de las revoluciones de 1848 y aún más de la de 1871, hablan de 1852 a 1891, durante cuarenta años.
   
¿Cómo explicar esta monstruosa deformación que del marxismo hace Kautsky, exégeta del marxismo? Si se busca la base filosófica de semejante fenómeno, todo se reduce a una sustitución de la dialéctica por el eclecticismo y la sofistería. Kautsky es gran maestro en esta clase de sustituciones Si se pasa al terreno político práctico, todo se reduce a servilismo ante los oportunistas, es decir, al fin y al cabo, ante la burguesía. Haciendo progresos cada vez más rápidos desde que comenzó la guerra, Kautsky ha llegado al virtuosismo en este arte de ser marxista de palabra y lacayo de la burguesía de hecho.
   
Se convence uno aún más de ello al ver la admirable "interpretación" que Kautsky da a la "palabreja" de Marx sobre la dictadura del proletariado. Escuchad:
   
"Marx, desgraciadamente, no indicó en forma más detallada cómo concebía esta dictadura". . . (Mentira completa de renegado, porque Marx
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y Engels han dado bastantes indicaciones detalladisimas, que intencionadamente deja de lado Kautsky, exégeta del marxismo). . . "Literalmente, la palabra dictadura significa supresión de la democracia. Pero, naturalmente, esta palabra, tomada al pie de la letra, significa también el Poder personal de un solo individuo no sujeto a ley alguna. Poder personal que se diferencia del despotismo en que no se entiende como institución estatal permanente, sino como medida extrema de carácter transitorio.
   
Hemos citado intencionadamente todo este razonamiento para que el lector pueda ver claramente los procedimientos de que se vale el "teórico" Kautsky.
   
Kautsky ha tenido a bien abordar el problema de manera que le permitiese empezar por la definición de la "palabra " dictadura.
   
Muy bien. Cada cual tiene perfecto derecho a abordar los problemas como quiera. Pero hay que distinguir el modo serio y honrado de hacerlo, del que no es honrado. Quien quisiera tratar seriamente el problema, abordándolo de ese modo, tendría que dar su definición de la "palabra". Entonces la cuestión quedaría clara y francamente planteada. Kautsky no lo hace. "Literalmente -- escribe --, la palabra dictadura significa supresión de la democracia".
   
En primer lugar, esto no es una definición. Si Kautsky desea evitar la definición del concepto de dictadura, ¿para qué eligió esa forma de abordar el problema?
   
En segundo lugar, esto es notoriamente falso. Es lógico que un liberal hable de "democracia" en términos generales.
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Un marxista no se olvidará nunca de preguntar: "¿Para qué clase?" Todo el mundo sabe, por ejemplo -- y el "historiador" Kautsky lo sabe también --, que las insurrecciones e incluso las grandes perturbaciones de los esclavos en la antiguedad hacían ver inmediatamente la esencia del Estado greco-romano como dictadura de los esclavistas. ¿Suprimía esta dictadura la democracia entre los esclavistas, para ellos? Todo el mundo sabe que no.
   
El "marxista" Kautsky ha dicho un absurdo monstruoso y una falsedad, porque "se ha olvidado " de la lucha de clases. . .
   
Para transformar la afirmación liberal y mentirosa de Kautsky en afirmación marxista y verdadera, hay que decir: la dictadura no significa necesariamente supresión de la democracia para la clase que la ejerce sobre las otras clases, pero sí significa necesariamente la supresión (o una restricción esencialísima, que es también una de las formas de supresión) de la democracia para la clase sobre la cual o contra la cual se ejerce la dictadura.
   
Pero, por cierta que sea esta afirmación, no define la dictadura.
   
Examinemos la frase siguiente de Kautsky:
   
. . ."Pero, naturalmente, esta palabra, tomada al pie de la letra, significa también el Poder personal de un solo individuo no sujeto a ley alguna". . .
   
Como un cachorro ciego que mete la nariz al azar en todos los sitios, Kautsky ha tropezado aquí por casualidad con una idea justa (que la dictadura es un Poder no sujeto a ley alguna), pero, sin embargo, no ha dado una definición de la dictadura y ha dicho, además, una falsedad histórica evidente: que la dictadura significa el Poder de una sola persona. Esto es incluso gramaticalmente inexacto, porque la dictadura
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puede ejercerla un grupo de personas, una oligarquía, una clase, etc.
   
Luego indica Kautsky la diferencia entre dictadura y despotismo, pero, aunque su afirmación es falsa a todas luces, no nos detendremos en ella, porque no tiene nada que ver con el problema que nos interesa. Conocida es la afición de Kautsky a volverse de espaldas al siglo XX, de cara al siglo XVIII, y del XVIII a la antiguedad greco-romana, y esperamos que, cuando el proletariado alemán implante la dictadura tendrá en cuenta esta afición y lo nombrará, por ejemplo, profesor de historia antigua de un liceo. Rehuir una definición de la dictadura del proletariado, limitándose a elucubraciones sobre el despotismo, es o extrema necedad o muy torpe bellaquería.
   
¡En resumen, Kautsky, que se proponía hablar de dictadura, ha dicho a sabiendas muchas cosas falsas, pero no ha dado ninguna definición! Sin confiar en sus facultades intelectuales, hubiera podido recurrir a su memoria y sacar de los "ficheros" todos los casos en que Marx ha hablado de la dictadura. Habría obtenido, de seguro, la definición siguiente, u otra que, en el fondo, coincidiría con ella:
   
La dictadura es un Poder que se apoya directamente en la violencia y no está sometido a ley alguna.
   
La dictadura revolucionaria del proletariado es un Poder conquistado y mantenido mediante la violencia ejercida por el proletariado sobre la burguesía, un Poder no sujeto a ley alguna.
   
¡Y esta sencilla verdad, verdad clara como la luz del día para todo obrero consciente (representante de las masas, y no de la capa superior de la canalla pequeñoburguesa vendida a los capitalistas, como son los socialimperialistas de todos los países), esta verdad evidente para todo representante de
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los explotados que luchan por su liberación, esta verdad in discutible para todo marxista hay que "arrancársela en guerra" al sapientísimo señor Kautsky! ¿Cómo explicarlo? Por el espíritu de servilismo de que se han penetrado los jefes de la II Internacional, convertidos en despreciables sicofantes al servicio de la burguesía.
   
Kautsky ha empezado tergiversando los términos, afirmando, cosa evidentemente absurda, que en su sentido literal la palabra dictadura significa dictadura de una sola persona, y luego -- ¡apoyándose en esa tergiversación! -- declara que, "por consiguiente", las palabras de Marx sobre la dictadura de clase no tienen sentido literal (sino un sentido, según el cual dictadura no significa violencia revolucionaria, sino "pacífica" conquista de la mayoría bajo la "democracia" burguesa, no se pierda de vista esto).
   
Hay que distinguir, figuraos, entre "situación" y "forma de gobierno". ¡Distinción de maravillosa profundidad, lo mismo que si hiciéramos diferencias entre la "situación" de la tontería de una persona que razona de un modo necio, y la "forma" de sus tonterías!
   
Kautsky necesita interpretar la dictadura como "situación de dominio" (es la expresión que emplea literalmente en la página siguiente, en la 21), porque entonces desaparece la violencia revolucionaria, desaparece la revolución violenta. ¡La "situación de dominio" es la situación en que se halla cualquier mayoría bajo. . . la "democracia"! ¡Con este ardid de mala fe desaparece felizmente la revolución !
   
Pero el ardid es demasiado burdo y no salvará a Kautsky. Que la dictadura supone y significa una "situación" de violencia revolucionaria de una clase sobre otra, cosa desagradable para los renegados, es algo imposible de ocultar. Distinguir
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entre "situación" y "forma de gobierno" es un absurdo que salta a la vista. Hablar en este caso de forma de gobierno es triplemente necio, porque cualquier niño sabe que monarquía y república son formas de gobierno distintas. Al señor Kautsky es necesario demostrarle que estas dos formas de gobierno, como todas las "formas de gobierno" de transición bajo el capitalismo, no son sino variedades del Estado burgués, es decir, de la dictadura de la burguesía.
   
En fin, hablar de formas de gobierno es falsificar a Marx de manera no sólo necia, sino torpe, porque Marx, bien claramente, se refiere aquí a la forma o tipo de Estado, y no a la forma de gobierno.
   
La revolución proletaria es imposible sin destruir violentamente la máquina del Estado burgués y sin sustituirla por otra nueva, que, según las palabras de Engels, "no es ya un Estado en el sentido propio de la palabra"[6].
   
Kautsky tiene que encubrir y tergiversar todo esto; lo exige su posición de renegado.
   
Ved a qué miserables subterfugios recurre.
   
Primer subterfugio: . . . "El hecho de que Marx mantuviera el punto de vista de que en Inglaterra y en Norteamérica la transición puede efectuarse pacíficamente, es decir, por vía democrática, demuestra ya que aquí no se refería a las formas de gobierno" . . .
   
La forma de gobierno no tiene que ver con esto nada en absoluto, porque hay monarquías que no son típicas para el Estado burgués, que se distinguen, por ejemplo, por la ausencia de militarismo, y hay repúblicas absolutamente típicas en este aspecto, por ejemplo, con militarismo y con burocracia. Esto es un hecho político e histórico notorio, y Kautsky no conseguirá falsificarlo.
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Si Kautsky hubiera querido razonar seria y honradamente, se habría preguntado: ¿Hay leyes históricas que se refieran a la revolución y no tengan excepciones? La contestación hubiera sido: no, no existen tales leyes. Estas leyes se refieren tan sólo a lo tipico, a lo que Marx llamó una vez "ideal", en el sentido de capitalismo medio, normal, típico.
   
Prosigamos. ¿Había en la década del 70 algo que hiciera de Inglaterra o de Norteamérica una excepción en el sentido que examinamos? Para toda persona un poco familiarizada con lo que la ciencia pide en el terreno de los problemas históricos, es evidente que esta pregunta es necesario plantearla. No plantearla significa falsificar la ciencia, significa jugar a los sofismas. Y una vez planteada, la contestación no ofrece dudas: la dictadura revolucionaria del proletariado es violencia contra la burguesia; esta violencia se hace particularmente necesaria, según lo han explicado con todo detalle y múltiples veces Marx y Engels (principalmente en La guerra civil en Francia y en el prólogo a esta obra) por la existencia del militarismo y de la burocracia. ¡Estas instituciones precisamente, en Inglaterra y en Norteamérica precisamente y en la década del 70 del siglo XIX, precisamente cuando Marx hizo su observación, n o e x i s t í a n ! (Y ahora existen, tanto en Inglaterra como en Norteamérica.)
   
¡Kautsky tiene que hacer trampas materialmente a cada paso para encubrir su apostasia!
   
Y observad la manera como esta vez ha enseñado sin quererlo sus orejas de burro: ha escrito ¡¡"pacíficamente, es decir, por vía democrática"!!
   
Al definir la dictadura, Kautsky ha hecho todos los esfuerzos posibles para ocultar al lector el rasgo fundamental de este concepto: la violencia revolucionaria. Y ahora se ha
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impuesto la verdad: se trata de la oposición entre revolución pacífica y revolución violenta.
   
Ahí está el quid. Todos los subterfugios, los sofismas, las viles falsificaciones de que Kautsky se vale, le hacen falta para rehuir la revolución violenta, para ocultar que reniega de ella, que se pasa al lado de la política obrera liberal, es decir, al lado de la burguesía. Ahí está el quid.
   
El "historiador" Kautsky falsifica la historia con tal cinismo, que "olvida" lo fundamental: el capitalismo premonopolista -- cuyo apogeo corresponde precisamente a la década del 70 del siglo XIX -- en virtud de sus rasgos económicos esenciales, que en Inglaterra y en Norteamérica se manifestaban de un modo particularmente típico, se distinguía por un máximo apego, relativamente hablando, a la paz y a la libertad. En cambio, el imperialismo, es decir, el capitalismo monopolista, que sólo ha llegado a una plena madurez en el siglo XX, atendidos sus rasgos económicos esenciales, se distingue por un apego mínimo a la paz y a la libertad, por un desarrollo máximo del militarismo en todas partes. "No advertir" esto, hablando de lo típico o de lo probable que es una revolución pacífica o violenta, es rebajarse al nivel del más adocenado lacayo de la burguesía.
   
Segundo subterfugio: La Comuna de París fue una dictadura del proletariado, pero fue elegida por sufragio universal, sin privar a la burguesía de su derecho al voto, es decir, "democráticamente ". Y concluye Kautsky, con aire de triunfo: . . . "La dictadura del proletariado era para Marx" (o según Marx) "una situación que resulta necesariamente de la democracia pura si el proletariado constituye la mayoría" (bei überwiegendem Proletariat, pág. 21).
   
Este argumento de Kautsky es tan divertido, que se ve uno en un verdadero embarras des richesses (dificultad nacida
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de la abundancia . . . de objeciones). En primer lugar, es cosa sabida que la flor, el Estado Mayor, las capas altas de la burguesía huyeron de París a Versalles. En Versalles estaba el "socialista" Luis Blanc, lo cual demuestra, por cierto, que es falsa la afirmación de Kautsky cuando dice que en la Comuna participaron "todas las tendencias" del socialismo. ¿No es ridículo presentar como "democracia pura" con "sufragio universal" la división de los habitantes de París en dos campos beligerantes, en uno de los cuales estaba concentrada toda la burguesía de espíritu belicoso, políticamente activa?
   
En segundo lugar, la Comuna luchó contra Versalles, como gobierno obrero de Francia contra el gobierno burgués. ¿A qué viene aquí eso de "democracia pura" y de "sufragio universal", cuando París decidía la suerte de Francia? Cuando Marx consideraba que la Comuna había cometido un error por no haberse incautado del Banco, que pertenecía a toda Francia[7], ¿¿partía acaso de los principios y la práctica de la "democracia pura"??
   
Bien se ve que Kautsky escribe en un país donde la policía prohibe a la gente reirse "en grupo", porque de otro modo la risa le hubiera ya matado.
   
En tercer lugar, me permitiré recordar respetuosamente al señor Kautsky, que se sabe de memoria a Marx y a Engels, el siguiente juicio de Engels sobre la Comuna desde el punto de vista . . . de la "democracia pura":
   
"¿No han visto nunca una revolución estos señores" (los antiautoritarios)? "Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios
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si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por el terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?"[8]
   
¡Ahí tenéis la "democracia pura"! ¡Cómo se hubiera mofado Engels del vulgar pequeñoburgués, del "socialdemócrata" (en el sentido que se daba en Francia a estas palabras en la década del 40, y en el que se les da en toda Europa en 1914-1918) al que se le hubiera ocurrido hablar en general de "democracia pura" en una sociedad dividida en clases!
   
Pero basta. Es imposible enumerar todos los absurdos a que llega Kautsky, porque cada una de sus frases es un abismo sin fondo de apostasía.
   
Marx y Engels han analizado con todo detalle la Comuna de París, demostrando que su mérito consistió en la tentativa de destruir, de romper "la máquina del Estado existente". Tal importancia atribuían Marx y Engels a esta conclusión, que en 1872 s ó l o introdujeron esa enmienda en el programa, "anticuado" (en parte) del Manifiesto Comunista [9] Marx y Engels han demostrado que la Comuna suprimía el ejército y la burocracia, suprimía el parlamentarismo, destruía "la excrecencia parasitaria que es el Estado", etc., pero el sapientísimo Kautsky se cala el gorro de dormir y repite lo que mil veces han dicho los profesores liberales, los cuentos de la "democracia pura".
   
No sin razón dijo Rosa Luxemburgo el 4 de agosto de 1914 que la socialdemocracia alemana es ahora un cadáver hediondo.
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Tercer subterfugio: "Si hablamos de la dictadura como forma de gobierno, no podemos hablar de dictadura de clase. Porque una clase, como ya hemos señalado, sólo puede dominar, pero no gobernar" . . . Gobiernan "organizaciones" o "partidos".
   
¡Embrolla usted, embrolla usted de un modo atroz, señor "consejero del embrollo"! La dictadura no es una "forma de gobierno", eso es un absurdo ridículo. Marx no habla de "forma de gobierno", sino de forma o tipo de Estado, lo que es absolutamente distinto, lo que se dice absolutamente distinto. Totalmente inexacto es también eso de que no puede gobernar una clase : semejante absurdo sólo puede decirlo un "cretino parlamentario", que no ve nada más allá del parlamento burgués, que no advierte nada más que los "partidos gobernantes". Cualquier país europeo puede ofrecer a Kautsky ejemplos de gobierno ejercido por la clase dominante, por ejemplo, los terratenientes en la Edad Media, a pesar de su insuficiente organización.
   
Resumen. Kautsky ha desvirtuado del modo más inaudito el concepto de dictadura del proletariado, haciendo de Marx un adocenado liberal, es decir, se ha deslizado él mismo al nivel de un liberal que dice frases vulgares acerca de la "democracia pura", velando y encubriendo el contenido de clase de la democracia burguesa y rehuyendo por encima de todo la violencia revolucionaria por parte de la clase oprimida. Cuando Kautsky "interpreta" el concepto de "dictadura revolucionaria del proletariado" de tal modo que desaparece la violencia revolucionaria por parte de la clase oprimida contra los opresores, bate el record mundial de desvirtuación liberal de Marx. El renegado Bernstein no es más que un cachorrito al lado del renegado Kautsky.
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El problema que tan atrozmente embrolla Kautsky, se plantea en realidad así.
   
Si no es para mofarse del sentido común y de la historia, claro está que no puede hablarse de "democracia pura" mientras existan diferentes clases, y sólo puede hablarse de democracia de clase. (Digamos entre paréntesis que "democracia pura" es, no sólo una frase de ignorante, que no comprende ni la lucha de clases ni la esencia del Estado, sino una frase completamente vacía, porque en la sociedad comunista la democracia, modificándose y convirtiéndose en costumbre, se extinguirá, pero nunca será democracia "pura".)
   
La "democracia pura" es un embuste de liberal que embauca a los obreros. La historia conoce la democracia burguesa, que reemplaza al feudalismo, y la democracia proletaria, que sustituye a la burguesa.
   
Cuando Kautsky consagra casi decenas de páginas a "demostrar" la verdad de que la democracia burguesa es más progresiva que el medievo, de que el proletariado debe utilizarla obligatoriamente en su lucha contra la burguesía, eso no es sino charlatanería liberal, que embauca a los obreros. En la culta Alemania, lo mismo que en la inculta Rusia, se trata de una perogrullada. Lo que hace Kautsky es arrojar su "sabia" tierra a los ojos de los obreros, hablándoles con aire grave de Weitling, de los jesuitas del Paraguay y de otras muchas cosas para pasar por alto la esencia b u r g u e s a de la democracia contemporánea, es decir, de la democracia capitalista.
   
Kautsky toma del marxismo lo que los liberales admiten, lo que admite la burguesía (la crítica del medievo, el papel
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progresivo que desempeñan en la historia el capitalismo en general y la democracia capitalista en particular) y arroja por la borda, calla y oculta en el marxismo lo que es inadmisible para la burguesía (la violencia revolucionaria del proletariado contra la burguesía para aniquilar a ésta). Por ello, dada su posición objetiva, sea cual fuere su convicción subjetiva, Kautsky resulta ser inevitablemente un lacayo de la burguesía.
   
La democracia burguesa, que constituye un gran progreso histórico en comparación con el medievo, sigue siendo siempre -- y no puede dejar de serlo bajo el capitalismo -- estrecha, amputada, falsa, hipócrita, paraíso para los ricos y trampa y engaño para los explotados, para los pobres. Esta verdad, que figura entre lo más esencial de la doctrina marxista, no la ha comprendido el "marxista" Kautsky. En este problema -- fundamental -- Kautsky ofrece "cosas del gusto" de la burguesía, en lugar de una crítica científica de las condiciones que hacen de toda democracia burguesa una democracia para los ricos.
   
Comencemos por recordar al doctísimo señor Kautsky las declaraciones teóricas de Marx y Engels que nuestro exégeta, para verguenza suya, "ha olvidado" (con objeto de complacer a la burguesía), y después explicaremos las cosas del modo más popular.
   
No sólo el Estado antiguo y feudal, sino también "el moderno Estado representativo es instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado" (Engels, en su obra sobre el Estado)[10]. "Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es un absurdo hablar de un Estado libre del pueblo: mientras el proletariado necesite todavía del Estado, no lo necesitará
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en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir" (Engels, en su carta a Bebel del 28 de marzo de 1875). "El Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía" (Engels, en el prólogo a La guerra civil de Marx)[11]. El sufragio universal es "el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual " (Engels, en su obra sobre el Estado[12]. El señor Kautsky rumia en forma extraordinariamente aburrida la primera parte de esta tesis, admisible para la burguesía. ¡En cambio la segunda, que hemos subrayado y que no es admisible para la burguesía, el renegado Kautsky la pasa por alto!) "La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo. . . En vez de decidir una vez cada tres o seis años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar (ver- und zertreten ) al pueblo en el parlamento, el sufragio universal había de servir al pueblo organizado en comunas, como el sufragio individual sirve a los patronos que buscan obreros y administradores para sus negocios" (Marx, en su obra sobre la Comuna de París La guerra civil en Francia )[13].
   
Cada una de estas tesis, que conoce perfectamente el doctísimo señor Kautsky, es para él una bofetada y descubre toda su traición. En todo el folleto de Kautsky no hay ni una sola gota de comprensión de estas verdades. ¡Todo él es una burla del marxismo!
   
Tomad las leyes constitucionales de los Estados contemporáneos, tomad la manera como son regidos, la libertad de reunión o de imprenta, la "igualdad de los ciudadanos
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ante la ley", y veréis a cada paso la hipocresía de la democracia burguesa que tan bien conoce todo obrero honrado y consciente. No hay Estado, incluso el más democrático, cuya Constitución no ofrezca algún escape o reserva que permita a la burguesía lanzar las tropas contra los obreros, declarar el estado de guerra, etc. "en caso de alteración del orden" -- en realidad, en caso de que la clase explotada "altere" su situación de esclava e intente hacer algo que no sea propio de esclavos --. Kautsky acicala desvergonzadamente la democracia burguesa, callándose, por ejemplo, lo que los burgueses más democráticos y republicanos hacen en Norteamérica o en Suiza contra los obreros en huelga.
   
¡Oh, el sabio y docto Kautsky se lo calla! Este erudito político no comprende que silenciarlo es una villanía. Prefiere contar a los obreros cuentos de niños, como lo de que democracia significa "defensa de la minoría". ¡Resulta increíble, pero así es! En este año de nuestro Señor, 1918, el quinto año de carnicería imperialista mundial y de que en todas las "democracias" del mundo se estrangula a las minorías internacionalistas (es decir, a los que no han traicionado vilmente el socialismo, como los Renaudel y los Longuet, los Scheidemann y los Kautsky, los Henderson y los Webb, etc.), el sabio señor Kautsky entona sus melifluas loas a la "defensa de la minoría". Quien lo desee puede leerlo en la página 15 del folleto de Kautsky. Y en la página 16, tan docto. . . individuo os hablará ¡de los whigs y de los tories del siglo XVIII en Inglaterra!
   
¡Oh erudición! ¡Oh refinado servilismo ante la burguesía! ¡Oh civilizada manera de reptar ante los capitalistas y lamerles las botas! Si yo fuera Krupp, Scheidemann, Clemenceau o Renaudel, le pagaría al señor Kautsky millones, le recompensaría con besos de Judas, lo elogiaría ante los obreros,
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recomendaría "la unidad socialista" con gentes tan "respetables" como él. ¿No es prestar lacayunos servicios a la burguesía eso de escribir folletos contra la dictadura del proletariado, traer a colación a los whigs y tories del siglo XVIII en Inglaterra, afirmar que democracia significa "defensa de la minoría" y guardar silencio sobre los pogroms desencadenados contra los internacionalistas en la "democrática" República de los Estados Unidos?
   
El sabio señor Kautsky "ha olvidado" -- probablemente por casualidad. . . -- una "pequeñez": el partido dominante de una democracia burguesa sólo cede la defensa de la minoría a otro partido burgués, mientras que al proletariado, en todo problema serio, profundo y fundamental, en lugar de "defensa de la minoría" le tocan en suerte estados de guerra o pogroms. Cuanto más desarrollada está la democracia, tanto más cerca se encuentra en toda divergencia política profunda, peligrosa para la burguesía, del pogrom o de la guerra civil. El sabio señor Kautsky podía haber advertido esta "ley" de la democracia burguesa en el asunto Dreyfus en la Francia republicana, en el linchamiento de negros e internacionalistas en la democrática República de los Estados Unidos, en el ejemplo de Irlanda y de Ulster en la democrática Inglaterra[14], en la persecución de los bolcheviques y en la organización de pogroms contra ellos en abril de 1917, en la democrática República de Rusia. Intencionadamente cito ejemplos que no corresponden sólo al período de guerra, sino también al período prebélico, al tiempo de paz. El melifluo señor Kautsky estima oportuno cerrar los ojos ante estos hechos del siglo XX, y contar, en cambio, a los obreros cosas admirablemente nuevas, de extraordinario interés, inusitadamente instructivas e increíblemente enjundiosas sobre los whigs y los tories del siglo XVIII.
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Considerad el parlamento burgués. ¿Puede admitirse que el sabio Kautsky no haya oído decir nunca que los parlamentos burgueses están tanto más sometidos a la Bolsa y a los banqueros cuanto más desarrollada está la democracia? Esto no quiere decir que no deba utilizarse el parlamentarismo burgués (y los bolcheviques lo han utilizado quizá con mayor éxito que ningún otro partido del mundo, porque en 1912-1914 habíamos conquistado toda la curia obrera de la cuarta Duma). Pero sí quiere decir que sólo un liberal puede olvidar, como lo hace Kautsky, el carácter históricamente limitado y condicional que tiene el parlamentarismo burgués. En el más democrático Estado burgués, las masas oprimidas tropiezan a cada paso con una contradicción flagrante entre la igualdad formal, proclamada por la "democracia" de los capitalistas, y las mil limitaciones y tretas reales que convierten a los proletarios en esclavos asalariados. Esta contradicción es lo que abre a las masas los ojos ante la podredumbre, la falsedad y la hipocresía del capitalismo. ¡Esta contradicción es la que los agitadores y los propagandistas del socialismo denuncian siempre ante las masas a fin de prepararlas para la revolución! Y cuando ha comenzado una era de revoluciones, Kautsky le vuelve la espalda y se dedica a ensalzar los encantos de la democracia burguesa agonizante.
   
La democracia proletaria, una de cuyas formas es el Poder soviético, ha infundido un desarrollo y una extensión como jamás se conocieron a la democracia para la inmensa mayoría de la población, para los explotados y los trabajadores. Escribir todo un folleto sobre la democracia, como lo hace Kautsky, que dedica dos páginas a la dictadura y decenas de páginas a la "democracia pura", y no advertir esto, significa tergiversar por completo las cosas al modo liberal.
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Considerad la política exterior. En ningún país burgués, ni aun en el más democrático, se hace abiertamente. En todas partes se engaña a las masas; y en la democrática Francia, en Suiza, en Norteamérica y en Inglaterra se hace de un modo cien veces más amplio y refinado que en otros países. El Poder soviético ha arrancado revolucionariamente el velo de misterio que cubría la política exterior. Kautsky no lo ha notado. Nada dice de ello, aunque en una época de guerras de rapiña y de tratados secretos para el "reparto de las esferas de influencia" (es decir, para la partición del mundo entre los bandoleros capitalistas) tiene una importancia cardinal, porque de eso depende la paz, la vida y la muerte de decenas de millones de personas.
   
Considerad la estructura del Estado. Kautsky se aferra a "minucias", incluso a que las elecciones son "indirectas" (en la Constitución soviética), pero no ve el fondo del problema. No nota que la máquina estatal, el aparato del Estado tiene una esencia de clase. En la democracia burguesa, valiéndose de mil ardides -- tanto más ingeniosos y eficaces cuanto más desarrollada está la democracia "pura" --, los capitalistas apartan a las masas de la participación en el gobierno, de la libertad de reunión y de imprenta, etc. El Poder soviético es el primero del mundo (mejor dicho el segundo, porque la Comuna de París empezó a hacer lo mismo) que incorpora al gobierno a las masas, precisamente a las masas explotadas. Mil obstáculos impiden a las masas trabajadoras participar en el parlamento burgués (que nunca resuelve las cuestiones más importantes dentro de la democracia burguesa: las resuelven la Bolsa y los Bancos) y los obreros saben y sienten, ven y perciben perfectamente que el parlamento burgués es una institución extraña, un instrumento de opresión de los
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proletarios por la burguesía, la institución de una clase hostil, de la minoría de explotadores.
   
Los Soviets son la organización directa de los trabajadores y de las masas explotadas, a los que dan toda clase de facilidades para organizar por sí mismos el Estado y gobernarlo. La vanguardia de los trabajadores y de los explotados, el proletariado de las ciudades, tiene en este sentido la ventaja de ser el más unido, gracias a las grandes empresas; a él le es más fácil que a nadie elegir y controlar a los elegidos. La organización soviética facilita automáticamente la unificación de todos los trabajadores y explotados alrededor de su vanguardia, el proletariado. El viejo aparato burgués, la burocracia, los privilegios de la fortuna, de la instrucción burguesa, de las relaciones, etc. (privilegios de hecho, tanto más variados cuanto más desarrollada está la democracia burguesa) desaparecen totalmente con la organización soviética. La libertad de imprenta deja de ser una farsa, porque se desposee a la burguesía de los talleres gráficos y del papel. Lo mismo sucede con los mejores edificios, con los palacios, hoteles particulares, casas señoriales de campo, etc. El Poder soviético desposeyó inmediatamente a los explotadores de miles y miles de los mejores edificios, haciendo de este modo u n m i l l ó n d e v e c e s más "democrático" el derecho de reunión para las masas, ese derccho de reunión sin el que la democracia es un engaño. Las elecciones indirectas de los Soviets que no son locales hacen más fáciles los congresos de los Soviets, hacen que todo el aparato sea menos costoso, más ágil, esté más al alcance de los obreros y de los campesinos en un período en que la vida se encuentra en efervescencia y es necesario poder proceder con gran rapidez para revocar a un diputado local o enviarle al Congreso general de los Soviets.
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La democracia proletaria es u n m i l l ó n d e v e c e s más democrática que cualquier democracia burguesa. El Poder soviético es un millón de veces más democrático que la más democrática de las repúblicas burguesas.
   
Para no advertirlo es preciso ser un servidor consciente de la burguesía o un hombre políticamente muerto del todo, al que los polvorientos libros burgueses le impiden ver la vida real y que está impregnado hasta la médula de prejuicios democrático-burgueses, por lo que objetivamente se ha convertido en lacayo de la burguesía.
   
Esto sólo podía escapársele a un hombre incapaz de plantear la cuestión desde el punto de vista de las clases oprimidas:
   
¿Hay un solo país del mundo, entre los países burgueses más democráticos, donde el obrero medio, de la masa, el bracero medio, de la masa, o el semiproletario del campo en general (es decir, el representante de la masa oprimida, de la inmensa mayoría de la población) goce, aunque sea aproximadamente, de la libertad de celebrar sus reuniones en los mejores edificios; de la libertad de disponer para expresar sus ideas y defender sus intereses, de las imprentas más grandes y de las mejores reservas de papel; de la libertad de enviar hombres de su clase al gobierno y para "poner en orden" el Estado, como sucede en la Rusia Soviética?
   
Es ridículo pensar siquiera que el senor Kautsky pueda hallar en ningún país un obrero o un bracero entre mil, que, puesto al corriente, dude al contestar a esta pregunta. Instintivamente, sin oir más que las confesiones fragmentarias de la verdad que se les escapan a los periódicos burgueses, los obreros de todo el mundo simpatizan con la República de los Soviets porque ven en ella la democracia proletaria, la democracia para los pobres, y no una democracia para los
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ricos, como en realidad es toda democracia burguesa, incluso la mejor.
   
Nos gobiernan (y "ordenan" nuestro Estado) funcionarios burgueses, parlamentarios burgueses y jueces burgueses. Esta es una verdad pura, evidente, indiscutible, que conocen por experiencia, que sienten y perciben cotidianamente decenas y centenares de millones de seres de las clases oprimidas de todos los países burgueses, incluso de los más democráticos.
   
En cambio, en Rusia se ha deshecho por completo el aparato burocrático, no dejando de él piedra sobre piedra, se ha echado a todos los antiguos magistrados, se ha disuelto el parlamento burgués y se ha dado a los obreros y a los campesinos una representación mucho más accesible ; s u s Soviets han venido a ocupar el puesto de los funcionarios o s u s Soviets han sido colocados por encima de los funcionarios, s u s Soviets son los que eligen a los jueces. Este mero hecho basta para que todas las clases oprimidas proclamen que el Poder de los Soviets, es decir, esta forma de dictadura del proletariado, es un millón de veces más democrático que la más democrática de las repúblicas burguesas.
   
Kautsky no comprende esta verdad, inteligible y evidente para todo trabajador, porque "ha olvidado", "ha perdido la costumbre" de preguntar: ¿democracia p a r a q u é c I a s e ? El razona desde el punto de vista de la democracia "pura" (¿es decir, sin clases? ¿o por encima de las clases?). Argumenta como Shylock: "una libra de carne", y nada más. Igualdad de todos los ciudadanos; si no, no hay democracia.
   
Debemos preguntar al sabio Kautsky, al "marxista" y "socialista" Kautsky:
   
¿Puede haber igualdad entre el explotado y el explotador?
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Es monstruoso, es increíble que tengamos que hacer esta pregunta al tratar de un libro del dirigente ideológico de la II Internacional. Pero hemos puesto manos a la obra, y hay que llevarla a término. Nos hemos propuesto escribir sobre Kautsky; hay que explicar, pues, a este erudito por qué no puede haber igualdad entre el explotador y el explotado.
   
Kautsky argumenta así:
   
(1) "Los explotadores han constituido siempre una pequeña minoría de la población" (pág. 14 del opúsculo de Kautsky).
   
Esto es una verdad indiscutible. ¿Cómo deberemos razonar partiendo de ella? Podemos razonar como marxistas, como socialistas; entonces habremos de basarnos en la relación entre explotados y explotadores. Podemos razonar como liberales, como demócratas burgueses; entonces habremos de basarnos en la relación entre mayoría y minoría.
   
Si razonamos como marxistas, tendremos que decir: los explotadores transforman inevitablemente el Estado (porque se trata de la democracia, es decir, de una de las formas del Estado) en instrumento de dominio de su clase, de la clase de los explotadores, sobre los explotados. Por eso, aun el Estado democrático, mientras haya explotadores que dominen sobre una mayoría de explotados, será inevitablemente una democracia de explotadores. El Estado de los explotados debe distinguirse por completo de él, debe ser la democracia para los explotados y el aplastamiento de los explotadores ; y el aplastamiento de una clase significa la desigualdad en detrimento suyo, su exclusión de la "democracia".
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Si argumentamos en liberal, tendremos que decir: la mayoría decide y la minoría se somete. Los desobedientes son castigados. Y nada más. No hay por qué hablar del carácter de clase del Estado en general ni de la "democracia pura" en particular; no tiene nada que ver con la cuestión, porque la mayoría es la mayoría y la minoría es la minoría. Una libra de carne es una libra de carne, y nada más.
   
Kautsky razona exactamente así:
   
(2) "¿Qué motivos hay para que la dominación del proletariado tomase o haya de tomar una forma que sea incompatible con la democracia?" (pág. 21). Después explica, con frase larga y redundante, hasta con una cita de Marx y con estadísticas electorales de la Comuna de París, que el proletariado posee la mayoría. Conclusión: "Un régimen con tan hondas raíces en las masas no tiene motivo alguno para atentar contra la democracia. No siempre podrá abstenerse de la violencia cuando se haga uso de ella contra la democracia. Sólo con la violencia puede contestarse a la violencia. Pero un régimen que sabe que cuenta con las masas usará de ella únicamente para defender la democracia, y no para suprimirla. Cometería un verdadero suicidio si quisiera suprimir su base más segura, el sufragio universal, profunda fuente de poderosa autoridad moral" (pág. 22).
   
Como se ve, la relación entre explotados y explotadores ha desaparecido de la argumentación de Kautsky. No queda más que la mayoría en general, la minoría en general, la democracia en general, la "democracia pura" que ya conocemos.
   
¡Obsérvese que esto se dice a propósito de la Comuna de París ! Para mayor evidencia, veamos lo que decían Marx y Engels de la dictadura a propósito de la Comuna :
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Marx : . . . "Si los obreros sustituyen la dictadura de la clase burguesa con su dictadura revolucionaria. . . para vencer la resistencia de la burguesía. . ., dan al Estado una forma revolucionaria y transitoria" . . .[15]
   
Engels : . . . "El partido victorioso" (en la revolución) "si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por el terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?" . . .
   
Engels : "Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es un absurdo hablar de un Estado libre del pueblo: mientras el proletariado necesite todavía del Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir" . . .
   
Entre Kautsky, por un lado, y Marx y Engels, por otro, existe el mismo abismo que entre el cielo y la tierra, que entre un liberal y un revolucionario proletario. La democracia pura, y sencillamente la "democracia" de que habla Kautsky, no es más que una paráfrasis de ese mismo "Estado libre del pueblo", es decir, un puro absurdo. Con la erudición de un doctísimo imbécil de gabinete, o con el candor de una niña de diez años, pregunta Kautsky: ¿Para qué ejercer la dictadura teniendo la mayoría? Marx y Engels lo explican:
   
-- -- Para aplastar la resistencia de la burguesía.
   
-- -- Para inspirar temor a los reaccionarios.
   
-- -- Para mantener la autoridad del pueblo armado contra la burguesía.
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-- -- Para que el proletariado pueda someter por la fuerza a sus adversarios.
   
Kautsky no comprende estas explicaciones. Enamorado de la "pureza" de la democracia, no viendo su carácter burgués, sostiene "consecuentemente" que la mayoría, puesto que lo es, no tiene necesidad de "aplastar la resistencia" de la minoría, de "aplastarla por la fuerza"; sostiene que es suficiente reprimir los casos de violación de la democracia. ¡Enamorado de la "pureza" de la democracia, Kautsky incurre por descuido en ese pequeño error en que siempre incurren todos los demócratas burgueses: toma por igualdad real la igualdad formal (que no es más que mentira e hipocresía en el régimen capitalista)! ¡Nada menos!
   
El explotador no puede ser igual al explotado.
   
Esta verdad, por desagradable que le resulte a Kautsky, es lo más esencial del socialismo.
   
Otra verdad: No puede haber igualdad real, efectiva, mientras no se haya hecho totalmente imposible la explotación de una clase por otra.
   
Se puede derrotar de golpe a los explotadores con una insurrección victoriosa en la capital o una rebelión de las tropas. Pero, descontando casos muy raros y excepcionales, no se puede hacer desaparecer de golpe a los explotadores. No se puede expropiar de golpe a todos los terratenientes y capitalistas de un país de cierta extensión. Además, la expropiación por sí sola, como acto jurídico o político, no decide, ni mucho menos, el problema, porque es necesario desplazar de hecho a los terratenientes y capitalistas, reemplazarlos de hecho en fábricas y fincas por otra administración, la obrera. No puede haber igualdad entre los explotadores, a los que durante muchas generaciones han distinguido la instrucción, las condiciones de la vida rica y los hábitos
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adquiridos, y los explotados, que, incluso en las repúblicas burguesas más avanzadas y democráticas, son una masa embrutecida, inculta, ignorante, atemorizada y falta de cohesión. Durante mucho tiempo después de la revolución, los explotadores siguen conservando de hecho, inevitablemente, tremendas ventajas: conservan el dinero (no es posible suprimir el dinero de golpe), algunos que otros bienes muebles, con frecuencia considerables; conservan las relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de todos los "secretos" (costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) de la administración; conservan una instrucción más elevada, sus estrechos lazos con el alto personal técnico (que vive y piensa en burgués); conservan (y esto es muy importante) una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al arte militar, etc., etc.
   
Si los explotadores son derrotados solamente en un país -- y éste es, naturalmente, el caso típico, pues la revolución simultánea en varios países constituye una rara excepción -- seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados, porque sus relaciones internacionales son poderosas. Además, una parte de los explotados, pertenecientes a las masas menos desarrolladas de campesinos medios, artesanos, etc., sigue y puede seguir a los explotadores, como lo han probado hasta ahora todas las revoluciones, incluso la Comuna (porque entre las fuerzas de Versalles había también proletarios, cosa que "ha olvidado" el doctísimo Kautsky).
   
Por tanto, suponer que en una revolución más o menos seria y profunda la solución del problema depende sencillamente de la relación entre la mayoría y la minoría, es el colmo de la estupidez, el más necio prejuicio de un liberal adocenado, es engañar a las masas, ocultarles una verdad histórica bien establecida. Esta verdad histórica es la siguiente: en toda
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revolución profunda, lo normal es que los explotadores, que durante bastantes años conservan de hecho sobre los explotados grandes ventajas, opongan una resistencia larga, porfiada y desesperada. Nunca -- a no ser en la fantasía dulzona del melifluo tontaina de Kautsky -- se someten los explotadores a la decisión de la mayoría de los explotados antes de haber puesto a prueba su superioridad en una desesperada batalla final, en una serie de batallas.
   
El paso del capitalismo al comunismo llena toda una época histórica. Mientras esta época histórica no finalice, los explotadores siguen inevitablemente abrigando esperanzas de restauración, esperanzas que se convierten en tentativas de restauración. Después de la primera derrota seria, los explotadores derrocados, que no esperaban su derrocamiento ni creían en él, que no aceptaban ni siquiera la idea de él, se lanzan con energía decuplicada, con pasión furiosa y odio centuplicado a la lucha por la restitución del "paraíso" que les ha sido arrebatado, en defensa de sus familias, que antes disfrutaban de una vida tan dulce y a quienes la "chusma del populacho vil" condena a la ruina y a la miseria (o al "simple" trabajo. . .). Y detrás de los capitalistas explotadores viene arrastrándose una gran masa de pequeña burguesía, de la que decenios de experiencia histórica en todos los países nos dicen que titubea y vacila, que hoy sigue al proletariado y mañana se asusta de las dificultades de la revolución, se deja llevar del pánico ante la primera derrota o semiderrota de los obreros, se pone nerviosa, se agita, lloriquea, se pasa de un campo a otro. . . lo mismo que nuestros mencheviques y eseristas.
   
¡¡Y en estas condiciones, en una época de lucha desesperada, agudizada, cuando la historia pone al orden del día
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problemas de vida o muerte para privilegios seculares y milenarios, hablar de mayoría y minoría, de democracia pura, de que no hace falta la dictadura, de igualdad entre explotadores y explotados!! ¡Qué abismo de estupidez y de filisteísmo se necesita para ello!
   
Pero decenios de un capitalismo relativamente "pacífico", de 187I a 1914, han convertido los partidos socialistas que se adaptan al oportunismo en establos de Augias de filisteísmo, de estrechez mental y de apostasía . . .
   
El lector habrá advertido probablemente que Kautsky, en el pasaje de su libro más arriba citado, habla de atentado contra el sufragio universal (al que califica, dicho sea entre paréntesis, de profunda fuente de poderosa autoridad mGral, mientras que Engels, a propósito de la misma Comuna de París y del mismo problema de la dictadura, habla de la autoriadad del pueblo armado contra la burguesía; resulta característico comparar las ideas que sobre la "autoridad" tienen un filisteo y un revolucionario . . .).
   
Es de advertir que el privar a los explotadores del derecho de voto es un problema puramente ruso, y no un problema de la dictadura del proletariado en general. Si Kautsky, sin hipocresía, hubiera titulado su folleto Contra los bolcheviques, el título correspondería al contenido, y Kautsky tendría entonces derecho a hablar directamente del derecho de sufra gio. Pero Kautsky ha querido ser, ante todo, un "teórico". La dictadura del proletariado ha titulado su folleto en general. De los Soviets y de Rusia habla especialmente sólo en la segunda parte del opúsculo, a partir del apartado sexto. En cambio, en la primera parte (que es de donde yo he tomado la
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cita), trata de la democracia y de la dictadura e n g e n e r a l. Puesto a hablar del derecho electoral, Kautsky se ha desenmascarado como polemista contra los bolcheviques sin un ápice de respeto por la teoría. Porque la teoría, es decir, el estudio de los fundamentos generales de clase (y no de un carácter específico nacional) de la democracia y de la dictadura, no debe tratar de un problema especial, como es el derecho electoral, sino del problema general: ¿Puede mantenerse la democracia para los ricos y los explotadores en un período histórico en que se derriba a los explotadores y su Estado es sustituido por el Estado de los explotados?
   
Así y sólo así es como puede plantear el problema un teórico.
   
Conocemos el ejemplo de la Comuna, conocemos todos los razonamientos de los fundadores del marxismo sobre ella y a propósito de ella. Apoyándome en estos materiales he analizado yo, por ejemplo, el problema de la democracia y de la dictadura en el folleto El Estado y la revolución, escrito antes de la Revolución de Octubre. Acerca de la restricción del derecho al sufragio no he dicho ni una palabra. Y ahora hay que afirmar que este problema es un asunto específico nacional, y no un problema general de la dictadura. Es un problema que hay que enfocar con un estudio de las condiciones peculiares de la revolución rusa, con un estudio de su camino especial de desarrollo. Esto es lo que me propongo hacer en las páginas que siguen. Pero sería un error asegurar por anticipado que las próximas revoluciones proletarias de Europa, todas o la mayor parte de ellas, originarán necesariamente una restricción del derecho de voto para la burguesía. Puede suceder así. Después de la guerra y de la experiencia de la revolución rusa, es probable que así suceda, pero no es
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indispensable para el ejercicio de la dictadura, no constituye un rasgo imprescindible del concepto lógico de dictadura, no es condición indispensable del concepto de dictadura en el terreno histórico y de clase.
   
Lo que es rasgo indispensable, condición imprescindible de la dictadura, es la represión por la fuerza a los explotadores como clase, y, por consiguiente, la violación de la "democracia pura", es decir, de la igualdad y de la libertad en relación con esa clase.
   
Así y sólo así es como puede plantearse el problema en el terreno teórico. Y Kautsky, al no hacerlo así, demuestra que no procede contra los bolcheviques como teórico, sino como un sicofante de los oportunistas y de la burguesía.
   
Determinar en qué países, en qué condiciones específicas nacionales de un capitalismo u otro se va a aplicar (de un modo exclusivo o preponderante) una restricción determinada, una violación de la democracia para los explotadores, es una cuestión que depende de las particularidades nacionales de cada capitalismo, de cada revolución. Teóricamente, el problema es distinto, y se formula así: ¿Es posible la dictadura del proletariado sin violación de la democracia respecto a la clase de los explotadores?
   
Kautsky ha eludido esta cuestión, la única teóricamente esencial e importante. Cita toda clase de pasajes de Marx y de Engels salvo los que se refieren al problema que nos ocupa, que yo he citado más arriba.
   
Habla de todo lo que se quiera, de todo lo que admiten los liberales y los demócratas burgueses, de lo que no rebasa el círculo de ideas de éstos, menos de lo principal, de que el proletariado no puede triunfar sin vencer la resistencia de la burguesía, sin reprimir por la violencia a sus adversarios ; y
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donde hay "represión violenta", donde no hay "libertad", desde luego no hay democracia.
   
Esto no lo ha comprendido Kautsky.
   
Pasemos a la experiencia de la revolución rusa y a la divergencia entre los Soviets de Diputados y la Asamblea Constituyente, que condujo a la disolución de la Constituyente, privándose a la burguesía del derecho de sufragio.
   
Los Soviets son la forma rusa de la dictadura del proletariado. Si el teórico marxista que escribe un trabajo sobre la dictadura del proletariado hubiera estudiado de veras este fenómeno (en lugar de repetir las lamentaciones pequeñoburguesas contra la dictadura, como hace Kautsky, cantando las melodías mencheviques), habría comenzado por dar una definición general de la dictadura, y después habría examinado su forma particular, nacional, los Soviets, criticándolos como una de las formas de la dictadura del proletariado.
   
Claro que nada serio puede esperarse de Kautsky después de su "interpretación" liberal de la doctrina de Marx sobre la dictadura. Pero es curioso en el más alto grado ver cómo aborda el problema de los Soviets y cómo lo resuelve.
   
Los Soviets, escribe, recordando su aparición en 1905, crearon "una forma de organización proletaria que era la más universal (umfassendste ) de todas, porque comprendía a todos los obreros asalariados" (pág. 31). En 1905 los Soviets
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no eran más que corporaciones locales; en 1917, se han convertido en una organización que se extiende a toda Rusia.
   
"Ya ahora -- prosigue Kautsky -- tiene la organización soviética una historia grande y gloriosa. La que le está reservada es aún más grande, y no sólo en Rusia. En todas partes se observa que, contra las gigantescas fuerzas de que dispone el capital financiero en sentido económico y político, son insuficientes" (versagen : esta palabra alemana dice algo más que "insuficientes" y algo menos que "impotentes") "los antiguos métodos del proletariado en su lucha politica y económica. No puede prescindirse de ellos; siguen siendo indispensables para tiempos normales, pero de cuando en cuando se les plantean problemas para cuya solución son impotentes, problemas en que el éxito se cifra tan sólo en la unión de todos los instrumentos de fuerza políticos y económicos de la clase obrera" (32).
   
Sigue una disquisición en torno a la huelga de masas, después de lo cual afirma que "la burocracia de los sindicatos", tan necesaria como los sindicatos mismos, "no es apta para dirigir las gigantescas batallas de las masas que son cada vez más características de nuestros tiempos". . .
   
. . ."Así, pues -- concluye Kautsky --, la organización soviética es uno de los fenómenos más importantes de nuestra época. Promete adquirir una importancia decisiva en los grandes combates decisivos que se avecinan entre el capital y el trabajo.
   
Quien conozca la literatura menchevique rusa habrá observado en seguida que Kautsky copia servilmente a Mártov,
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Axelrod, Stein y compañía. "Servilmente" es la palabra, porque ha desnaturalizado los hechos hasta un punto grotesco en provecho de los prejuicios mencheviques. Por ejemplo, no se ha tomado la molestia de preguntar a sus informadores, al Stein de Berlín o al Axelrod de Estocolmo, acerca del momento en que se planteó el cambio de nombre de los bolcheviques en comunistas y lo relativo al papel de los Soviets como organizaciones estatales. Sencillamente con haber solicitado estos datos, no habría escrito Kautsky unas líneas que mueven a risa, porque ambos asuntos los plantearon los bolcheviques en abril de 1917, por ejemplo, en mis "tesis" del 4 de abril de 1917, es decir, mucho tiempo antes de la Revolución de Octubre de 1917 (por no hablar ya de la disolución de la Constituyente el 5 de enero de 1918).
   
Pero el razonamiento de Kautsky, que he reproducido por entero, es el quid de todo el problema de los Soviets. El quid está en saber si los Soviets deben tender a convertirse en organizaciones de Estado (los bolcheviques lanzaron en abril de 1917 la consigna de "¡Todo el Poder a los Soviets!" y en la Conferencia del Partido Bolchevique del mismo mes de abril de 1917 declararon que no les satisfacía una república parlamentaria burguesa, sino que reivindicaban una república de obreros y campesinos del tipo de la Comuna o del tipo de los Soviets); o bien los Soviets no han de seguir esa tendencia, no han de tomar el Poder, no han de convertirse en organizaciones de Estado, sino que deben seguir siendo "organizaciones de combate" de una "clase" (según dijo Mártov, adecentando con estos inocentes deseos el hecho de que, bajo la dirección menchevique, los Soviets eran un instrumento de subordinación de los obreros a la burguesía ).
   
Kautsky repite servilmente las palabras de Mártov, tomando fragmentos de la controversia teórica de los bolche-
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viques con los mencheviques y proyectando estos fragmentos, sin crítica ni razón, sobre el terreno teórico general, sobre el terreno europeo. El resultado es un embrollo capaz de provocar una risa homérica en todo obrero ruso consciente que llegase a conocer el citado razonamiento de Kautsky.
   
Con la misma risa acogerán a Kautsky todos los obreros europeos (a excepción de un puñado de empedernidos socialimperialistas) cuando les expliquemos de qué se trata.
   
Llevando al absurdo, con extraordinaria evidencia, el error de Mártov, Kautsky le ha prestado el servicio del oso de la fábula. En efecto, veamos lo que le resulta a Kautsky.
   
Los Soviets comprenden a todos los obreros asalariados. Contra el capital financiero son insuficientes los antiguos métodos del proletariado en su lucha política y económica. Los Soviets están llamados a cumplir un papel importantísimo y no sólo en Rusia. Cumplirán un papel decisivo en las grandes batallas decisivas entre el capital y el trabajo en Europa. Esto es lo que dice Kautsky.
   
Muy bien. ¿No deciden "las batallas decisivas entre el capital y el trabajo" cuál de esas dos clases se adueñará del Poder del Estado?
   
Nada de eso. Guárdenos Dios.
   
En las batallas "decisivas", los Soviets, que comprenden a todos los obreros asalariados, ¡no deben convertirse en una organización de Estado!
   
Pero ¿qué es el Estado?
   
El Estado no es sino una máquina para la opresión de una clase por otra.
   
Por tanto, la clase oprimida, la vanguardia de todos los trabajadores y de todos los explotados en la sociedad actual, debe lanzarse a "las batallas decisivas entre el capital y el trabajo", ¡pero no debe tocar la máquina de la que se sirve
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el capital para oprimir al trabajo! ¡No debe romper esa máquina! ¡No debe emplear su organización universal para reprimir a los explotadores !
   
¡Magnífico, admirable, señor Kautsky! "Nosotros" reconocemos la lucha de clases, como la reconocen todos los liberales, o sea, sin derribar a la burguesía. . .
   
Aquí es donde se hace patente la total ruptura de Kautsky, tanto con el marxismo como con el socialismo. Esto es, de hecho, pasarse al lado de la burguesía, que se halla dispuesta a admitir todo lo que se quiera, menos la transformación de las organizaciones de la clase que ella oprime en organizaciones de Estado. No hay ya medio de que Kautsky salve su posición, que todo lo concilia y que no tiene más que frases para salvar todas las profundas contradicciones.
   
Sea que Kautsky renuncia en absoluto a que el Poder del Estado pase a manos de la clase obrera, sea que admite que la clase obrera se adueñe de la vieja máquina estatal, de la máquina burguesa, pero de ningún modo consiente que la rompa y la destruya, sustituyéndola por una nueva, por la máquina proletaria. Que se "interprete" o se "explique" de uno u otro modo el razonamiento de Kautsky, en ambos casos resulta evidente su ruptura con el marxismo y su paso al lado de la burguesía.
   
Ya en el Manifiesto Comunista, al hablar del Estado que necesita la clase obrera triunfante, escribía Marx: "El Estado, es decir, el proletariado organizado como clase dominante"[16]. Y ahora un hombre que pretende seguir siendo marxista, declara que el proletariado totalmente organizado y que sos tiene "una lucha decisiva" contra el capital, no debe hacer de su organización de clase una organización de Estado. La "fe supersticiosa en el Estado", que según escribía Engels en 1891 "en Alemania se ha trasplantado a la consciencia
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general de la burguesía e incíuso a la de muchos obreros"[17], es lo que en este caso ha puesto de manifiesto Kautsky. Luchad, obreros, "autoriza" nuestro filisteo (también lo "autoriza" el burgués porque de todos modos los obreros luchan, y lo único que hace falta es buscar el modo de embotar el filo de su espada). ¡Luchad, pero no tratéis de vencer! ¡No destruyáis la máquina del Estado burgués, no sustituyáis la "organización estatal" burguesa por la "organi zación estatal" proletaria!
   
Una persona que compartiera en serio la idea de Marx de que el Estado no es más que una máquina para el aplastamiento de una clase por otra, que se hubiera parado a meditar sobre esta verdad, no habría podido llegar nunca al absurdo de decir que las organizaciones proletarias, capaces de vencer al capital financiero, no deben transformarse en organizaciones de Estado. Eso es lo que revela al pequeñoburgués, para el que el Estado es, "a pesar de todo", una entidad al margen de las clases, o situada por encima de las clases. En efecto, ¿por qué puede el proletariado, "una sola clase ", hacer una guerra decisiva al capital, que no sólo domina sobre el proletariado, sino sobre el pueblo entero, sobre toda la pequeña burguesía, sobre todos los campesinos, y no puede, siendo "una sola clase ", transformar su organización en organización de Estado? Porque el pequeñoburgués teme la lucha de clases y no la lleva a término, a lo más importante.
   
Kautsky se ha metido en un embrollo completo y deja traslucir su verdadera fisonomía. Fijaos: él mismo ha reconocido que Europa se acerca a batallas decisivas entre el capital y el trabajo y que los antiguos métodos del proletariado en la lucha política y económica son insuficientes. Pero estos métodos consistían precisamente en utilizar la democracia burguesa. ¿Por tanto? . . .
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Kautsky ha tenido miedo de terminar el razonamiento y ver lo que de ello se deduce.
   
. . . Por tanto, sólo un reaccionario, enemigo de la clase obrera, lacayo de la burguesía, puede dedicarse ahora a pintar los encantos de la democracia burguesa y a cotorrear acerca de la democracia pura, vuelto hacia un pasado ya caduco. La democracia burguesa fue progresiva en comparación con la Edad Media, y había que utilizarla. Pero ahora es insuficiente para la clase obrera. Ahora hay que mirar no hacia atrás, sino hacia adelante, hay que ir a la sustitución de la democracia burguesa por la proletaria. Ha sido posible (y necesario) realizar en el marco del Estado democrático burgués el trabajo preparatorio de la revolución proletaria, la instrucción y formación del ejército proletario, pero encerrar al proletariado dentro de ese marco cuando se ha llegado a las "batallas decisivas", es traicionar la causa proletaria, ser un renegado.
   
Kautsky ha caído en una situación particularmente ridícula, porque repite el argumento de Mártov ¡sin ver que Mártov apoya este argumento en otro que Kautsky no emplea! Mártov dice (y Kautsky lo repite) que Rusia no está todavía madura para el socialismo, de lo cual se deduce naturalmente que es aún temprano para convertir los Soviets, de órganos de lucha, en organizaciones de Estado (léase: lo oportuno es transformar los Soviets, con ayuda de los jefes mencheviques, en órganos de subordinación de los obreros a la burguesía imperialista). Ahora bien, Kautsky no puede decir abiertamente que Europa no está madura para el socialismo. En 1909, cuando aún no era un renegado, escribió que no había que tener miedo de una revolución prematura, que sería traidor quien renunciara a la revolución por miedo a la derrota. Kautsky no se atreve a retractarse francamente. Y resulta
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un absurdo que descubre por entero toda la necedad y la cobardía del pequeñoburgués: por una parte, Europa está madura para el socialismo y va a las batallas decisivas entre el trabajo y el capital; pero, por otra parte, la organización de combate (es decir, la organización que se está formando, desarrollando y afianzando en la lucha), la organización del proletariado, vanguardia, organizador y jefe de los oprimidos, ¡no se debe convertir en organización de Estado!
   
Desde el punto de vista práctico de la política, la idea de que los Soviets son necesarios como organización de combate, pero no deben convertirse en organizaciones de Estado, es todavía infinitamente más absurda que desde el punto de vista teórico. Incluso en tiempos de paz, sin situación revolucionaria, la lucha entre las masas obreras y los capitalistas, por ejemplo, la huelga de masas, origina en ambas partes formidable irritación, extremo ardor en el combate, constantes manifestaciones de la burguesía en el sentido de que ella es y quiere seguir siendo "el ama de su casa", etc. Y en tiempos de revolución, cuando la vida política está en efervescencia, una organización como los Soviets, que comprende a todos los obreros de todas las ramas de industria, y también a todos los soldados y a todos los campesinos pobres y trabajadores, es una organización que por sí misma, por la marcha del combate, por la simple "lógica" de la ofensiva y de la defensiva, llega necesariamente a plantear el problema en forma tajante. Querer tomar una posición neutra, "conciliar" al proletariado con la burguesía, es una necedad condenada a un fracaso lastimoso: esto fue lo que sucedió en Rusia con las prédicas de Mártov y otros mencheviques;
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esto es lo que inevitablemente sucederá en Alemania y en otros países si los Soviets se desarrollan bastante ampliamente, si llegan a unirse y a afianzarse. Decir a los Soviets que luchen, pero que no tomen todo el Poder del Estado en sus manos, que no se transformen en organizaciones de Estado, equivale a predicar la colaboración de clases y la "paz social" entre el proletariado y la burguesía. Es ridículo pensar siquiera que, en una lucha encarnizada, semejante posición pueda conducir a algo que no sea una vergonzosa derrota. El eterno destino de Kautsky es nadar entre dos aguas. Hace como si en teoría no estuviera de acuerdo en nada con los oportunistas, pero de hecho está de acuerdo con ellos, en todo lo esencial (o sea, en todo lo que concierne a la revolución), en la práctica.
   
El problema de la Asamblea Constituyente y de su disolución por los bolcheviques es la clave de todo el folleto de Kautsky. A él vuelve constantemente. Toda la obra del jefe ideológico de la II Internacional rebosa alusiones a que los bolcheviques "han suprimido la democracia" (véase más arriba una de las citas de Kautsky). El problema, en efecto, tiene interés e importancia, porque la relación entre democracia burguesa y democracia proletaria se plantea en él prácticamente ante la revolución. Veamos cómo lo analiza nuestro "teórico marxista".
   
Kautsky cita mis Tesis acerca de la Asamblea Constituyente, publicadas en Pravda del 26 de diciembre de 1917. Parece que no podía esperarse mejor prueba de seriedad por
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su parte, ya que aborda la cuestión con documentos en las manos. Pero veamos c ó m o cita Kautsky. No dice que las tesis eran 19, ni que en ellas se hablaba, tanto de la relación entre una república burguesa ordinaria con Asamblea Constituyente y la República de los Soviets, como de la historia de la divergencia entre la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado en nuestra revolución. Kautsky prescinde de todo esto y dice simplemente al lector que (entre estas tesis) "dos tienen particular importancia": una, que los eseristas se fraccionaron después de las elecciones a la Asamblea Constituyente, pero antes de reunirse ésta (no dice que esa tesis es la quinta); otra, que la República de los Soviets es en general una forma democrática superior a la Asamblea Constituyente (no dice que esa tesis es la tercera).
   
Y sólo de esa tercera tesis cita Kautsky por entero un fragmento, la afirmación siguiente:
   
"La República de los Soviets no es sólo una forma de tipo más elevado de instituciones democráticas (comparándola con la república burguesa ordinaria coronada por una Asamblea Constituyente), sino la única forma capaz de asegurar el tránsito menos doloroso* al socialismo" (Kautsky omite la palabra "ordinaria", y las palabras de introducción de la tesis: "Para la transición del régimen burgués al socialista, para la dictadura del proletariado").
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Después de esta cita, Kautsky exclama con magnífica ironía:
   
"Es de lamentar únicamente que llegasen a esa conclusión al encontrarse en minoría en la Asamblea Constituyente. Nadie había pedido antes la Asamblea Constituyente con mayor empeño que Lenin".
   
¡Asi, lo dice textualmente en la página 31 de su libro!
   
¡Una verdadera perla! ¡¡Sólo un sicofante al servicio de la burguesía puede falsear tanto los hechos, para dar al lector la impresión de que los discursos de los bolcheviques sobre un tipo superior de Estado son una invención, a la que sólo han recurrido después de haberse visto en minoria en la Asamblea Constituyente!! Una mentira tan vil sólo pudo decirla un canalla vendido a la burguesia, o, lo que es absolutamente igual, que se ha fiado de P. Axelrod y encubre a sus informadores.
   
Porque todo el mundo sabe que el mismo dia de mi llegada a Rusia, el 4 de abril de 1917, leí públicamente las tesis en que proclamaba la superioridad de un Estado del tipo de la Comuna sobre la república parlamentaria burguesa. Después lo he vuelto a manifestar repetidamente en la prensa, por ejemplo, en un folleto sobre los partidos políticos que se tradujo al inglés[18] y fue publicado en Norteamérica en enero de 1918, en el Evening Post [19] de Nueva York. Es más, la Conferencia del Partido Bolchevique, celebrada a fines de abril de 1917, adoptó una resolución diciendo que la república de proletarios y campesinos es superior a la república parlamentaria burguesa, que nuestro Partido no se conformaba con esta última y que el programa del Partido debia modificarse en este sentido.
   
¿Cómo calificar después de esto la ocurrencia de Kautsky, que afirma a los lectores alemanes que yo exigia con el mayor
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empeño la convocatoria de la Asamblea Constituyente y que sólo al quedar los bolcheviques en minoría dentro de ella empecé a "mancillar" el honor y la dignidad de esa Asamblea? ¿Cómo puede justificarse esta ocurrencia?[*] ¿No estaba Kautsky al corriente de los hechos? ¿Para qué, pues, se ha puesto a escribir sobre ellos? ¿Por qué no ha declarado lealmente: Yo, Kautsky, escribo apoyándome en datos de los mencheviques Stein, P. Axelrod y compañía? Con su pretensión de objetividad, quiere disimular su papel de criado de los mencheviques, a quienes la derrota ha puesto furiosos.
   
Pero esto no es más que el principio. Lo bueno viene después.
   
Admitamos que Kautsky no haya querido o no haya podido (¿?) recibir de sus informantes una traducción de las resoluciones de los bolcheviques y de sus declaraciones acerca de si les satisface la república democrática parlamentaria burguesa. Admitámoslo, aunque es inverosímil. Pero mis tesis del 26 de diciembre de 1917 las menciona abiertamente Kautsky en la pág. 30 de su libro.
   
¿Conoce Kautsky el texto completo de estas tesis, o conoce sólo lo que le han traducido los Stein, Axelrod y compañía? Kautsky cita la tercera tesis sobre la cuestión fundamental de si antes de las elecciones a la Asamblea Constituyente los bolcheviques comprendían y decían al pueblo que la República de los Soviets es superior a la república burguesa. P e r o K a u t s k y n o h a b l a d e l a s e g u n d a t e s i s.
   
Esta segunda tesis dice:
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"La socialdemocracia revolucionaria, que reclamaba la convocatoria de la Asamblea Constituyente, desde los primeros días de la revolución de 1917 subrayó en repetidas ocasiones que la República de los Soviets es una forma de democracia superior a la república burguesa ordinaria con su Asamblea Constituyente ". (La cursiva es mía.)
   
Para presentar a los bolcheviques como gente sin principios, como "oportunistas revolucionarios" (esta expresión se encuentra, no recuerdo con qué motivo, en un pasaje del libro de Kautsky), ¡el señor Kautsky ha ocultado a los lectores alemanes que las tesis hacen mención de "r e p e t i d a s " declaraciones!
   
Tales son los pobres, míseros y despreciables procedimientos a que recurre el señor Kautsky. De este modo se desentiende de la cuestión teórica.
   
¿Es o no verdad que la república parlamentaria democrático-burguesa es inferior a una república del tipo de la Comuna o de los Soviets? Este es el nudo de la cuestión pero Kautsky lo elude. Kautsky "ha olvidado" todo lo que Marx dice en su análisis de la Comuna de París. También "ha olvidado" la carta de Engels a Bebel del 28 de marzo de 1875, que expresa en forma bien evidente y comprensible la misma idea de Marx: "La Comuna no era ya un Estado en el sentido propio de la palabra".
   
Y ahí tenéis al teórico más eminente de la II Internacional que, en un folleto especial sobre La dictadura del proletariado, al tratar en particular de Rusia, donde se ha planteado muchas veces y sin ambages el problema de una forma de Estado superior a la república democrático-burguesa, pasa por alto esta cuestión. ¿En qué se diferencia esto, de hecho, del paso al lado de la burguesía?
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(Observemos entre paréntesis que también en esto se arrastra Kautsky a la cola de los mencheviques rusos. Entre ellos sobran gentes que se saben "todas las citas" de Marx y Engels; pero ni un solo menchevique, de abril a octubre de 1917 y de octubre de 1917 a octubre de 1918, ha tratado una sola vez de analizar el problema de un Estado del tipo de la Comuna. Plejánov lo ha eludido también. Por lo visto, han tenido que callarse.)
   
Claro que hablar de la disolución de la Asamblea Constituyente con gentes que se llaman socialistas y marxistas, pero que en realidad, en lo esencial, en el problema de un Estado del tipo de la Comuna, se pasan a la burguesía, sería echar margaritas a puercos. Bastará imprimir como anexo de este folleto mis tesis completas sobre la Asamblea Constituyente. Por ellas verá el lector que la cuestión se planteó el 26 de diciembre de 1917 desde el punto de vista teórico, histórico y en el terreno práctico de la política.
   
Aunque Kautsky, como teórico, ha renegado por completo del marxismo, hubiera podido analizar como historiador la lucha de los Soviets contra ]a Asamblea Constituyente. Muchos de sus trabajos nos dicen que Kautsky sabía ser historiador marxista, y esos trabajos quedarán como patrimonio perdurable del proletariado, a pesar de haberles seguido la apostasía de su autor. Pero en este punto Kautsky, también como historiador, se vuelve de espaldas a la verdad, cierra los ojos ante hechos universalmente notorios, se conduce como un sicofante. Quiere presentar a los bolcheviques como gentes sin principios y relata cómo intentaron atenuar su conflicto con la Constituyente antes de disolverla. No hay absolutamente nada malo en ello, de nada tenemos que desdecirnos. Las tesis las publico por entero, y en ellas digo con la claridad del día: Señores pequeñoburgueses vacilantes
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que os habéis atrincherado en la Asamblea Constituyente: aceptad la dictadura del proletariado o triunfaremos sobre vosotros "por vía revolucionaria" (tesis 18 y 19).
   
Así es como ha procedido y procederá siempre el proletariado verdaderamente revolucionario con respecto a la pequeña burguesía vacilante.
   
Kautsky adopta en la cuestión de la Asamblea Constituyente una posición formalista. En mis tesis he dicho clara y repetidamente que los intereses de la revolución están por encima de los derechos formales de la Asamblea Constituyente (véase las tesis 16 y 17). El punto de vista democrático formal es precisamente el del demócrata burgués, que no admite la supremacía de los intereses del proletariado y de la lucha proletaria de clase. Kautsky, como historiador, no hubiera podido menos de reconocer que los parlamentos bur gueses son órganos de una u otra clase. Pero ahora (para su inmunda labor de repudiar la revolución), Kautsky ha tenido que olvidar el marxismo, y no se pregunta de qué clase era órgano la Asamblea Constituyente en Rusia. No analiza las circunstancias concretas, no quiere ver los hechos, nada dice a los lectores alemanes de que mis tesis exponen, no sólo un estudio teórico de la insuficiencia de la democracia burguesa (tesis I-3), no sólo las condiciones concretas, en virtud de las cuales las listas de los partidos, compuestas a mediados de octubre de 1917, no respondían a la realidad en diciembre de 1917 (tesis 4-6), sino también la historia de la lucha de clases y de la guerra civil de octubre a diciembre de 1917 (tesis 7-15). De esta historia concreta dedujimos (tesis 14) que la consigna de "Todo el Poder a la Asamblea Constituyente" se había convertido de hecho en la consigna de los demócratas constitucionalistas, kaledinistas y sus cómplices.
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El historiador Kautsky no lo ve. El historiador Kautsky no ha oído decir jamás que el sufragio universal da lugar a veces a parlamentos pequeñoburgueses y a veces a parlamentos reaccionarios y contrarrevolucionarios. Kautsky, historiador marxista, no ha oído decir que una cosa es la forma de las elecciones, la forma de la democracia, y otra el contenido de clase de una institución determinada. Este problema del contenido de clase de la Asamblea Constituyente está claramente planteado y resuelto en mis Tesis. Puede ser que mi solución no sea justa. Nada nos agradaría tanto como una crítica marxista de nuestro análisis. En lugar de escribir frases absolutamente necias (hay muchas en Kautsky) acerca de que hay quien impide criticar el bolchevismo, Kautsky hubiera debido realizar esta crítica. Pero el asunto es que la crítica brilla en él por su ausencia. Ni siquiera plantea el problema de un análisis de los Soviets por una parte y de la Constituyente por otra desde el punto de vista de clase. Y por ello es imposible discutir con Kautsky, y sólo cabe demostrar a los lectores por qué no puede dársele otro nombre que el de renegado.
   
La divergencia entre los Soviets y la Asamblea Constituyente tiene su historia, que no podría dejar de lado el historiador, aun cuando no se colocara en el punto de vista de la lucha de clases. Tampoco ha querido Kautsky tocar esta historia de los hechos. Ha ocultado a los lectores alemanes el hecho universalmente notorio (que ahora sólo ocultan los mencheviques empedernidos) de que los Soviets, también bajo la dominación menchevique, es decir, desde fines de febrero hasta octubre de 1917, divergían con las instituciones "generales del Estado" (es decir, burguesas). En el fondo, Kautsky adopta una actitud de conciliación, de conformismo, de colaboración entre el proletariado y la burguesía;
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por mucho que Kautsky lo niegue, este punto de vista es un hecho que confirma todo su folleto. No había que disolver la Asamblea Constituyente, es decir, no había que llevar hasta el final la lucha contra la burguesía, no había que derribarla; el proletariado hubiera debido conciliarse con la burguesía.
   
¿Por qué no dice Kautsky que los mencheviques se dedicaron a esta labor poco honrosa de febrero a octubre de 1917 y no consiguieron nada? Si era posible conciliar a la burguesía con el proletariado, ¿por qué no se consiguió la conciliación bajo el dominio menchevique, por qué se mantenía la burguesía apartada de los Soviets y se decía (lo decían los mencheviques ) que los Soviets eran la "democracia revolucionaria" y la burguesía los "elementos censatarios"?
   
Kautsky oculta a los lectores alemanes que los mencheviques, en la "época" de su dominio (febrero a octubre de 1917), calificaban a los Soviets de democracia revolucionaria, reconociendo así su superioridad sobre todas las demás instituciones. Sólo a esta omisión voluntaria se debe que, tal como lo presenta el historiador Kautsky, la divergencia entre los Soviets y la burguesía sea algo sin historia, que se ha producido de la noche a la mañana, inopinadamente, sin motivos, a causa de la mala conducta de los bolcheviques. En realidad, más de medio año (lapso de tiempo inmenso para una revolución) de experiencia de conformismo menchevique, de tentativas de conciliar al proletariado con la burguesía, es lo que convenció al pueblo de la inutilidad de estas tentativas, lo que apartó al proletariado de los mencheviques.
   
Los Soviets son una magnífica organización de combate del proletariado, con un gran porvenir, reconoce Kautsky. Pero si es así, toda la posición de Kautsky se desmorona como un castillo de naipes o como la ilusión pequeñoburguesa de que se puede evitar la encarnizada lucha entre el proletaria-
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do y la burguesía. Porque la revolución toda, no es más que una lucha continua, y además desesperada, y el proletariado es la clase de vanguardia de todos los oprimidos, el foco y el centro de todas las aspiraciones de todos los oprimidos a su emancipación. Los Soviets -- órgano de lucha de las masas oprimidas -- reflejaban y traducían, como es natural, el sentir y los cambios de opinión de esas masas incomparablemente más de prisa, más completa y fielmente que hubiera podido hacerlo cualquiera otra institución (ésta es, por cierto, una de las razones de que la democracia soviética sea un tipo superior de democracia).
   
Del 28 de febrero (calendario antiguo) al 25 de octubre de 1917, los Soviets consiguieron convocar dos Congresos de toda Rusia con representantes de la inmensa mayoría de la población del país, de todos los obreros y soldados y de siete u ocho décimas partes de los campesinos, sin contar un sin-número de congresos locales, de distrito, urbanos, provinciales y regionales. Durante este período, la burguesía no pudo reunir ni una sola institución que representara una mayoría (excepción hecha de la "Conferencia Democrática", manifiestamente falsificada, que era una mofa y que suscitó la cólera del proletariado). La Asamblea Constituyente reflejó el mismo sentir de las masas, el mismo agrupamiento político que en el primer Congreso de los Soviets de toda Rusia (Congreso de junio). En el momento de reunirse la Asamblea Constituyente (enero de 1918) se habían celebrado el segundo Congreso de los Soviets (octubre de 1917) y el tercero (enero de 1918); los dos demostraron bien claramente que las masas se habían radicalizado, que eran más revolucionarias, que habían vuelto la espalda a mencheviques y eseristas, que habían pasado al lado de los bolcheviques, es decir, que repudiaban la dirección pequeñoburguesa, la ilusión de un acuerdo
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con la burguesía, y optaban por la lucha revolucionaria del proletariado para derribar a la burguesía.
   
Por consiguiente, la sola historia externa de los Soviets demuestra ya lo inevitable de la disolución de la Asamblea Constituyente y el carácter reaccionario de ésta. Pero Kautsky se aferra a su "consigna": ¡perezca la revolución, triunfe la burguesía sobre el proletariado, pero florezca la "democracia pura"! ¡Fiat justitia, pereat mundus! [*]
   
He aquí un breve resumen de los congresos de los Soviets de toda Rusia en la historia de la revolución rusa:
Congresos de los Soviets
Total de
Número de
% de bol-
Primero (3. VI. 1917) . . .
790
103
13%    
Basta lanzar una ojeada a estas cifras para comprender que no despierten en nosotros más que la risa los argumentos en favor de la Asamblea Constituyente o los discursos de quienes (como Kautsky) dicen que los bolcheviques no representan la mayoría de la población.
UN ADOCENADO LIBERAL
La expresión 'dictadura del proletariado', es decir, no la dictadura de una persona, sino de una clase, excluye ya la hipótesis de que Marx, al utilizarla, entendiera literalmente la palabra dictadura.
No se referia en este caso a una forma de gobierno, sino a una situación que necesariamente habrá de producirse en todas partes donde el prole tariado conquiste el Poder politico. El hecho de que Marx mantuviera el punto de vista de que en Inglaterra y en Norteamérica la transición puede efectuarse pacificamente, es decir, por via democrática, demuestra ya que aquí no se refería a las formas de gobierno" (pág. 20).
Y DEMOCRACIA PROLETARIA
EL EXPLOTADOR Y EL EXPLOTADO?
EN ORGANIZACIONES ESTATALES
Pero ¿podemos exigir más a los Soviets? Los bolcheviques, que después de la revolución de noviembre (según el nuevo calendario, es decir, de octubre, según nuestro calendario) de 1917, juntamente con los socialistas revolucionarios de izquierda, conquistaron la mayoría en los Soviets de Diputados Obreros rusos, después de la disolución de la Asamblea Constituyente han convertido el Soviet, que hasta entonces había sido organización de combate de una clase en una organización estatal. Han suprimido la democracia, que el pueblo ruso había conquistado en la revolución de marzo (según el nuevo calendario, de febrero, según nuestro calendario). Consecuentemente, los bolcheviques han dejado de llamarse socialdemócratas. Se llaman comunistas" (pág. 33; la cursiva es de Kautsky).
Y LA REPUBLICA SOVIETICA
   
* Por cierto que Kautsky cita repetidas veces la expresión del tránsito "menos doloroso", por lo visto con pretensiones de ironía. Pero como recurre a malas artes, algunas páginas más adelante, con mala fe, cita falseando: ¡paso "sin dolor"! Claro que con semejante sistema es fácil atribuir al adversario una insensatez. Esta falsificación permite, además desentenderse del fondo del argumento: el transito menos doloroso al socialismo sólo es posible con la organización total de los pobres (los Soviets) y con la ayuda del Poder estatal central (el proletariado) a tal organización.
   
* A propósito: ¡hay muchos de estos embustes mencheviques en el folleto de Kautsky! Es un libelo de un menchevique enfurecido.
de toda Rusia
delegados
bolcheviques
cheviques
Segundo (25. X. 1917) . . .
Tercero (10. I. 1918) . . .
Cuarto (14. III. 1918) . . .
Quinto (4. VII. 1918) . . .
675
710
1,232
1,164
343
434
795
773
51%
61%
64%
66%